El Tribunal Constitucional acaba de dar la razón a un
farmacéutico que se negó a dispensar la píldora del día después y que alegó
objeción de conciencia, al considerar de manera personal que dicho medicamento
podría ser abortivo.
La sentencia, sienta un precedente que bien podría afectar a
la venta de dicho fármaco, pero sobre todo, abre un encarnizado debate entre
los que opinan que la objeción ha de poder practicarse sin límites y los
defensores de que cuando se trata de temas peliagudos como éste, ha de ser la
ley la que marque los pasos a seguir, sin que ningún ciudadano pueda apartarse
de lo estipulado, por supuestos problemas de conciencia.
Dan la razón en este caso al farmacéutico, los miembros del
Tribunal Constitucional afines a la ideología conservadora, cuyo criterio se
impone, simplemente, porque son mayoría frente a los que se consideran
progresistas dentro de este Organismo y que han votado en contra.
El medicamento en cuestión, que ha sido analizado
rigurosamente por multitud de científicos de todo el mundo, es utilizado,
mayoritariamente, por jóvenes que tras
haber tenido relaciones sexuales sin protección, temen quedarse embarazadas,
sin que en ningún momento se les dispense como medio para abortar, sino más
bien, como anticonceptivo.
El tema, que ya levantó polvaredas cuando se aprobó durante
la época de Zapatero, continúa hoy de plena actualidad por considerarse
relacionado con el problema del aborto cuenta, desde el principio, con una
oposición frontal del PP, fuertemente anclado a los principios conservadores y
católicos que ven en la interrupción del embarazo, un atentado contra la vida.
En ese contexto, el voto de los miembros del Tribunal
Constitucional más afines a la ideología de la derecha, no podía sino dar la
razón a este supuesto objetor, que sin duda debe coincidir plenamente con el
pensamiento del Partido en el gobierno.
Y sin embargo, la sentencia ofrece a otros muchos, que hasta
ahora se veían obligados por ley a dispensar el medicamento, una nueva vía de
oposición, que sin duda, causará a las mujeres que se decidan a tomarlo, el
perjuicio de tener que visitar varias farmacias, hasta encontrar en la que
poder adquirirlo.
Ha primado aquí, el pensamiento del farmacéutico, por encima
del rigor científico, ya que ha quedado más que demostrado que el fármaco no se
prescribe para provocar el aborto, sino como una prevención más, ante un
posible riesgo de embarazo.
Si la objeción de conciencia puede ser a partir de ahora una
apuesta segura para todos aquellos que en algún momento se declaren en
desacuerdo con la ley, cualquiera podría ganar la partida, si se recurre a este
precedente.
Claro, que no hay mal que por bien no venga. Estaría bien que los jueces recurrieran a la objeción, por
ejemplo, cada vez que se ven obligados a firmar una orden de desahucio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario