domingo, 4 de abril de 2010

Idolos de barro

Verdaderamente, si los juzgados están colapsados puede ser en grán medida, por la cantidad de demandas que se mueven en el mal llamado mundo del corazón.
Está de moda reunirse delante del televisor para mirar como una interminable lista de semianalfabetos arrabaleros airean sus intimidades vociferando los unos frente a los otros sin una brizna de pudor o recato.
Llevan detrás de sí por las calles a una cohorte de denodados reporteros que los acosan preguntándoles sobre sus relaciones, vigilan sus casas y registran sus basuras físicas y humanas para después llenar páginas de revistas con noticias tan trascendentales como que van de compras a las grandes superficies o que tuvieron una discusión con un amigo en una cafetería del centro de Madrid.
Debe ser deprimente pasarse cinco años en una Facultad para no tener otro horizonte en la vida más que escribir sobre las miserias humanas de unos indocumentados que hacen de la vagancia una profesión muy rentable y de la obscenidad un deseo para las generaciones venideras.
Animados por una serie de pseudo periodistas (algunos de cierta categoría profesional), van arrasando en su camino todo atisbo de dignidad para adentrarse en un tunel oscuro que cada vez está más cerca de convertirse en un conflicto ético sin que nadie ponga fin a sus tropelías o su descaro.
Duele ver que mantienen absortos a sus seguidores dando pié a que los temas de conversación en las calles y las tertulias se centren más en éllos que en los problemas reales del país y que su caché esté más alto que el de los premios nobel, por ejemplo.
Que a diario haya que cerrar revistas y periódicos serios para que se abran nuevos libelos de esta prensa que denigra su nombre, es tristemente una realidad manifiesta.
Pudiera tener fin si los jóvenes sintieran un interés real por el mundo que de verdad les espera, pero desafortunadamente- y se ve en el nivel de las aulas- las aspiraciones de los que nos siguen están muy lejos de la cultura y el conocimienmto. Está claro que para éllos, éste es un camino fácil de enriquecimiento y por lo tanto, admiran su actitud y les conocen por encima de los líderes políticos o los escritores e incluso les gustaría ser como éllos.
Triste perspectiva nos aguarda cuando hay un desinterés creciente por los asuntos del Estado y los programas serios de televisión se caen de las pantallas por falta de audiencia.
Yo quisiera romper una lanza en favor de la honestidad de nusetros periodistas y hacer un llamamiento al respeto por esta profesión que fue concebida para informar en la verdad, de los acontecimientos importantes que acaecen en una vida que de rosa, tiene bién poco.
Y también quisiera apelar a los lectores para que no contribuyan a este circo mediático de maleantes, de ídolos de barro vestidos de Armani, dándoles posibilidad de que nutran sus arcas sin oficio ni beneficio.
Pero...¿qué se puede esperar de un país cuyo referente cultural es Belén Esteban?
Por supuesto, ni una salida de la crisis, ni un reconocimiento universal, ni un respeto para cualquier propuesta que venga de nosotros. Solo la risa triste que provoca este carnaval de personajes esperpénticos que harían muy bién en pararse de vez en cuando delante de algún libro a ver si se contagiaban un poco de lo escrito en sus páginas.

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