lunes, 15 de octubre de 2012

Manía persecutoria




Sufren los conservadores españoles, en esencia, una especie de manía persecutoria que les hace imaginar conspiraciones contra su partido, en todas partes.
No se sabe si es que piensan, erróneamente desde luego, que son el ombligo del mundo y que todo ha de girar necesariamente en torno a ellos, o les quedó un trauma de infancia ocasionado por la tenacidad de sus antecesores, en inculcar un miedo feroz a la ideología de la izquierda y no ha nacido aún psicólogo o psiquiatra capaz de hacerles superar ese temor ancestral que llevan cosido a las entrañas, y del que no logran deshacerse, por mucho que pase el tiempo.
No hay más que buscar en hemerotecas para corroborar esta tesis. Cada vez que se produce una protesta popular, en contra de alguna de las muchas y nefastas medidas que están adoptando desde que aterrizaron en el poder, aparece algún miembro del Gobierno Rajoy acusando a cualquiera que se encuentre en cualquier formación política que sobrepase un poco los límites de la derecha, de fomentar un levantamiento radical, con la única intención de provocar un derrocamiento, como si todos los simpatizantes de las otras fuerzas políticas llevaran dentro un golpista en potencia y vivieran sólo en función de autoproclamarse dictador de una república bananera, después de empujar a los populares, por supuesto, de manera violenta y tendenciosa.
Hoy ha tocado el turno a Wert, quien ha calificado la convocatoria de huelga que han promovido las Asociaciones de Padres de Alumnos y los estudiantes en sí, en contra de los recortes en Educación, como una “extravagancia izquierdosa”, a la que no hay que prestar la menor atención, por carecer de todo fundamento.
Después de querer españolizar a los estudiantes catalanes y ser severamente criticado por todos los estamentos del país, incluida la corona, esta perla de ahora, no hace otra cosa que añadir un poco más de “gloria”, a la dilatada trayectoria ultraderechista del fogoso Ministro.
Ya apuntaba maneras cuando participaba como tertuliano en varios programas de televisión y en la cadena Ser, a la que por cierto no despreciaba el montante económico que le ofrecía a cambio opinar siempre a favor del partido al que pertenece, pero desde que los efluvios del poder se apoderaron de su ego y la delicia de tener mando en plaza empezó a producir el regusto que debe dar la obediencia ciega de los subordinados, debió sufrir un repentino ataque de pura soberbia y empezó a creer estar en posesión de la verdad de manera infalible, a la vez que a temer los efectos de una revolución encubierta, minuciosamente preparada por los ciudadanos para apartarle del cargo, seguramente manipulados por las “hordas marxistas” ocultas en las cloacas, pero manipuladoras hasta extremos irracionales y terribles.
Esta claro que Wert no se ha molestado en ningún momento a bajar a las calles, ni ha querido escuchar a los numerosos grupos de personas que en varias ocasiones le abucheaban a la entrada de algún acto de inauguración a los que acudía, porque de haber hecho alguna de ambas cosas, y dada su natural inteligencia, se habría percatado que en ninguno de los actos de protesta se lucen banderas de ningún partido político y que los que acuden a ellos lo hacen, exclusivamente, por haber sido gravemente lesionados por alguno de los innumerables recortes adoptados por su gobierno, sin que exista el menor atisbo de animadversión personal y sí una enorme indignación contra el ejecutivo al que pertenece.
Muchas de estas personas votaron al Partido Popular en las últimas elecciones y acuden a las convocatorias sintiéndose literalmente estafadas, ninguneadas, manipuladas y agredidas en sus derechos y sus bolsillos, por la clase de política que ponen en práctica aquellos que les atrajeron hasta las urnas con promesas que nunca se cumplieron y que se han encargado minuciosamente de ir aniquilando su modo de vida, hasta llevarlos a la desesperada situación en que ahora se encuentran, a pesar de que nunca pertenecieron a formación política alguna y de que votaron como votaron, huyendo apresuradamente de lo que empezaba a hacerles, un supuesto partido de izquierdas.
Históricamente, además, nunca hubo tantos “rojos” en este país, ni coparon las izquierdas tantos colectivos profesionales como ahora el gobierno les atribuye. La interminable lista de manifestantes que a diario salen a la calle, lo demuestra; Médicos, enfermeras, profesores, alumnos, discapacitados, inmigrantes, mineros, transportistas, investigadores, comerciantes, agricultores y ganaderos, funcionarios, jubilados, dependientes físicos y psíquicos, mujeres maltratadas, interinos, amas de casa, desahuciados, empleados de la limpieza, abogados, actores, pescadores, militares, policías y bomberos, y un largo etcétera por enumerar y que podría culminar con los seis millones de parados que atiborran las colas del INEM, víctimas de la “Magnífica Reforma Laboral” que deben a este Partido Popular tan magnánimo.
Ministro Wert: si todas estas personas fueran siquiera simpatizantes de la izquierda radical, Lenin se levantaría de su tumba para felicitar a los comunistas españoles por su maravillosa labor de proselitismo y usted, indiscutiblemente, no viviría aquí, porque su ideología capitalista le habría llevado, sin duda, a otros derroteros, en los que poder practicar a sus anchas el catecismo ideológico y clasista que siempre ha movido a las derechas.
Hágase un favor: visite urgentemente a un psiquiatra que le cure de su gravísima manía persecutoria y si le va bien, recomiéndelo a sus compañeros de gobierno, También les hace mucha falta.



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