miércoles, 24 de octubre de 2012
Fantasmas de uniforme
La dimisión de una diputada socialista, que había denunciado, junto a compañeros de otros partidos, la existencia de amenazas de corte militar sobre Cataluña, no ha hecho otra cosa que enmarañar aún más todo lo que acontece en esta Comunidad Autónoma y sacar del armario antiguos fantasmas de uniforme, que ya nos parecían lejanos en el tiempo.
Este grupo de políticos había alegado una presencia masiva de aviones caza sobre los cielos catalanes, justo desde que Artur Mas se atrevió a plantear la cuestión de la Independencia, lo que se ha interpretado como una forma de presión sobre la ciudadanía, que parece mayoritariamente apoyar, las teorías del líder de Convergencia y Unió.
A esto se unen las declaraciones de ciertos militares, que hace unos días se declaraban partidarios de una intervención del ejército en Cataluña, de producirse cualquier intento de secesión, por parte del gobierno autonómico que rige ahora los destinos de aquel territorio.
Los españoles, demasiado acostumbrados por desgracia, a levantamientos capitaneados por salvadores de la patria, acaban de quedarse estupefactos ante este inesperado giro de los acontecimientos y más de uno creerá que cuando el río suena, algún agua debe llevar, por mucho que se pretenda dar al suceso, sólo categoría de mera anécdota.
Ya hemos asistido en el pasado a varios episodios de infausto recuerdo, que podrían resumirse en la escena que protagonizó Tejero en el Congreso de los Diputados, pero que había tenido, con anterioridad, múltiples ensayos fallidos, por parte de otros compañeros de armas, y que no dejaban duda sobre las continuas conspiraciones que se preparaban, durante los primeros años de nuestra Democracia.
Pasado el tiempo, creíamos haber superado esta etapa y dejado clara una separación de poderes, en la que el lugar de las Fuerzas Armadas quedaba establecido siempre al lado del Gobierno democráticamente elegido en las urnas, pero las disidencias demostradas por determinados elementos, a colación del conflicto catalán, parecen demostrar que es difícil perder ciertas costumbres y vuelven a despertar en nosotros, profundos sentimientos de temor, no se sabe si con fundamento.
Dice el Partido Popular, que los diputados protagonistas de esta historia, deben pedir perdón al ejército por la acusación que contra él emiten, al dudar de su lealtad hacia la Constitución que nos gobierna. Pero nada dice el PP sobre las declaraciones de los militares que han encendido este fuego, ni se les sanciona, como debería hacerse, por su salida de tono, de tan mal gusto, en estos momentos.
Si se castiga sin embargo, a cincuenta manifestantes que salieron ayer a la calle en contra de los recortes de Rajoy, ya que parece ser que bajo el mandato conservador, la libertad de expresión de los ciudadanos, necesita un permiso. Y sin embargo, la opinión de quien pertenece a un estamento teóricamente neutral, es admitida como natural entre las filas del PP, a pesar de haber hecho alusión a una intervención armada, sobre una parte del territorio nacional, sin que se de importancia alguna a la diplomacia, tan útil en estos casos, y tan despreciada por los que sólo creen en la razón de la fuerza.
Inexplicablemente, la sociedad española no parece merecer en esta cuestión ningún tipo de explicaciones y ha de enterarse de lo que ocurre, como de casi todo lo demás, por algún medio de prensa valiente, que se atreve a relatarlo arriesgándose a ser sancionado, como parece ser la nueva costumbre promovida por el Gobierno.
Si hay o no ruido de sables, nunca lo sabremos. La política oscurantista del PP, empeñada en mantener al pueblo español en la más supina ignorancia, se encargará de filtrar lo que interese que conozcamos, reservando el resto de la información en lo que ya debe ser su archivo secreto y si algo llegase a pasar, ya nos enteraremos cuando se nos venga encima y no tenga remedio.
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