miércoles, 8 de julio de 2015

Polémica sentencia


El Tribunal Constitucional acaba de dar la razón a un farmacéutico que se negó a dispensar la píldora del día después y que alegó objeción de conciencia, al considerar de manera personal que dicho medicamento podría ser abortivo.
La sentencia, sienta un precedente que bien podría afectar a la venta de dicho fármaco, pero sobre todo, abre un encarnizado debate entre los que opinan que la objeción ha de poder practicarse sin límites y los defensores de que cuando se trata de temas peliagudos como éste, ha de ser la ley la que marque los pasos a seguir, sin que ningún ciudadano pueda apartarse de lo estipulado, por supuestos problemas de conciencia.
Dan la razón en este caso al farmacéutico, los miembros del Tribunal Constitucional afines a la ideología conservadora, cuyo criterio se impone, simplemente, porque son mayoría frente a los que se consideran progresistas dentro de este Organismo y que han votado en contra.
El medicamento en cuestión, que ha sido analizado rigurosamente por multitud de científicos de todo el mundo, es utilizado, mayoritariamente, por jóvenes que  tras haber tenido relaciones sexuales sin protección, temen quedarse embarazadas, sin que en ningún momento se les dispense como medio para abortar, sino más bien, como anticonceptivo.
El tema, que ya levantó polvaredas cuando se aprobó durante la época de Zapatero, continúa hoy de plena actualidad por considerarse relacionado con el problema del aborto cuenta, desde el principio, con una oposición frontal del PP, fuertemente anclado a los principios conservadores y católicos que ven en la interrupción del embarazo, un atentado contra la vida.
En ese contexto, el voto de los miembros del Tribunal Constitucional más afines a la ideología de la derecha, no podía sino dar la razón a este supuesto objetor, que sin duda debe coincidir plenamente con el pensamiento del Partido en el gobierno.
Y sin embargo, la sentencia ofrece a otros muchos, que hasta ahora se veían obligados por ley a dispensar el medicamento, una nueva vía de oposición, que sin duda, causará a las mujeres que se decidan a tomarlo, el perjuicio de tener que visitar varias farmacias, hasta encontrar en la que poder adquirirlo.
Ha primado aquí, el pensamiento del farmacéutico, por encima del rigor científico, ya que ha quedado más que demostrado que el fármaco no se prescribe para provocar el aborto, sino como una prevención más, ante un posible riesgo de embarazo.
Si la objeción de conciencia puede ser a partir de ahora una apuesta segura para todos aquellos que en algún momento se declaren en desacuerdo con la ley, cualquiera podría ganar la partida, si se recurre a este precedente.

Claro, que no hay mal que por bien no venga. Estaría bien  que los jueces recurrieran a la objeción, por ejemplo, cada vez que se ven obligados a firmar una orden de desahucio.

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