jueves, 25 de octubre de 2012

Asesinato en primer grado




La primera víctima de la crisis en España, naturalmente, no es un banquero. Es un vecino de Granada que a punto de ser desahuciado, se ha colgado de una viga, incapaz de superar la angustia de seguir viviendo con la carga de la ruina, que la crisis le ha traído a su casa.
Ha sido la suya una muerte anunciada, que más pronto que tarde tenía que ocurrir, en vista del cariz que están tomando los acontecimientos, e incluso resultaba extraño que alguna de las terribles historias que hay detrás de cada uno de los desalojos de viviendas, por parte de los bancos, no hubiera culminado así.
Por eso no importa su nombre, que podía ser cualquiera de los nuestros, o su edad o su historia, que podría ser la misma que la de cualquiera de los muchos españoles empujados a la miseria, por las medidas adoptadas por los gobiernos consentidores de este tipo de tremenda injusticia.
Pero si importa, y mucho, el trágico desenlace que viene a corroborar la angustia vital que nos está invadiendo a todos y la total indefensión en que nos encontramos, ante la insaciable voracidad de los organismos económicos y políticos.
Importa, porque el suyo, mas que un suicidio, es un asesinato en primer grado, cuyos culpables nunca comparecerán ante un juez, a pesar de su probada culpabilidad, en el desarrollo de los hechos.
Importa, la espantosa soledad que nos acompaña, sin que exista un propósito firme de defensa de la integridad de las personas por parte de los políticos, e importa la cadena de despropósitos que nos vienen acompañando desde que tenemos la mala suerte de perder el trabajo y se nos hace imposible atender nuestros compromisos hipotecarios y nos vemos al borde de la calle…y con la deuda.
Importa la falta de previsión legal y la dureza de unos jueces, que ya debieran haber manifestado su disconformidad con la aplicación de una ley insostenible, negándose rotundamente a firmar las órdenes de desahucio en las condiciones actuales del país, si es verdad que creen aún en un concepto de justicia, que a nosotros nos parece cada vez más lejano e incierto.
Importa la participación policial, en cumplimiento de un deber que saben de antemano nefasto, pero que aplican con rigor, empujando a los desahuciados fuera de la vivienda que supone el único techo que tienen para seguir malviviendo.
Importa la pasividad parlamentaria, que no se afana en solucionar estos casos con la urgencia debida, mientras pierden un tiempo precioso en aplicarse en el insulto entre formaciones políticas, sin prestar ninguna atención al sufrimiento de la sociedad, que se hace insoportable y genera violencia.
Importa que los políticos centren todo su esfuerzo en discusiones de temas macroeconómicos, mientras los seres humanos son literalmente pisoteados en derechos fundamentales, como este de la vivienda y que hoy nos ha dejado la primera víctima mortal, pero que pudiera no ser la última.
Importa que no se atiendan con diligencia las necesidades fundamentales del pueblo y sí las de las entidades bancarias, a las que se inyectan cantidades ingentes de dinero para remontar negocios que han fracasado por la mala gestión de sus ejecutivos y el alto grado de corrupción generado en este país y que salpica con demasiada frecuencia, a los que teóricamente deben estar al servicio de la sociedad, puesto que se llaman a sí mismos políticos.
Importa que hayamos llegado hasta aquí, aclamados por la misma banca que ahora nos desahucia y que en momentos de bonanza, trató de convencernos de que podíamos ser los amos del mundo, al concedernos préstamos que, con toda probabilidad, resultarían en un alto porcentaje, impagables.
Importa en resumen, que la salud mental de este pueblo esté empezando a resentirse, por la acuciante necesidad de trabajo que tenemos, sin que en ninguno de los foros públicos se hable siquiera de hallar una fórmula para remediar el cáncer del desempleo, y con él, la razón que nos está llevando a una enfermedad lenta y dolorosa, que en algunos casos, como el que nos ocupa, se hace ya del todo irrecuperable.
Mientras, los titulares de los periódicos, siguen ocupándose con las subidas y bajadas de la prima de riesgo, con la posibilidad de que se pida a corto plazo un nuevo rescate y con las veleidades europeas, que al fin y a la postre, son en buena medida, la raíz de todos nuestros males.
Y aunque hoy ha muerto un hombre en Granada, la noticia ni siquiera merece una portada, ni abrir los informativos de la televisión, al ser considerada como una triste anécdota. Hasta ahí llega la deshumanización del poder que rige nuestras vidas.













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