jueves, 17 de noviembre de 2011

El camino del poder

Condenados a la exclusividad de las noticias económicas, los medios de comunicación europeos andan enfrascados hasta las cejas teniendo que familiarizarse con términos, hasta ahora desconocidos, por la mayoría de sus cronistas.
La triste actualidad cotidiana, nos sacude cada mañana con noticias peores que las del día anterior y ni siquiera nos ofrece el sosiego del descanso nocturno, ya que el mercado de valores no conoce reposo y hay que estar absolutamente pendiente de su evolución, ante la posibilidad de que en cualquier momento se produzca un crac y un nuevo país caiga en la desgracia de tener que ser rescatado.
A los legos en estas materias, nos cuesta trabajo asumir que se llame rescate a un préstamo con intereses usureros que no puede hacer otra cosa, más que sumergir a las naciones en un abismo aún más profundo, del que probablemente no puedan volver a salir.
En este orden de cosas, nuestra prima de riesgo se ha vuelto a disparar, acercándose peligrosamente al número 500, poniéndose casi a la altura de la italiana y sobrepasando con creces la cifra alcanzada por Grecia cuando necesitó del rescate.
Se ha acojonado Rajoy al comprender que su cantada victoria no influye siquiera un poquito, en mejorar nuestra desastrosa situación y se ha atrevido a rebelarse, solo un poco, contra la costumbre que se va asentando en Europa de prescindir de las urnas, para asentar en la presidencia de los gobiernos a los banqueros retirados, no sea que al final no pueda sentarse en la Moncloa, con lo que le ha costado llegar a la posibilidad de hacerlo.
Pero habrá de aceptar los designios del capital, del mismo modo que antes lo hicieron los cinco millones de parados del país, los pensionistas, los funcionarios, los trabajadores y todos aquellos que nos vemos obligados a caminar por esa cuerda floja que no conocen los políticos, pero que a veces, también se extiende debajo de sus pies.
No esperaba él tan amarga victoria, ni contaba con el disgusto de tener que comprobar en carne propia que al final, tampoco pertenece a la clase privilegiada que gobierna el mundo, pero como decimos los izquierdosos que tanto detesta, el dinero no tiene corazón y no se compadece de las penurias de los más pequeños.
Todo esto habrá dado un subidón a su adversario político, que estará frotándose las manos en algún autobús por los caminos de España, regocijándose al contemplar que de nada han servido a la derecha española sus presunciones chulescas desde los púlpitos mitineros y que hasta puede que con un poco de suerte, la gente se replantee el voto apelando al conocido refrán de que más vale malo conocido, que bueno por conocer.
Pero para los que manejan el cotarro de verdad, es indiferente el resultado de nuestras elecciones y no cambia el rumbo establecido desde las alturas, quién de estos dos acabe detentando el título de presidente, ya que éste no es más que un apelativo honorario, viendo la evolución que lleva el camino predeterminado que para nosotros han trazado con antelación los que gobiernan nuestras vidas.
Así que sea quien sea el ganador, no le quedará otro remedio que seguir los mandatos de los poderosos, porque ninguno de los dos apunta maneras de contestatario, ni está interesado en abandonar una unión europea, que acabará firmando nuestra sentencia de muerte, movida por la avaricia que la corrompe.
Mañana, no quedará otro remedio que seguir comentando la evolución de la economía, si queremos mantenernos en la brecha de la rabiosa actualidad, y probablemente, las noticias no sean nada halagüeñas, tal y como tampoco hoy lo han sido las que acabo de referir. Cosas del Dios Dinero, ya saben.

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