lunes, 27 de julio de 2015

A cara descubierta


Lo peor de todas estas tramas de corrupción que están apareciendo a diario, no está sólo en la cantidad de capitales que se ha sustraído a los españoles a través de ellas, sino en la amarga sensación de que una multitud de nuestros representantes políticos ni siquiera poseían los mínimos valores fundamentales que se necesitan tener, para alcanzar la categoría de persona.
Los comentarios provenientes de las conversaciones telefónicas que estos individuos han venido manteniendo entre ellos, mientras saqueaban las arcas del País, dan una idea de la catadura moral que toda esta suerte de arribistas, sin ideología, sin pundonor y sin vergüenza poseen y no se explica cómo nadie, desde la dirección de sus Partidos, no ha investigado  sobre su antiguo proceder, antes de colocarles en las listas que les permitían acceder a un puesto de responsabilidad, que después utilizaron para un enriquecimiento personal descarado y soez, perjudicando gravemente la  solvencia de todo el Estado.
No hay más que oír atentamente los diálogos que intercambiaban, el tono  siempre rayano en la grosería con que se refieren en ellos a sus “benefactores” y el desprecio que demuestran hacia las obligaciones propias de sus cargos, para comprender inmediatamente que con individuos así, no es de extrañar que hayamos caído en el pozo sin fondo del que tanto trabajo nos está costando salir y que nos ha colocado en una situación de emergencia que debemos, literalmente, a esta mafia encubierta que ha ocupado los sillones de las Instituciones.
En el caso del Partido Popular, que vuelve estos días a enfrentarse a nuevas investigaciones relacionadas con la trama Púnica, parece del todo imposible que todas estas atrocidades hayan venido sucediendo durante más de veinte años, sin que ninguno de los que han formado parte de los gobiernos de José María Áznar y ahora de Mariano Rajoy, se hayan percatado de las actividades de toda esta interminable lista de corruptos, que en muchísimas veces se movían en los círculos más cercanos a la Presidencia, como puede ser el caso de Bárcenas.
Parece evidente que estos círculos de corrupción, cercan cada vez más a la isla aparentemente “impoluta” de los órganos del poder, salpicándolos casi a diario con una sombra cada vez más grande de pura sospecha y que a pesar de alegar constantemente un  total desconocimiento de todos los hechos, la verdad trata de abrirse paso entre unas excusas que empiezan a sonar increíbles y que deterioran aún más, si cabe, la mala imagen que el pueblo tiene ya de estos dirigentes.
El hecho de que todas las investigaciones apunten además, a una financiación ilegal de Campañas Electorales, Congresos y Actos, celebrados en toda España, tampoco ayuda a que los populares consigan convencer de su inocencia a una población que en general, padece directamente los efectos de las medidas tomadas bajo su mandato, para gestionar esta crisis.
La coincidencia de esta serie de Celebraciones, de costo millonario, con la pérdida generalizada de poder adquisitivo que ha sufrido la Sociedad y con la supresión de tantos y tantos derechos sociales de los que disfrutábamos con anterioridad, no pueden, sino generar en nosotros, una profunda repugnancia difícil de olvidar, de cara a próximos Comicios.
Muchas explicaciones tendría que ofrecer el PP para conseguir convencernos de su tan cacareada inocencia, aunque a causa de la mayoría absoluta que consiguió, de momento, se está librando de tener que hacerlo.
La táctica de mirar a otro lado, el hecho de declarar ahora, con las generales encima, su sentimiento de vergüenza, ni cambia el curso de la negra historia que bajo su mandato hemos vivido, ni redime a los estafadores del bien público, ni logra borrar el hecho de que fueron sus militantes más predilectos.
La podredumbre de esta clase de políticos, que se ha instalado entre nosotros con el único objetivo de saquear al País, no nos deja otra alternativa más que la de apartarles a través de las urnas de nuestras vidas, desear que no vuelvan nunca y luchar para que la justicia funcione con dureza, haciéndoles pagar hasta el último de sus delitos y obligándoles a devolver, por supuesto, el inmenso capital que nos robaron, a cara descubierta y mofándose descaradamente de todos y cada uno de nosotros.



No hay comentarios:

Publicar un comentario