miércoles, 19 de octubre de 2011

El maltrato más cruel

Desde que la violencia de género se ha convertido en delito y los machos prehistóricos ya no pueden cargar impunemente sus frustraciones sobre sus parejas, a las que creen poseer en su totalidad bajo su dictatorial mandato, parece haber nacido una nueva y malévola modalidad de herir en lo más hondo a las que se deciden a dar el paso de abandonar el calvario para iniciar una nueva vida, trasladando su impotencia y maldad a la figura de los hijos.
El maltratador, en su atormentado delirio, no soporta que su pareja mantenga ningún tipo de relación afectiva con quienes la rodean y procura un total aislamiento del entorno llegando a sentir celos enfermizos, hasta de su propia descendencia. Es por eso, que acorralado ahora por un sistema judicial que le persigue, le vigila y procura mantenerle alejado del lugar en que se encuentre la que tuvo la osadía de dejarle, va maquinando sórdidamente la manera para herir en lo más profundo la “desfachatez” de quien le denunció y llega incluso a ser capaz de asesinar con toda frialdad a sus descendientes, con tal de causar dolor a la que consideraba únicamente suya.
Este incomprensible argumento, deja absolutamente al descubierto qué tipo de persona puede esconderse en él y hasta qué punto estaba justificada la urgencia de la separación para las valientes que acaban por decidirse a iniciar el tortuoso camino de ser fugitivas para toda la vida.
Por desgracia, con demasiada frecuencia, las barreras establecidas por la sociedad son rotas y acaban en resultado de muerte, como prueban los cincuenta y tantos casos de mujeres asesinadas por sus parejas este año.
Otras veces, las cosas ocurren inesperadamente y salen a la luz los peores instintos en acciones directamente dirigidas a la inocencia infantil, como medio para probar que desde lejos, también se tiraniza, a través de otro tipo de delito.
Los expertos están de acuerdo en afirmar que la mente del maltratador no puede cambiarse y que en ningún caso, son afectados por ningún tipo de enfermedad nerviosa, sino claros exponentes de simple crueldad, aderezada por grandes dosis de egocentrismo y falsa vanidad, que les lleva a no admitir en modo alguno que les dejen.
Si se han tipificado las penas contra la violencia de género, habrán también de ser tipificados con máxima dureza los delitos cometidos contra los menores que son fruto de las tumultuosas relaciones que se establecen entre estas parejas.
Ha de caer en estos casos, todo el peso de la Ley sobre las espaldas de aquellos que se creen en posesión de la verdad, proyectando su instinto animal contra seres de su propia sangre, como forma de afirmar su hegemonía machista y obsoleta.
El caso de los niños desaparecidos en Córdoba, parece a priori, un ejemplo de libro de cuanto acabo de decir y la sociedad necesita sentir que se hace justicia en este tipo de situaciones que son en sí, una aberración imposible de asimilar o disculpar y una afrenta imperdonable para el género humano, sin distinción de sexos, afortunadamente.




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