No ha podido Merkel soportar la osadía de Tsipras al haber
convocado el Referendum y la manera de poner de manifiesto ese orgullo que
tanto gusta aniquilar en los demás, no es otra que imponer durísimas medidas
para la concesión de un tercer rescate, que de aplicarse, llevarán a Grecia a
un negro abismo del que nunca conseguirá salir.
No ha podido, estando como está en la cumbre del poder,
disimular la soberbia de someter a los díscolos griegos, poniendo claro quién
manda en Europa, por supuesto con la aquiescencia de sus dóciles socios
comunitarios, a los que nada importa perder la dignidad ni ceder de manera
encubierta, la soberanía de sus respectivos países.
No le ha quedado a Tsipras, debido a su espantosa soledad,
otro remedio que aceptar, en principio, las exigencias que le imponen los
dueños del dinero y muy en particular la lideresa alemana, deseosa de vengar el
agravio recibido por parte del griego, exactamente igual que si acabara de
ganar una guerra en la que el enemigo ha tardado demasiado tiempo en rendirse y
al que hay que dejar claro quién es el vencedor, para que no lo olvide nunca.
De nada ha servido el intento de Holland, a quién más hubiera
valido, si verdaderamente es, como dice, socialista, posicionarse del lado
griego y negarse con rotundidad a la exigencia de las nuevas medidas, del todo
insoportables, que propone la alemana.
La difícil papeleta que Tsipras tiene por delante, hace
presagiar la convocatoria inminente de nuevas elecciones, aunque las medidas
han de ser todavía aprobadas por un Parlamento, que aún podría decantarse, en
contra de toda previsión, por salir de la zona
euro.
Ha tenido la mala suerte el Primer Ministro heleno, de no
contar en su peor momento, con gobiernos ideológicamente próximos establecidos
en otras Naciones, porque de haber ocurrido el suceso después de la celebración
de las elecciones Generales en España, al menos, podría haber recibido el apoyo
del que sin duda será el nuevo Ejecutivo y que con toda probabilidad, estará en
gran parte, formado por miembros de Podemos.
Mucho nos convendría a nosotros y a los ciudadanos de otros
países europeos, tener en cuenta la posición adoptada por Merkel en la
resolución de este conflicto y tomar nota de lo que nos podría suceder, si alguna
vez llegáramos a estar en la situación que está Grecia.
No cabe la pasividad y ha de ser para todos nosotros
imprescindible, gritar la solidaridad que sentimos hacia los griegos y la
repugnancia que nos provoca el hecho de pertenecer a una Europa, capaz de
comportarse así precisamente con los más débiles.
No me cabe la menor duda de que si todos fuéramos consultados
sobre si queremos seguir formando parte de esta Comunidad tiránica y violenta,
votaríamos mayoritariamente NO y al igual que los griegos, preferiríamos
conservar nuestra identidad y no tener que adoptar obligatoriamente, la que nos
imponen nuestros invasores.

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