lunes, 8 de octubre de 2012

Anónimos



La bonanza del tiempo, que hace que las cosas parezcan menos difíciles, resulta anímicamente reconfortante para el espíritu y ayuda a ir desterrando el pesimismo que se ha instalado entre nosotros de forma permanente, transformando la alegría natural de los españoles, en un estado de crispación cuya cura, a largo plazo, se presume ardua y costosa.
El hartazgo de estar escribiendo un día tras otro, únicamente malas noticias, termina por exterminar cualquier posibilidad personal de volver la vista hacia la esperanza y va minando las fuerzas, llevándome irremediablemente a pensar, que empiezo a cansar a los lectores con tanto catastrofismo.
Pero, afortunadamente, también suceden a nuestro alrededor acontecimientos que confirman la buena voluntad de la gente para con sus semejantes y que merecen la pena ser vividos, aunque sólo sea para ahuyentar los fantasmas que pululan sobre nuestras cabezas y que con su tono amenazante, a veces nos hacen olvidar que todavía somos humanos y que nos merecemos otra oportunidad.
Podríamos por ejemplo, fijarnos en todos aquellos que dedican su tiempo libre a colaborar con los más necesitados, trabajando para poder nutrir de existencias a los comedores sociales, que tanto bien están haciendo en este momento en el país, y que a veces se enfrentan a situaciones difíciles al tener que soportar las negativas de los posibles proveedores, a causa de su reiterativa insistencia.
O en los miles de trabajadores que, dedicados profesionalmente a tareas relacionadas con lo social, continúan heroicamente desarrollando su labor en los centros, a pesar de no percibir salario alguno desde hace varios meses, a causa de las deudas millonarias que arrastran las Comunidades Autónomas, para las que trabajan.
O en los valientes que a pesar de la dificultad para conseguir préstamos, se animan a invertir el ahorro de toda una vida en montar un negocio, con la esperanza de poder ofrecer algún que otro puesto de trabajo a unos cuantos de esos españoles subsidiados, que no encuentran salida a sus expectativas laborales, tras la reforma aprobada por este gobierno.
O en los artistas, que a pesar de haber sido abandonados por la Administración, hacen de tripas corazón y suben a los escenarios dejándose el alma en ofrecer un poco de diversión al resto de los mortales, aliviando en parte el anhelo por evadirnos, que todos llevamos a cuestas, junto con las pesadas cargas que soportamos en la vida diaria.
O en esa marea verde de profesores, que siguen brindando a sus alumnos lo mejor de sí mismos, ofreciéndoles la oportunidad de ser educados en igualdad, incluso después de haber sido víctimas directas de los recortes y sin dar un paso atrás en sus reclamaciones, siempre más a favor del bienestar de nuestros jóvenes, que en el suyo propio.
O en los abuelos, que con enorme esfuerzo están sacando la economía familiar adelante, acogiendo a los hijos que el paro llevó a la desesperación y el desahucio, sacrificando sus años de retiro a las necesidades de los demás, e incluso sacando fuerzas para estar los primeros, en cualquier manifestación a favor de los derechos robados, mirando más por el futuro de su descendencia, que por su bienestar personal.
O en las siempre prudentes amas de casa, que sin hacer ningún curso de economía, consiguen manejar los pocos recursos a su alcance y hacer con ellos auténticos milagros, que para sí quisieran los ministros de cualquier nación, plantando cara a la crisis y sin ninguna queja.
O en todos los que a pesar de sufrir represión e incomprensión y a ser injuriados hasta la saciedad desde las instancias del poder, continúan empeñados en encontrar otro camino menos doloroso por el que salir del abismo y luchan contra viento y marea por demostrar que las utopías son posibles, si no se desiste del intento.
O en los que desafiando la censura impuesta por los gobernantes, se atreven a escribir la verdad sin maquillaje y a lanzarla al mundo, comprendiendo que el miedo nunca fue un consejero con el que convivir y sí el culpable del sometimiento de los pueblos.
O en los miles de seres humanos que se niegan a ser engullidos por la guerra de cifras que parece ser el motor del mundo y siguen pensando que con voluntad, es posible cambiar el curso de todas las historias.
Hoy quería yo homenajear a esta gente y olvidar, aunque sólo sea por un rato, lo ofendida que estoy por el mal hacer de quienes me gobiernan`. También es noticia que la sociedad siga teniendo alma y que su resistencia sea, precisamente, la semilla que asegura que habrá otra primavera.







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