jueves, 27 de octubre de 2011

Ni un minuto de sosiego

Si Mariano Rajoy ha llegado a pensar por un momento que el suyo será un mandato tranquilo, la cruda realidad se encargará de demostrarle cuán equivocada es su apreciación y el precio que habrá de pagar por ese sillón de poder, por el que tanto ha peleado, durante sus largos años de opositor.
La pérfidas intenciones de los poderosos europeos, que ayer hicieron como que perdonaban a Grecia la mitad de su deuda, para salvar una situación extrema de conflicto popular, ni han dado, ni darán un minuto de sosiego a los hermanos pobres de la Comunidad, a los que cada vez exigen sacrificios más grandes, para saciar sus ansias de colonización encubierta y su clara pertenencia a las corrientes de un capitalismo feroz.
Naturalmente, las cosas siempre serán más fáciles para un partido conservador que comparta las tendencias ideológicas de los que ahora gobiernan el eje franco- alemán, que para los endeudados progresistas que un día creyeron ser parte de esas élites que nunca los admitirán, de buen grado en sus filas.
También para los aguerridos banqueros resultará más cómodo tratar con personal procedente de los consejos de administración de grandes empresas que con pelagatos desarrapados que, a lo sumo, consiguieron, no sin esfuerzo, una formación universitaria, en los años en que nos hicieron creer que la igualdad estaba al alcance de todos y que podíamos aspirar a subir escalafones en las escalas sociales establecidas.
Pero de todos modos, cuando de establecer hegemonías se trata, no suele cederse gentilmente el paso a los que vienen detrás y ha quedado históricamente establecido que el pez grande se come al pequeño, sin demostrar el menor síntoma de arrepentimiento.
No debe hacerse pues grandes ilusiones el candidato del PP, en que le sea permitido afrontar la crisis como le de la real gana ni en que los ojos amenazadores que acechan a su amadísima patria, volverán la vista hacia otro lugar cuando el poder cambie de dueño.
Puede que llegue con la intención de hacer del mundo laboral una gran empresa estatal de trabajo temporal, en la que ofrecer a unos cuantos miles de españoles un puesto a cambio de un salario de hambre y albergue la intención de recortar de la bolsa de las prestaciones sociales y de privatizar la sanidad y la educación, que tanto cuestan al estado, pero habrá de contar en todo ello, con el beneplácito de los dueños de Europa y sus planes se frustrarán, si no son del agrado de quienes manejan el capital o no cumple todas las órdenes venidas desde arriba, a rajatabla.
También ha cometido el imperdonable error de ningunear la indignación popular, permitiendo a sus lacayos inferir innumerables improperios, que no le han grajeado precisamente simpatías entre los verdaderos sufridores de la crisis, con lo cual, contar con el apoyo de la ciudadanía es prácticamente, para él, una misión imposible de difícil resolución, que habrá de colocarlo en una incómoda posición, frente al grueso de una población cansada y harta de la inutilidad de sus políticos.
Así, el ansiado ascenso a la Moncloa será en realidad un tortuoso camino de sufrimiento personal para este insípido líder sin carisma y sin programa, cuya aspiración no parece ser otra que obtener una mayoría absoluta, para no tener que contar con nadie en sus misteriosas decisiones futuras. Me pregunto a quién culpará de su más que probable fracaso.



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