domingo, 19 de junio de 2011

Una marea de indignación



Prolongar la estrategia de no prestar atención a lo que sucede en las calles de nuestro país, no va a servir de nada a los políticos.
Una marea de indignación se ha colado en las casas anegando nuestro pensamiento con su color de esperanza y empujándonos a dar ese paso adelante, que nos sitúa en un plano diferente al que defienden las obsoletas instituciones de los poderes constituidos.
De nada sirven las maliciosas intenciones de la madrastra de Cenicienta y el chusquero francés, ni su desmedido interés por arrastrarnos hacia los brazos de un capitalismo feroz que nos ahoga con sus perversas caricias.
De nada sirve la vergonzosa esclavitud de nuestro gobierno, ni la de los otros hermanos pobres de la madre Europa, que necesitan ser rescatados por la usura de los enloquecidos banqueros que antes los arrastraron hasta el abismo en que se encuentran, con cantos de sirena que prometían bonanza eterna.
De nada, las reformas al servicio descarado de los poderes establecidos, ni los sacrificios exigidos a quemarropa a los trabajadores por los que dicen actuar en su nombre mientras se alejan cada vez más del camino trazado para que todos podamos vivir de manera digna.
Se impone la verdad en la voz de los desheredados de la tierra y no hay mordaza capaz de restringir el sonido que se escapa de las gargantas enfervorecidas de los que reclaman justicia, con toda la razón de su lado y sin dejar entrar al desaliento.
Hoy, una multitud muestra toda su indignación por las avenidas procurando un futuro diferente al que por exigencias del guión, se nos intenta imponer desde las posiciones enrocadas de los que rigen el mundo con la calculadora en la mano y su marcha jubilosa, es el anuncio de una nueva revolución que ya no se mira en los espejos de ningún pasado conocido, ni se deja manipular por la verborrea fácil de los embaucadores con escaño.
El pueblo ha encontrado su sitio lejos del discurso ininteligible de quienes ignoran su existencia para las decisiones de peso y va de puerta en puerta acudiendo a los problemas cotidianos, tan comunes en todos los hogares, buscando soluciones inmediatas que suavicen las desgracias de los que consideran como parte de su propia esencia.
Esto no hace otra cosa más que demostrar la ineficacia mayestática de los que dicen representar a los votantes, pero que ignoran sus auténticas necesidades, casi siempre perentorias, con infinito desprecio, la profunda indefensión sufrida por la totalidad de los ciudadanos y la urge desligarse del infortunio augurado por la mala gestión ejercida durante años, aprovechando el letargo de una sociedad dominada por la mentira engañosa de un bienestar ficticio y pasajero.
Podrán pactar, denostar con sus críticas destructivas el pacifismo indiscutible de los movimientos, alimentar falsas esperanzas de que al final se acabará obedeciendo a los decretos aniquiladores de humanidad que firman a diario con avaricia desmedida y hasta soñar que no existe la indignación, tratando de borrar la realidad de su aburrida vida cotidiana de ostentación y prepotencia, pero en cada esquina estará, sin duda, alguien que les recuerde que es capaz de mover el mundo hacia horizontes mucho más limpios y ya no cesará el látigo de la verdad azotando la cara oscura de la ignorancia y el silencio.
Hay otra forma de vida y nos hemos propuesto encontrarla.

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