La comisión internacional encabezada por Kofi Annam y Jerry Adams, se ha pronunciado ayer en el País vasco, aconsejando una paz negociada para ETA, sin alcanzar un consenso pleno, como era de esperar, para las conclusiones obtenidas de una reunión que, a priori, debe ser aceptada como algo positivo, si con ello se llega a un final feliz.
El conflicto vasco, enquistado en la sociedad española desde hace demasiados años, recorre ahora una nueva vía en un intento de ser resuelto, que es aceptada por una gran mayoría de la ciudadanía de este territorio, aunque rechazada de plano por el Partido Popular y naturalmente, por los familiares de las víctimas, que no pueden considerar ninguna otra salida más que la de que el peso de la Ley caiga, inexorablemente sobre los verdugos de aquellos que perdieron.
Toda negociación, sin embargo, se nutre de concesiones de las partes y en ninguna que alcance el éxito podría hablarse claramente de vencedores y vencidos. Es de entender que el dolor provocado por la organización terrorista durante sus años de vida, resulte imperdonable para quienes sufrieron en primera persona sus acciones y vieron cómo sus vidas se veían truncadas cuando les arrancaron a personas cercanas, de manera violenta, sin que ningún tipo de justicia les parezca satisfactoria para paliar el delito, aunque muchos de los autores materiales estén pagando ahora, en las cárceles, por ellos.
No se engañen los afectados por la actitud de los conservadores, ni les crean a su lado en este tema, porque para ellos se trata simplemente, de una cuestión de votos. Aún cuando ETA entregara las armas y pidiera públicamente perdón a las víctimas en un acto de contrición difundido internacionalmente por todos los medios de comunicación, para los conservadores, si no se producen estas acciones bajo su gobierno, no sería suficiente.
Que el Partido Socialista, perdedor en todas las encuestas, de cara a los comicios del veinte de Noviembre, se apuntara ahora el tanto de firmar una paz en Euskadi, representaría para los virtuales vencedores una pérdida de votos demasiado valiosa, que daría al traste con su sueño de alcanzar una mayoría absoluta, que les permitiera gobernar en solitario durante los próximos cuatro años.
Es por eso, que critican a la comisión internacional alegando un desconocimiento garrafal de la realidad vasca y no admiten comparaciones con antiguos procesos como el irlandés o el sudafricano, sin querer admitir que todos los problemas territoriales se parecen y que a veces, los medios empleados para alcanzar un acuerdo que termine con ellos, suelen justificar su fin, si es para el bien de la mayoría.
Si como es de esperar, se termina con la lacra social que durante años ha ensuciado la faz democrática del país con acciones injustificables de violencia permanente, habremos pues de agradecer eternamente a estos expertos mundiales, su colaboración en algo que nosotros solos, no hemos sido capaces de resolver.
Los ciudadanos estamos cansados de asistir a diario a la utilización partidista del conflicto vasco como arma arrojadiza, cada vez que se abre un proceso electoral y lo único que realmente nos interesa, incluso por encima de quién nos gobierne, es tener la seguridad de que las heridas empiezan a cerrarse y olvidar, cuanto antes, que el horror existió.
Si esta es la oportunidad de conseguirlo, sería un gravísimo error desaprovecharla por guerrillas internas entre partidos mayoritarios con ambiciones de poder y desde luego, quizá no podríamos perdonar que los encontronazos habituales entre ellos arruinaran la ocasión de firmar un acuerdo. Pero ya sabemos por experiencias anteriores, que nuestros políticos caminan por derroteros distintos de los nuestros y que para ellos gobernar, está por encima de los intereses del pueblo.
El conflicto vasco, enquistado en la sociedad española desde hace demasiados años, recorre ahora una nueva vía en un intento de ser resuelto, que es aceptada por una gran mayoría de la ciudadanía de este territorio, aunque rechazada de plano por el Partido Popular y naturalmente, por los familiares de las víctimas, que no pueden considerar ninguna otra salida más que la de que el peso de la Ley caiga, inexorablemente sobre los verdugos de aquellos que perdieron.
Toda negociación, sin embargo, se nutre de concesiones de las partes y en ninguna que alcance el éxito podría hablarse claramente de vencedores y vencidos. Es de entender que el dolor provocado por la organización terrorista durante sus años de vida, resulte imperdonable para quienes sufrieron en primera persona sus acciones y vieron cómo sus vidas se veían truncadas cuando les arrancaron a personas cercanas, de manera violenta, sin que ningún tipo de justicia les parezca satisfactoria para paliar el delito, aunque muchos de los autores materiales estén pagando ahora, en las cárceles, por ellos.
No se engañen los afectados por la actitud de los conservadores, ni les crean a su lado en este tema, porque para ellos se trata simplemente, de una cuestión de votos. Aún cuando ETA entregara las armas y pidiera públicamente perdón a las víctimas en un acto de contrición difundido internacionalmente por todos los medios de comunicación, para los conservadores, si no se producen estas acciones bajo su gobierno, no sería suficiente.
Que el Partido Socialista, perdedor en todas las encuestas, de cara a los comicios del veinte de Noviembre, se apuntara ahora el tanto de firmar una paz en Euskadi, representaría para los virtuales vencedores una pérdida de votos demasiado valiosa, que daría al traste con su sueño de alcanzar una mayoría absoluta, que les permitiera gobernar en solitario durante los próximos cuatro años.
Es por eso, que critican a la comisión internacional alegando un desconocimiento garrafal de la realidad vasca y no admiten comparaciones con antiguos procesos como el irlandés o el sudafricano, sin querer admitir que todos los problemas territoriales se parecen y que a veces, los medios empleados para alcanzar un acuerdo que termine con ellos, suelen justificar su fin, si es para el bien de la mayoría.
Si como es de esperar, se termina con la lacra social que durante años ha ensuciado la faz democrática del país con acciones injustificables de violencia permanente, habremos pues de agradecer eternamente a estos expertos mundiales, su colaboración en algo que nosotros solos, no hemos sido capaces de resolver.
Los ciudadanos estamos cansados de asistir a diario a la utilización partidista del conflicto vasco como arma arrojadiza, cada vez que se abre un proceso electoral y lo único que realmente nos interesa, incluso por encima de quién nos gobierne, es tener la seguridad de que las heridas empiezan a cerrarse y olvidar, cuanto antes, que el horror existió.
Si esta es la oportunidad de conseguirlo, sería un gravísimo error desaprovecharla por guerrillas internas entre partidos mayoritarios con ambiciones de poder y desde luego, quizá no podríamos perdonar que los encontronazos habituales entre ellos arruinaran la ocasión de firmar un acuerdo. Pero ya sabemos por experiencias anteriores, que nuestros políticos caminan por derroteros distintos de los nuestros y que para ellos gobernar, está por encima de los intereses del pueblo.

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