domingo, 9 de octubre de 2011

Durán y su visión de Andalucía

Me pregunto cómo habrán sentado las declaraciones del señor Durán i Lleida a los millares de andaluces que procedentes de un pasado franquista que no tuvo piedad con los territorios del sur, se vieron obligados a emigrar a Cataluña para trabajar en las modernas fábricas allí instaladas con el beneplácito del dictador.
Muchos de estos emigrantes se asentaron allí, llegando a sentir Cataluña como algo propio y aportando todo el esfuerzo de su trabajo a la consolidación de una de las autonomías más punteras del país, mientras Andalucía permaneció durante décadas relegada al papel cañí que se le quiso asignar desde las altas esferas de entonces y con unos recursos diezmados que retrasaron su incorporación a la modernidad, sin que ningún nacionalista catalán se pronunciara en contra de esta injusticia, ni considerara un agravio comparativo nuestra pobreza.
No les pareció entonces pecado hacer uso del trabajo de los andaluces en beneficio propio, ni se puso objeción alguna a “prestar” parte de su sagrada tierra a los recién llegados, si estos cumplían estrictamente con los horarios laborales y revertían las ganancias obtenidas en consumir en los lugares en que habían decidido asentarse.
Nada sabe, creo, el señor Durán, ni ninguno de los burgueses pertenecientes a su formación ni de hambre, ni de miseria, ni mucho menos de la ignorancia que Andalucía ha llevado a la espalda, por imposición, durante demasiado tiempo.
Cómodamente instalados en una clase media alta, de esas que te permiten residir en hoteles de cinco estrellas si trabajas fuera de tu ciudad, la vida diaria de los jornaleros andaluces, queda demasiado lejos y es demasiado dura, para ser siquiera considerada por un político de la derecha catalana, que ni siquiera es capaz de entender, según dicen, el idioma que se habla en las regiones agrícolas de Andalucía.
Molesta al señor Durán al parecer, que los trabajadores andaluces que cobran el subsidio agrario de cuatrocientos euros, tomen una copa al final de la jornada en la tasca de la esquina, en la que él no entraría por nada del mundo, ante el riesgo de ser contaminado por los vapores populares que allí se cuecen, y acostumbrado como seguramente estará, a terminar la noche con un licor de primera en la cafetería del Hotel Palace, de Madrid, dónde se aloja habitualmente.
Hablar de la diferencia de sueldos sería sin duda, herir los sentimientos de los obreros andaluces y no haría más que ahondar en un sentimiento anticatalanista, que hasta tendría cierta razón de ser, si nos limitáramos a prestar oídos a quienes como el señor Durán son el vivo ejemplo de la más feroz xenofobia.
No entraré al trapo, ya que provengo de una tierra milenaria que ha sabido aprender de cuántas culturas se han asentado en ella, sumando experiencias positivas de lo bueno que quisieron traer los que aquí vinieron y acogiendo a las gentes de buena voluntad, sin exigir el abandono de sus costumbres o de su idioma, rompiendo fronteras para convertirnos, como somos, en un territorio abierto ideal para ser ciudadano del mundo.
Coartar la libertad de las personas, acotar los espacios, cerrando rendijas a cualquier influencia exterior, implantar por decreto un modo de vida para todos, negando cualquier posibilidad de cambio o apertura a las mentes inquietas que deseosas de acumular nuevos conocimientos, se afanan en un aprendizaje digno de ser admirado, no deja de ser un modo dictatorial de administrar el poder y una forma de volver a la caverna, racista, insidiosa y a todas luces retrógrada y deleznable.
Mande pues, el señor Durán, si le dejan, en su coto cerrado, ahora que ha conseguido el voto de sus conciudadanos, y olvide el modo de vida andaluz, que desde luego, no conoce, ni le interesa. Pero le informo, que nuestro desarrollo ha sido espectacular en los últimos tiempos, que hemos sido pioneros en leyes sociales aún impensables en su programa y que al menos de momento, disfrutamos de una sanidad pública sin recortes, una enseñanza estatal de innegable calidad y sobre todo, de un pueblo decidido a salir de la crisis sin necesitar ofender a nadie con la verborrea barata de un vendedor ambulante barriobajero.
Si quiere, puede venir a comprobar in situ, cuánto le digo. Seguro que será acogido con la amabilidad que nos caracteriza. ¡Y no tendrá que hablar andaluz!


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