martes, 8 de noviembre de 2011

El banquero presidente

Aún con la resaca de los resultados del debate electoral, publicados a todo color en las portadas de todos los diarios y francamente decepcionados por el partidismo que nuestra prensa demuestra, procuramos seguir nuestro camino fijando nuestra mirada en otras noticias, aunque por los ríos de tinta que ésta acarrea, parece que el mundo se paró anoche delante de un televisor.
A pesar de que ambos debatientes pasaron de puntillas por el tema de las relaciones internacionales y en concreto de las nuestras con Europa, la convulsa situación que atraviesa nuestro continente sigue dando titulares de extrema importancia, cuyos contenidos pueden, incluso, pasar desapercibido en las páginas de los diarios y sin embargo, resultar decisivos para el futuro que nos aguarda.
La macro crisis griega, que tantos quebraderos de cabeza está dando a los socios europeos y cuya resolución tiene visos de haberse iniciado con la marcha de Papandreu y la idea de un gobierno de concentración nacional, pone ahora en primera línea de fuego la dificultad de encontrar un presidente que se atreva a torear la horrible decadencia del país y contente a la vez, a todos los grupos que conforman su arco político en el parlamento.
Si sólo se tratase de debatir sobre el hombre adecuado para tal fin, el problema sería de índole interna y correspondería únicamente a los griegos conseguir un acuerdo satisfactorio para ellos, en esta cuestión.
Pero empieza a sonar con insistencia el nombre de Lukas Papademos para el puesto y es de ley indagar la procedencia de este personaje, en cuyas manos estaría no sólo el gobierno de su nación, sino también las consecuencias que de su gestión se proyectase sobre otros países enfermos de gravedad, como el nuestro, sin ir más lejos.
Conviene aclarar a la mayor brevedad que Lukas Papademos ocupó la vicepresidencia del banco central europeo y que proviene, por tanto, del mismo centro de uno de los organismos económicos más relevantes a nivel mundial, cuya posición durante el periodo de crisis, nunca se ha caracterizado precisamente, por entender los problemas de los humildes.
Si como se prevé un banquero acaba por sentarse en el sillón de mando dl estado griego, el precedente podría desatar una cadena de reacciones entre sus compañeros de profesión, ávidos de poder y de insaciable avaricia, abriendo un camino hacia la consolidación de una tiranía económica legalmente constituida, que en ningún caso permitiría ningún avance social que pudiera mermar un ápice su sed de beneficios.
La intrusión de los banqueros en los parlamentos podría cambiar el curso de la historia de manera nefasta y enterrar para siempre cualquier posibilidad de vida digna para los ciudadanos de cualquier país.
Por desgracia, ya vemos a diario cuál es el comportamiento de la banca en relación a los problemas que padecemos y a todos nos vienen a la mente las imágenes lamentables de la multitud de desahucios sufridos por las clases populares, en total desamparo, ante sus implacables leyes.
La gravedad de esta noticia, anulada por el brillo multicolor del debate televisivo de ayer, merece un análisis más profundo que el que se está haciendo de ella, en nuestros manipulados medios de comunicación.
A mí, me intranquiliza sobremanera que llegue a ser realidad y por nuestro bien espero, que un ramalazo de cordura inspire a los políticos griegos, antes de permitir que su nación caiga en manos de estos especuladores sin escrúpulos.

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