Mientras vascos y gallegos acuden a las urnas para elegir quiénes serán, a partir de hoy, los que manejen sus destinos, el resto de los ciudadanos permanecemos expectantes, en la esperanza de que los resultados reflejen, exactamente, cuál es el sentir de los pueblos, ante la desacertada política que está practicando el PP.
Son estas unas elecciones trascendentales por varios motivos y parece que de ellas derivará la decisión de pedir o no un rescate hábilmente aplazado, hasta conocer qué índices de popularidad otorga a Rajoy la voz soberana de los pueblos y en qué condiciones quedan los conservadores, tras la celebración de los comicios.
Los vascos conocen por primera vez la maravillosa sensación de votar en libertad, sin la amenaza de ETA marcando el camino a seguir por la vía de la violencia y los gallegos habrán de demostrar, si pueden, que se han desprendido totalmente de los fantasmas del caciquismo, tan instalado aún entre la gente de las pequeñas aldeas que conforman esta maravillosa comunidad, también tan poco libre.
A pesar de que se espera, según las encuestas, un triunfo del PNV en Euskadi y la confirmación de los conservadores en Galicia, todo pudiera terminar siendo absolutamente diferente, si el hartazgo de los ciudadanos pueden más en la balanza que las ideologías y optan por la decisión de elegir algo distinto, en uso de su pleno derecho, llevando hasta el poder a quienes verdaderamente les parezca que podrían ser la clave de un cambio, que los aleje de los efectos negativos de la crisis y estabilice un poco la inseguridad reinante, proporcionando tranquilidad a la convulsión de las conciencias.
Habría que recordar lo que ocurrió en Andalucía, cuando los pronósticos se vieron sorprendidos por un vuelco electoral que acabó con la gran esperanza de los populares, de hacerse fuertes en esta tierra y dejó el gobierno de la Comunidad en manos de la coalición PSOE-IU, ahora en permanente confrontación con el ejecutivo central, que no perdona la traición infringida a sus ínfulas de grandeza.
Rajoy, que pretende jugar con ventaja, al ser oriundo de Galicia, podría suspender el examen que para él representan estas elecciones, a tenor del descontento generalizado que provocan sus políticas, también allí en la tierra de donde procede.
Pero ¿qué haría, en el caso de cosechar un fracaso y toparse de bruces con esa realidad de la que desesperadamente ha tratado de huir y que demostraría de manera fehaciente, la caída estrepitosa de su popularidad y de su ideología?
Desde luego, seguir con las medidas de recorte, haciendo oídos sordos a lo que ya sería una ratificación del pensamiento de los ciudadanos, podría convertirse en un tremendo error del que difícilmente llegaría a recuperarse nunca y que dejaría a la formación a la que pertenece, muy mal posicionada en el panorama político español.
También la petición de rescate se haría con la sensación de no contar con ningún respaldo en el país y el más que probable anuncio de la rebaja en las pensiones, podría ser, ahora sí, el principio del fin de la era Rajoy y de su etapa de servilismo, a los pies de una tiránica Europa, usurera e implacable.
Las horas cruciales que quedan hasta que se conozca el escrutinio, pone a los analistas políticos en la difícil tesitura de tener que hacer previsiones a la ligera, sin base ni fundamento y la ocasión aconseja esperar hasta que las dudas sean despejadas por la contundencia de los hechos.
Todos deseamos que lo que ocurra sea para bien de las mayorías y no para vanagloria de ningún grupo político en concreto, esté o no esté en el poder.

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