Si no fuera porque Rajoy y los suyos han decidido no irse de
vacaciones, para tratar de llegar a las Elecciones Generales habiendo cumplido,
al menos, alguna de las promesas que hicieron antes de llegar al poder, el
tedio del verano ya se hubiera adueñado de nosotros, propiciando una relajación
total, sobre todo en los asuntos que atañen al campo de la política.
Pero este año no se mueve nadie, sobre todo porque desconfían
de que lo que pudieran hacer los demás en su ausencia, bien pudiera restarles
un buen puñado de los ansiados votos que, según las encuestas, bailan de un
lado a otro sin ninguna lógica natural, pero que son necesarios si se quiere
alcanzar el poder, en solitario o en coalición con otros.
Tampoco pueden dormirse en los laureles, pues la actualidad
judicial que no cesa, continua desvelando a diario nuevos casos de corrupción o
simplemente, ahondando en los viejos, cuyo alcance resulta verdaderamente
difícil precisar, pues son telas de araña cuyo radio crece como la espuma,
afectando cada vez a más gente.
Toca ahora al ex Presidente de la Comunidad Valenciana, que
ayer, negando cuánto se le achacaba, renunció a la Presidencia del PP en su
Región, convirtiéndose así en otro de los pesos pesados de la Formación conservadora
que abandona el barco, justo cuando más se le necesita.
También la trama púnica sigue ofreciendo nuevos sobresaltos a
Rajoy que, no obstante, permanece en el cargo como si las corruptelas de su
gente nada tuvieran que ver con sus responsabilidades como número uno del
Partido y lo que ha llovido desde que llegó a la Moncloa, le hubiera sucedido a
otro Presidente.
Menos mal que los
españoles tomamos nota detallada de lo que acaece a nuestro alrededor e incluso encontrándonos
en destinos vacacionales, andamos pendientes de las noticias, al ser la
situación que atravesamos, tan sumamente delicada.
Tenemos muy presente y va a ser muy difícil que lo olvidemos,
que el montante manejado en las numerosísimas tramas de corrupción procede
directamente de nuestros bolsillos y que con él, se podrían haber remediado con
creces, muchos de los males que nos afectan, si quién Preside el Gobierno de la
Nación hubiera elegido mejor los representantes de su Partido, en cargos de
Instituciones y fundamentalmente, de Ayuntamientos.
Entretanto, Pablo Iglesias sale elegido como candidato a la
Presidencia por Podemos, en unas elecciones en las que ha votado muy poca
gente, tal vez, porque estamos en plena canícula.
Baja este Partido en las encuestas y sube Ciudadanos como la
espuma, demostrando que los españoles, por una mera cuestión de clasismo,
confían todavía más en las corbatas, que en las coletas.
Los meses que faltan hasta la campaña son, sin embargo,
cruciales, por lo que cuando acabe el Verano y todos retornemos a nuestros
lugares de origen, teniendo que volver a enfrentarnos con la crudísima realidad
cotidiana, ya veremos qué pasa, a quiénes votamos y si han funcionado o no, las
estrategias de los unos y de los otros.

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