jueves, 6 de octubre de 2011

Con la complicidad de los jueces

El desconocimiento demostrado por la judicatura sobre la violencia de género, ha generado con demasiada asiduidad conflictos entre las partes, que en más de una ocasión han terminado con resultado de muerte.
La larga lista de mujeres fallecidas a manos de sus parejas, ya debiera haber aportado experiencia a los encargados de juzgar los casos, al menos para llegar a intuir que no se puede dar alas a un agresor interpretando literalmente pasajes de la ley, si lo que está en riesgo es la vida de una persona, aunque la denuncia se base en el maltrato psicológico, verbal o acompañado aún de golpes sin demasiada contundencia, porque ha quedado demostrado que este tipo de situaciones son siempre el primer paso de una escalada paulatina de violencia, con impredecible final para la víctima que lo padece.
Pretender ignorar los insultos proferidos por los maltratadotes, o ir al diccionario para buscar otra acepción de determinadas palabras que en un contexto de agresividad son proferidas en un tono peyorativo, es embadurnar un proceso que en todos los casos debería ser ejemplar y convertirse en cómplice del malhechor al que se ampara, con la gramática en la mano, mientras se le abre la puerta para continuar sus prácticas de sadismo.
Parece a simple vista que persiste una elevada dosis de machismo en jueces que no han sabido adaptarse a la evolución de los tiempos y que permanecen anclados a un pasado de nefasta memoria para el género femenino, cuando un cachete o una ristra de improperios se consideraban como parte normal de la relación de pareja y los hombres eran una casta privilegiada en posesión de la razón, sólo por serlo.
La reincidencia del juez Juan del Olmo en este tipo de interpretación de las leyes es reiterativamente sospechosa para los colectivos que luchan por atajar de raíz los problemas relacionados con la violencia de género y habría que preguntarse seriamente por qué se mantiene a esta persona en los juzgados de familia, probada como está, su aversión hacia las denunciantes y su favoritismo descarado hacia los delincuentes a los que da la razón, desde su posición de poder.
Pasar por alto esta complicidad encubierta que cualquier día derivará en la muerte de una de las mujeres que tengan la mala suerte de topar con este individuo en las salas de los juzgados, pone en tela de juicio la validez de todos los esfuerzos que se hacen por parte de la administración para erradicar la violencia y deja en permanente desprotección a unas víctimas indefensas, que no hacen nada más que tratar de salir de la insostenible situación que viven en sus propios hogares.
El triste recuerdo de la mujer quemada y muerta por su agresor, a la que el juez había obligado a compartir vivienda con él sólo unos mees antes, pulula sobre nuestras cabezas y aún nos preguntamos cómo no se actuó contra él en cuanto se produjeron los hechos.
Ahora tendremos que aguardar que éste, a quién absuelve Juan del Olmo de todo delito, vea por fin a la “zorra en la caja de pino”, como vaticinó en una conversación telefónica con su propio hijo. Según la interpretación de su señoría, solo será un “animal astuto” muerto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario