Los malos vientos de la crisis, que han derribado con su furia el modo de vida de millones de personas, ha empezado a esparcir por el mundo las semillas de la indignación, que van fructificando en ciudades que nada creían tener en común, ofreciéndonos el fruto impagable de devolver la ilusión a la humanidad.
La tiranía detentada por los valores económicos sobre la gente de bien, ha ido minando las expectativas de futuro que se creían consolidadas tras los años de cierta bonanza y ha dejado al descubierto las auténticas intenciones de los avarientos de poder, colocando al grueso de los habitantes del planeta, en una situación insostenible de desamparo, que ya no solucionan los gobiernos ni los gobernantes, y que les ha hecho entender de repente, que sólo cuentan con su propia fuerza para intentar cambiar el rumbo de su destino.
La estela de los movimientos iniciados en España, explosionó ayer en las ciudades más importantes de Europa y América, lanzando una tarjeta de visita recién estrenada, a los políticos que quieran tener una idea clara de lo que puede llegar a convertirse en un inesperado giro, que acabe con sus propósitos de enriquecimiento, para traer un poco de justicia a los ciudadanos, cansados de ser objeto de explotación y dispuestos a dejar de serlo.
El impacto de millones de personas echadas a la calle reclamando derechos elementales que hasta pocos años hubieran sido incuestionables, da una idea de la desastrosa gestión de los dirigentes en cualquier lugar que quisiéramos citar y de la intención generalizada de cambio que busca la sociedad de nuestros días, desechando cualquier intervención gubernamental al uso, siendo como son los políticos, prisioneros de los mercados de valores y de la sinrazón de los banqueros.
La noticia de hoy, que ha saltado a la primera página de todas las agencias informativas, no es más que un comienzo y una seria advertencia de que también a los desheredados de la tierra nos queda algo que hacer. El inmenso poder de convocatoria de las redes sociales, que nos fueron lanzadas por los propios capitalistas como un goloso anzuelo a morder que reportara incontables beneficios, no puede ya ser detenido y las masas acuden solícitamente a la llamada de quienes intentan remediar parte de su dolor, comprendiendo la situación en que se encuentran y compartiendo el mismo sitio que ocupan, en las escalas más bajas de las sociedades, ahora destrozadas por el concepto economía.
No palidecerán estos movimientos. Tienen la fuerza y la frescura precisas para sacar al mundo de su degradada caducidad y de las corruptelas generalizadas que lo han ido invadiendo, mientras estábamos dormidos.
Irán creciendo porque las mayorías están hechas del mismo material que los que ahora se encuentran ocupando las plazas y las calles de las ciudades y porque la lujuriosa avaricia de los desaprensivos, al no conocer límites, acabará por romperse en pedazos si los que hasta ahora éramos sus juguetes, nos unimos en su contra sin miedo al fracaso.
Me alegro de estar en este sitio ahora. Porque tengo la impresión de estar asistiendo a un fenómeno histórico de proporciones inmensas, que acabará escribiendo el futuro de la humanidad en un idioma distinto al que sólo nos obliga a obedecer órdenes mientras nos roba nuestra esencia.
Me alegro de estar aquí para poder contarlo y para, desde mi humildad, difundirlo hasta donde lleguen mis palabras, que son las mismas que las vuestras.
La tiranía detentada por los valores económicos sobre la gente de bien, ha ido minando las expectativas de futuro que se creían consolidadas tras los años de cierta bonanza y ha dejado al descubierto las auténticas intenciones de los avarientos de poder, colocando al grueso de los habitantes del planeta, en una situación insostenible de desamparo, que ya no solucionan los gobiernos ni los gobernantes, y que les ha hecho entender de repente, que sólo cuentan con su propia fuerza para intentar cambiar el rumbo de su destino.
La estela de los movimientos iniciados en España, explosionó ayer en las ciudades más importantes de Europa y América, lanzando una tarjeta de visita recién estrenada, a los políticos que quieran tener una idea clara de lo que puede llegar a convertirse en un inesperado giro, que acabe con sus propósitos de enriquecimiento, para traer un poco de justicia a los ciudadanos, cansados de ser objeto de explotación y dispuestos a dejar de serlo.
El impacto de millones de personas echadas a la calle reclamando derechos elementales que hasta pocos años hubieran sido incuestionables, da una idea de la desastrosa gestión de los dirigentes en cualquier lugar que quisiéramos citar y de la intención generalizada de cambio que busca la sociedad de nuestros días, desechando cualquier intervención gubernamental al uso, siendo como son los políticos, prisioneros de los mercados de valores y de la sinrazón de los banqueros.
La noticia de hoy, que ha saltado a la primera página de todas las agencias informativas, no es más que un comienzo y una seria advertencia de que también a los desheredados de la tierra nos queda algo que hacer. El inmenso poder de convocatoria de las redes sociales, que nos fueron lanzadas por los propios capitalistas como un goloso anzuelo a morder que reportara incontables beneficios, no puede ya ser detenido y las masas acuden solícitamente a la llamada de quienes intentan remediar parte de su dolor, comprendiendo la situación en que se encuentran y compartiendo el mismo sitio que ocupan, en las escalas más bajas de las sociedades, ahora destrozadas por el concepto economía.
No palidecerán estos movimientos. Tienen la fuerza y la frescura precisas para sacar al mundo de su degradada caducidad y de las corruptelas generalizadas que lo han ido invadiendo, mientras estábamos dormidos.
Irán creciendo porque las mayorías están hechas del mismo material que los que ahora se encuentran ocupando las plazas y las calles de las ciudades y porque la lujuriosa avaricia de los desaprensivos, al no conocer límites, acabará por romperse en pedazos si los que hasta ahora éramos sus juguetes, nos unimos en su contra sin miedo al fracaso.
Me alegro de estar en este sitio ahora. Porque tengo la impresión de estar asistiendo a un fenómeno histórico de proporciones inmensas, que acabará escribiendo el futuro de la humanidad en un idioma distinto al que sólo nos obliga a obedecer órdenes mientras nos roba nuestra esencia.
Me alegro de estar aquí para poder contarlo y para, desde mi humildad, difundirlo hasta donde lleguen mis palabras, que son las mismas que las vuestras.

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