miércoles, 7 de abril de 2010

Poder e ideología

La clase política que nos representa se está cubriendo de gloria. Indiferentes a los gravísimos problemas del país, acaparan titulares formando parte de interminables tramas de corrupción y acusaciones mutuas que el ciudadano mira ,como una pelota de tenis, pasar de un campo a otro sin que se resuelva el litigio.
Atrás quedaron los tiempos del liderazgo en que los enfrentamientos se dirigían con elegancia y lo primordial era el bién común independientemente de quien ostentara el cetro del gobierno.
Esta actitud, que ha generado un desencanto casi irrecuperable en los votantes, que nos lleva a la desconfianza y el recelo empujándonos seguramente, a una abstención mayoritaria, viene dada sin el menor género de dudas por la falta de ideología.
El ser humano ha de tener entidad própia en todos los ámbitos de su vida y decantarse por un pensamiento unilateral que será guía de su existencia y pilar sobre el que asienten sus creencias.
Hacer de la política solo un medio para la obtención de poder y enriquecimiento personal es una traición imperdonable que no debiera ser consentida.
Es de ley luchar por convencer a otros de nuestro pensamiento e intentar llevar a término aquello que representeamos sin que nada pueda hacer dudar del camino del que venimos. Andar por una cuerda floja en la que no se distingue una ideología de otra no es más que un instrumento para aumentar la confusión de quienes no exigen otra cosa más que una mínima lealtad a unos principios irrenunciables.
Pero no cuenta el ciudadano con los medios para ser oído. Poder demandar a los partidos por incumplimiento de promesas electorales sería un primer paso. La exigencia de la devolución de los caudales robados en los delitos de corrupción como condición indispendsable para salir de prisión, contribuiría muy mucho a disuadir a quienes los cometen amparados en esta horrible impunidad.
Si nuestros representantes no hubieran asesinado su ideología en aras del poder, legislarían más cerca de la honradez y la dignidad que ahora nos parecen inalcanzables. Hubo un tiempo, en que todos creímos en ellos y luchamos sin diferencias partidistas porque esta Democracia fuera posible creyendo ver en élla la mejor solución para participar en los problemas de Estado sin desdoro de nadie.
Quizá convendría volver atrás para replantearse muy seriamente cúantos de nuestros políticos merecen ser imagen de la ideología de la que dicen proceder, cúantos saben siquiera los principios que plantea esa ideología en sus orígenes y cúantos estarían dispuestos a defenderla , incluso renunciandon a su cargo, si se advirtiera un abandono flagrante de esos principios en cuestión.
Pero eso no pasará. Y la izquierda y la derecha acabarán confluyendo en una maraña sin distinción en la que uno ya no sabrá a qué atenerse.
Qué tristeza, tánta lucha para esto...

No hay comentarios:

Publicar un comentario