martes, 30 de octubre de 2012

La Armada Invencible



De vez en cuando, los elementos se encargan de hacer un poco de justicia en el mundo y proyectan sus efectos devastadores sobre algún país super desarrollado, demostrando con su actuación, que de nada sirve la tecnología y la inversión desmesurada en armamento, cuando ruge la naturaleza.
Es verdad que lo que dejan estos fenómenos a su paso, no es comparable a lo que sucede cuando se trata de zonas del planeta a la cola de la pobreza y que los habitantes no sufren igual por ejemplo, en Haití, como hoy en Nueva York, pero al menos nos queda la tranquilidad de que en este caso del huracán Sandy, la recuperación de los destrozos, será resuelta del todo en poco tiempo , y no habrá que esperar años, a que la caridad de los demás, venga a resarcir a los afectados que han quedado en situación ruinosa, a causa del fenómeno atmosférico.
Naturalmente, también nos dan pena los habitantes neoyorquinos, pero su situación al pertenecer a la nación más poderosa de la tierra, es otra bien distinta de la de quienes aún se ven obligados a malvivir en reductos chabolistas y que no tienen ni para empezar a recuperar su anterior estado, que ya era de pobreza.
Consuela saber que a día de hoy, todavía no existe nadie todopoderoso, capaz de salir airoso de los avatares que se dan en la vida y que contra los ejércitos de la madre naturaleza, no hay Armada Invencible capaz de salvaguardar los intereses de los que gobiernan el mundo, a pesar de lo invertido en conseguirlo y de las malas artes practicadas, durante años, en lograr tal fin.
Y aunque no hay como estar preparados contra la adversidad, queda claro que el hombre sigue siendo demasiado pequeño en relación con el ambiente que lo acoge y que , a veces, no hace otra cosa que quejarse con contundencia del trato recibido, recordándole su superioridad y ofreciéndole una lección magistral de su poder, a ver si reacciona ante los hechos y aprende que el respeto y las buenas costumbres, son el mejor modo de mantener una relación equilibrada, entre quienes tienen que convivir a perpetuidad, los unos con los otros.
Veo en el blog que mis lectores neoyorkinos han debido quedar incomunicados y no pueden seguirme, como suele ser habitual desde que empecé a escribirlo, y no quiero que esta especie de crítica, pueda herir su susceptibilidad y hacerles pensar que su situación es motivo de alegría, para quien suscribe estas líneas.
Nada más lejos de mi voluntad que despreocuparme de su tragedia, pero habrán de coincidir conmigo, en que su desamparo es mucho menos que el de otros cientos de miles de personas, que a diario pasan por situaciones parecidas a estas, en otros lugares del mundo menos afortunados, en los que su sufrimiento, no es la incomodidad de quedarse sin metro unos días, o sin suministro eléctrico y telefónico, como en el caso que nos ocupa. Su sufrimiento es a perpetuidad y sus carencias serán, desgraciadamente, eternas.
Quizá ahora, que están conociendo de primera mano la magnitud de los sucesos, puedan detenerse a pensar en la angustia ajena y aumente la solidaridad con los desheredados de la tierra, que siguen esperando la consideración del primer mundo para con ellos, sin ninguna esperanza de futuro, abandonados en la indigencia.
La humanidad empieza por colocarse siempre en el lugar de los que tenemos enfrente y por entender que la primera obligación de los hombres es para con sus semejantes, sea cual fuere su lugar de procedencia, su estatus social o su creencia, porque no hay otro mundo que éste...y habrá que conservarlo.





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