Reinventa el pueblo griego el significado de la palabra
Democracia y vota masivamente en contra de someterse a las exigencias europeas,
escenificando la realidad de que más vale morir de pie que vivir de rodillas.
Votan los ciudadanos sin temor, olvidando la sumisión de
atender las nuevas exigencias de una Europa canalla, que impone tiránicamente
el poder de las cifras sobre las vidas de las personas y que creía, hasta
ahora, que sometiendo a las naciones por la estrategia del terror, conseguiría
llevarlas bajo su yugo, a los límites de una demencia sólo comprensible para
rentabilizar una política impuesta por medio de la violencia.
Votan, frenando en seco la hegemonía de los colonizadores de
países y conciencias, ahuyentando de sí los fantasmas de la miseria que
trajeron, con sus medidas de austeridad, los que perdiendo el honor,
consintieron en ser esclavos de la economía, traicionando de forma
imperdonable, el bienestar de su propio pueblo.
Votan, como no podía ser de otra manera, en libertad y
volviendo a sentir el orgullo antes arrebatado de pertenecer a un país,
denigrado por los acontecimientos de los últimos tiempos y cuya decisión,
volverá a marcar seguramente, el destino que aguarda en el futuro a todos los
demás, como ya ocurriera hace siglos, gracias a su grandeza.
Votan, ofreciendo una lección magistral a los politicastros
europeos, incapaces de marcar límites a la desenfrenada ambición de los dueños
de los mercados y que han consentido, aplaudido y vitoreado el sacrificio permanente
de una ciudadanía ejemplar, cuyo único pecado había sido votar a los Partidos
equivocados, en unos momentos tan difíciles.
Votan, abriendo horizontes de esperanza para los que
aguardamos el turno de acercarnos a las urnas para acompañarles con algo más
que con la solidaridad de nuestros corazones y marcando, para nosotros, un
camino a seguir, rompiendo las ataduras que nos han impuesto la pobreza y el
miedo.
Votan, destronando a la Europa permanentemente portadora de
pésimas noticias, dejando boquiabiertos, con su valentía, a los magnates de
Bruselas, que ya estaban dispuestos, de haber ganado el sí, a finiquitar su
obra de destrucción condenando a este mismo pueblo griego a un suicidio
colectivo sin remisión y a una deuda perpetua que nunca conseguiría devolver,
ni con todo el sudor de esta generación y las futuras.
Votan, convirtiendo con su apoyo a Tsipras en un héroe
nacional y escribiendo una página de la historia que los libros reflejarán en
el futuro, como el día en que los griegos decidieron apostar por la dignidad y
lo expresaron con voz clara, contundente e incontestable, despertando la admiración
de un mundo, que aprende así que también
se puede derrotar a las tiranías, siendo humilde y pequeño.
No le va a quedar a Europa otro remedio que ceder. Ignorar la
voluntad de los pueblos, suele, históricamente, hacer caer a todos los
imperios.

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