Llama poderosamente la atención que tras el triunfo de
Tsipras en el Referendum griego, ninguno de los que han llevado las
negociaciones por la parte europea haya presentado la dimisión y que continúen
en sus puestos, a pesar de su estrepitoso fracaso.
La sorpresa de que no haya funcionado la estrategia del miedo
y que el pueblo heleno haya votado finalmente, en conciencia, ha debido dejar
estupefactos a estos magnates que contaban con que sus propuestas fueran
aceptadas sin condiciones, tras el chantaje tácito que habían estado ejerciendo
estos días sobre los electores.
Van a tener, en vista de lo ocurrido, que improvisar con toda
celeridad una nueva estrategia, pues
expulsar a Grecia de la zona euro podría traer para ellos algunas
consecuencias no deseables, ya que si como parece, la cuna de la Democracia se
encuentra al mismo borde de la ruina, no le va a quedar otro remedio que
aceptar las ayudas que les brinden, por ejemplo, desde Rusia o China, que ya se
han ofrecido a colaborar con Tsipras, si lo solicitara en algún momento.
Pero este acercamiento no puede en modo alguno complacer a
Estados Unidos, que hasta ahora, al menos en apariencia, se ha mantenido al
margen de lo que ha venido sucediendo, pero que sin duda intervendrá, si intuye que Putin pudiera conseguir
alguna influencia en la zona estratégica que ocupa Grecia en el Mediterráneo.
Así que la jugada de Tsipras, que todos los afines a la
Comunidad han definido como insólita, no era definitivamente tan disparatada,
quizá porque ya contaba con la posible oposición americana a la amistad con
Rusia y por ello, ha sido capaz de mantener el pulso hasta las últimas
consecuencias, esperando que Obama sea capaz de frenar a Merkel, en caso de que
hiciera falta.
Que Europa conserve el
corralito en Grecia, constituye también una permanente medida de presión, que
tampoco servirá de nada, si Tsipras, como parece, se mantiene en sus trece,
sabiendo como sabe, que no solo depende ya de Bruselas, el desarrollo de estas
negociaciones.
Entretanto, el Presidente griego se ha grajeado la simpatía
de todos sus adversarios políticos, lo que hace que en este momento Grecia sea
un país unido al que será muy difícil derrotar, incluso teniendo en cuenta las
peripecias que los ciudadanos se están viendo obligados a vivir.
Sinceramente, pensamos
que a Europa no le queda otra opción que ceder y lo más probable es que incluso
haya de aceptar una quita que libre a Grecia del yugo férreo que Merkel se
niega a quitar de su cuello.
No se debe perder de vista lo que pueda ocurrir al otro lado
del Atlántico y jugar con la posibilidad de expulsar a Grecia de la zona euro,
no parece ser una solución que nadie contemple, por lo que tendría de
peligrosa.
Entretanto, es la sociedad helena la que sufre de manera
terrible la presión impuesta por sus acreedores, aunque ahora, parece dispuesta
a resistir cualquier eventualidad sin romper su unidad, después de la alegría
de haber mantenido la dignidad y su identidad como Estado.
Lo que ocurra los próximos días será crucial, no solo para el
futuro de esta gente, sino también para el nuestro.

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