Deben pensar en el PP que la voluntad de los españoles se
compra con unos cuantos regalos, ahora que se acercan las elecciones, como si
no quedara en nosotros memoria alguna de todo lo acaecido desde que llegaron al
poder, en Noviembre de 2011.
Alarmados por el fracaso de Municipales y Autonómicas y en
lugar de asumir que ha sido su durísima política de recortes y la altísima tasa
de corrupción lo que les ha hecho perder una ingente cantidad de votos, se
decantan ahora por la estrategia de abrir mínimamente la mano en temas como la
rebaja del IRPF, la anunciada bajada del
recibo de la luz o la promesa de devolver la paga extraordinaria a los
funcionarios, pensando que con esto bastará para que los mismos ciudadanos que
en Marzo dieron su confianza a otras fuerzas políticas, les concedan de nuevo
una amplia mayoría con la que poder gobernar a su antojo, durante los próximos
cuatro años.
Pero el fantasma del paro, los desahucios, las escandalosas
rebajas salariales y el deterioro de la Sanidad y la Enseñanza, amén de los
pérdida de derechos sociales y laborales que hemos sufrido mientras Rajoy se
enorgullecía vanamente de estar saneando España han ocurrido aquí y todos
sabemos y recordamos quiénes nos han
llevado hasta la situación que actualmente padecemos.
Desoír sistemáticamente la voz de los españoles e imponer
políticas de extrema austeridad mientras un gran número de altos cargos del PP
se veían y se ven a diario imputados en casos de corrupción, en los que se
manejan cifras de vértigo, le va a costar a Rajoy y los suyos tener que soportar las consecuencias de un
castigo ejemplar, que llegará irremediablemente en cuanto se celebren las
Generales, aunque mejore un poco el poder adquisitivo de esta Sociedad, mucho
más inteligente de lo que determinados políticos piensan.
Porque no hay tiempo para deshacer todo el daño infringido,
ni voluntad de perdonar por parte de los que sufrieron en carne propia que les
sobreviniera la miseria.
Continuamos anclados, a pesar de las ínfulas triunfalistas de
Rajoy y los suyos, en la etapa más difícil de cuántas conocimos y hemos perdido
a golpe de recortes, toda la candidez que nos caracterizaba a la hora de
confiar en la clase política.
Lo sucedido en Grecia, la intolerancia extrema de los que
mandan en Europa y la impagable lección que ha dado un pueblo que se ha negado
a perder su soberanía y su dignidad, acaban de demostrar que no siempre
funcionan las manidas estrategias de la presunción o del miedo.
Las promesas de Mariano Rajoy, ya todos sabemos que se las
lleva el viento y, francamente, no estaría bien vender ahora nuestra conciencia
por unas cuantas concesiones hechas de manera obligada ante la posibilidad de
perder del todo el poder, a solo unos meses de los próximos comicios.
España, por mucho que les pese a los conservadores, no va
nada bien y podría ir aun mucho peor, si los ciudadanos cometiéramos el
terrible error de permitir a Rajoy que gobernara otros cuatro años.
El cambio necesario, nunca podría venir de la mano de quiénes
pudiendo actuar de modo bien distinto, se plegaron a las exigencias de los
magnates europeos, siendo conscientes de que con sus actos, condenaban a este
País a un negro periodo de ruina, de duración inestimable.
Es por ello, que nunca olvidaremos la dureza de estos últimos
tiempos y por lo que nos afanaremos en procurar con todas nuestras fuerzas, que
cosas así no puedan volver a repetirse.
Rajoy no va a ganar las elecciones generales y habrá de
conformarse, si es quiere continuar después, con pertenecer a un Parlamento
bien distinto, en el que, afortunadamente, tendrán cabida muchas tendencias
nuevas, capaces de escribir, en el futuro, una Historia mejor para España.

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