Las declaraciones de la Ministra de Agricultura, advirtiendo
severamente sobre el peligro que representan las urnas, en clara alusión a la
celebración del Referendum griego, deja
claro que tras la lucha que mantiene Bruselas contra Tsipras, subyace un miedo
ancestral a que las consultas a los ciudadanos puedan extenderse por otros países, causando unos efectos que
podrían ser fatales para los intereses de los poderosos.
Sus palabras, que bien podrían haber sido pronunciadas en los
años oscuros en que a los españoles se nos prohibía aún pronunciarnos sobre
nuestras preferencias políticas, suenan ahora como si se dudara de la capacidad
de decisión de la Sociedad en general y pisotean directamente los principios
fundamentales de cualquier democracia, como sugiriendo que tal vez sería mejor
para todos que solo existiera una Partido que se perpetuara en el poder, ya que
la celebración de elecciones siempre constituiría un riesgo.
La convocatoria de Tsipras, ha indignado enérgicamente a los
mandatarios de Bruselas y cómo no, a todos aquellos que han venido acatando
servilmente, cada una de sus exigencias. También al Gobierno de Rajoy, que
temeroso de lo que pueda ocurrir en las generales y muy particularmente del
ascenso vertiginoso de Podemos, quiere prever que en circunstancias similares a
las que se dan en la actualidad en Grecia, en nuestro país podría suceder
exactamente lo mismo que allí está ocurriendo, si Pablo Iglesias llegara a
gobernar alguna vez.
De hecho, no ha
tardado en Rajoy en establecer deshonrosas comparaciones entre Iglesias y
Tsipras, esforzándose en amenazar a los ciudadanos con negros augurios de
futuro, si es que osáramos depositar nuestra confianza en alguno de esos
Partidos que él considera radicales,
aunque la verdad es que cualquiera, comparado con la ideología del PP, podría
responder al significado que se adjudica a esa palabra.
La situación griega le ha regalado un balón de oxígeno a los
conservadores, tras la gravísima pérdida de votos sufrida en Municipales y
Generales, le ha ofrecido un bastón en el que apoyar cada uno de sus discursos
y le ha proporcionado una vía por la que escapar de tener que referirse a los
casos de corrupción que estrechan peligrosamente el círculo alrededor de sus
principales dirigentes.
Comenzando anticipadamente la campaña electoral, cualquier
momento es bueno para utilizar el problema griego como arma arrojadiza para
minar la voluntad de los electores y para amedrentarles con la posibilidad de
que aquí también podría llegar el corralito, si se rompiera definitivamente la
hegemonía del bipartidismo, hasta ahora vigente.
Buscando la estabilidad de los suyos en el poder, ni siquiera
le importa que su Ministra dude, ante los medios de comunicación, de la
necesidad de acudir a las urnas, como si convocar un Referendum desestabilizara
los mismos cimientos del sistema y la opinión de la sociedad no tuviera la
menor importancia en el desarrollo de las decisiones políticas que se toman en
un país, más que cuando secundan y aplauden las medidas que se aprueban en el corazón
de Bruselas.
Y da igual, si de manera tácita y por medio de la economía,
las naciones son sistemáticamente colonizadas y manejadas tiránicamente desde
Europa, a merced de las exigencias impuestas por los desconocidos que manipulan
en la sombra, el dinero, sin que importe perder la dignidad o la identidad,
siempre que la sumisión sea la nota que caracterice el futuro común que nos
condena a la más pura de las miserias.
Porque si Grecia sale de la Comunidad, uno de los negocios
más grandes que se han generado durante toda la historia de la humanidad, corre
el riesgo de sufrir una fisura por la que tal vez decidamos escapar, también,
otros muchos que, afortunadamente, no somos sugestionables por medio del miedo,
dando así por finalizada una época que para las mayorías, ha resultado ser, con
mucho, la peor que hemos vivido hasta ahora y de la que estamos deseando salir,
a cualquier precio.

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