Si ETA no se da prisa en finalizar sus conversaciones internas para ultimar el proceso de paz y como se intuye, el Partido Popular gana las elecciones el próximo 20 de Noviembre, habrá asesinado toda posibilidad de entendimiento con el estado español y perderá una oportunidad de oro para reintegrar a su gente a una sociedad cansada de que sus acciones no terminen nunca,
No basta ir tanteando el terreno ofreciendo pequeños pasos de supuesto arrepentimiento, ni tiene un valor efectivo el comité de mediadores que han buscado para que verifique su tregua. Después de cuarenta años de violencia continuada, en un territorio que ha perdido la noción de vivir con naturalidad su realidad cotidiana, resulta verdaderamente inútil intentar prolongar en el tiempo la vida de la organización, como excusa para intentar conseguir determinados privilegios, que serían más fáciles de obtener desde las instituciones políticas, si finalmente se llega a la paz.
Al Partido Socialista, aún en el poder, le vendría bien poder proclamar un éxito de estas dimensiones para, al menos, recortar distancias con sus adversarios más directos y a los abertzales, el hecho de haber conseguido la resolución del eterno conflicto, les aportaría una entrada de votos considerable, de parte de grupos que últimamente, habían decidido desvincularse de cualquier acción que tuviera que ver con el terror y de todos aquellos que lo promocionaban como la única salida para Euskadi.
Todo el esfuerzo que se hizo en la última tregua, se vería así recompensado para quienes lo protagonizaron entonces y el camino a seguir contaría con menos obstáculos que salvar, que con la derecha al frente del poder.
La baza de Bildu en los ayuntamientos, quizá podría valer para intermediar cualquier acción encaminada a un final menos doloroso y la predisposición de los que gobiernan Euskadi en la actualidad, actuaría como un potente motor para conseguir los objetivos previstos.
La tardanza en entregar las armas que parece propia de antiguos dirigentes con peso en la organización, no debiera ser óbice para detener el proceso, pues si bien ellos no conocen otro modo de vida que el que ellos mismos se marcaron cuando tomaron la decisión de colocarse en el bando en el que se encuentran, los jóvenes que han nacido en otra época, desean en cierto modo, empezar a protagonizar su propia historia y en ellos se nota cierto hastío de las manidas declaraciones impuestas por sus superiores, sin que se vislumbre ninguna posibilidad de triunfo por esta vía, que es un reducto anticuado en la estructura de la nueva Europa.
La declaración de los presos, como estamento más afectado de la organización, a favor de alcanzar la concordia, empieza a poner en tela de juicio la férrea e incuestionable unión de los integrantes de ETA y es la balanza que acabará de inclinar su ideario hacia la legalidad, o hundirlo definitivamente en el pozo oscuro de la incomprensión hacia los deseos de su propio pueblo, hasta que lleguen a desaparecer.
Si en el mes largo que falta para las elecciones no llega la declaración esperada, la cabeza de la serpiente que ha sido el símbolo de ETA durante su larga existencia, acabará siendo cortada o bien por el hacha que la acompaña, o en alguna operación orquestada por el gobierno entrante, que no tendrá piedad con ninguno de sus integrantes, como ya han declarado tantas veces.
Sin que sepamos muy bien de qué lado se encuentra la pelota en estos momentos, por el bien de todos, reclamamos urgencia en poner término al largo camino de la paz.
No basta ir tanteando el terreno ofreciendo pequeños pasos de supuesto arrepentimiento, ni tiene un valor efectivo el comité de mediadores que han buscado para que verifique su tregua. Después de cuarenta años de violencia continuada, en un territorio que ha perdido la noción de vivir con naturalidad su realidad cotidiana, resulta verdaderamente inútil intentar prolongar en el tiempo la vida de la organización, como excusa para intentar conseguir determinados privilegios, que serían más fáciles de obtener desde las instituciones políticas, si finalmente se llega a la paz.
Al Partido Socialista, aún en el poder, le vendría bien poder proclamar un éxito de estas dimensiones para, al menos, recortar distancias con sus adversarios más directos y a los abertzales, el hecho de haber conseguido la resolución del eterno conflicto, les aportaría una entrada de votos considerable, de parte de grupos que últimamente, habían decidido desvincularse de cualquier acción que tuviera que ver con el terror y de todos aquellos que lo promocionaban como la única salida para Euskadi.
Todo el esfuerzo que se hizo en la última tregua, se vería así recompensado para quienes lo protagonizaron entonces y el camino a seguir contaría con menos obstáculos que salvar, que con la derecha al frente del poder.
La baza de Bildu en los ayuntamientos, quizá podría valer para intermediar cualquier acción encaminada a un final menos doloroso y la predisposición de los que gobiernan Euskadi en la actualidad, actuaría como un potente motor para conseguir los objetivos previstos.
La tardanza en entregar las armas que parece propia de antiguos dirigentes con peso en la organización, no debiera ser óbice para detener el proceso, pues si bien ellos no conocen otro modo de vida que el que ellos mismos se marcaron cuando tomaron la decisión de colocarse en el bando en el que se encuentran, los jóvenes que han nacido en otra época, desean en cierto modo, empezar a protagonizar su propia historia y en ellos se nota cierto hastío de las manidas declaraciones impuestas por sus superiores, sin que se vislumbre ninguna posibilidad de triunfo por esta vía, que es un reducto anticuado en la estructura de la nueva Europa.
La declaración de los presos, como estamento más afectado de la organización, a favor de alcanzar la concordia, empieza a poner en tela de juicio la férrea e incuestionable unión de los integrantes de ETA y es la balanza que acabará de inclinar su ideario hacia la legalidad, o hundirlo definitivamente en el pozo oscuro de la incomprensión hacia los deseos de su propio pueblo, hasta que lleguen a desaparecer.
Si en el mes largo que falta para las elecciones no llega la declaración esperada, la cabeza de la serpiente que ha sido el símbolo de ETA durante su larga existencia, acabará siendo cortada o bien por el hacha que la acompaña, o en alguna operación orquestada por el gobierno entrante, que no tendrá piedad con ninguno de sus integrantes, como ya han declarado tantas veces.
Sin que sepamos muy bien de qué lado se encuentra la pelota en estos momentos, por el bien de todos, reclamamos urgencia en poner término al largo camino de la paz.

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