lunes, 13 de junio de 2011

Fin de fiesta




Para tranquilidad de la señora Esperanza Aguirre, el desalojo de la Puerta del Sol de Madrid, se llevó a cabo anoche en un ambiente festivo, según las previsiones de los organizadores de los movimientos ciudadanos y sin que se diera motivo alguno para dudar del pacifismo de los manifestantes, a pesar de la leyenda negra que la Presidenta madrileña ha intentado urdir en los días que ha durado la ocupación, que tantos quebraderos de cabeza ha causado a ella y a los suyos.
No estaba en el ánimo de los indignados dar rienda suelta a actitudes violentas, quizá porque es la suya una revolución nacida de las aulas y no de las fábricas, como las anteriores, y porque su verdad es tan evidente a nivel de calle, que no necesita apoyarse en aspavientos para llegar hasta el último rincón e instalarse allí con el beneplácito de cualquier ciudadano que lo habite, dada la identificación inmediata que siente por las reclamaciones expuestas.
Cuando nuestros jóvenes empezaron a desperezarse y a levantar tímidamente la voz contra los poderes establecidos, seguramente no se esperaba una respuesta como ésta.
El largo periodo de letargo en que había estado sumida la inmensa mayoría había sido demasiado largo y no partía de una necesidad perentoria de menús de subsistencia, ni de represiones dictatoriales que mancillaran sus libertades abiertamente, sin dejarlos oponerse a nada, como es el caso de los países árabes, recientemente sublevados contra sus terribles condiciones de vida.
Si es verdad, que la falta de trabajo genera tiempos muertos en los que la mente adquiere cierta agilidad y propensión hacia la crítica y que ésta es más feroz, cuánto más atroz es la situación en que el individuo se encuentra y que el análisis concienzudo de las carencias hace fácil la elección de caminos por los que avanzar hacia el futuro deseado.
Pero la conducta ejercida durante los días de ocupación de las plazas no ha podido ser más ejemplarizante, tanto, que afea las actitudes adoptadas por los políticos de turno y las continuas agresiones verbales que vociferan desde los púlpitos, unos contra otros, y la continua indignidad que practican desde sus posiciones de privilegio.
La verdad, se agradece que los Movimientos del 15M no hayan partido en ningún momento del miedo para conducir a los que han querido sumarse a las concentraciones diarias y que el clima de paz reinante en ellas, no se haya visto roto, siquiera una vez, por discordancias insalvables solventadas a base de acusaciones y violencia.
Se han quedado de una pieza aquellos que auguraban toneladas de basura ensuciando las calles, juerga alcohólica diaria, entre manifiesto y manifiesto, y giros radicales hacia políticas anárquicas que ya comparaban con los prolegómenos de la guerra civil, en un desafortunado vaticinio que ha quedado desmontado por la jovialidad y la educación cívica de los organizadores y participantes en los actos.
Es precisamente la frescura y la ausencia de malicia, lo que hace atractivo seguir de cerca cuánto acontece a nuestro alrededor y la falta de líderes señalados, coloca en papel protagonista a cualquiera que tenga una propuesta que interese a la mayoría y no a quienes persiguen como primera meta un enriquecimiento personal que suele derivar en corrupción más temprano que tarde.
Así que serenen su espíritu los representantes políticos porque los maléficos efectos de los revolucionarios no han encendido mechas destructoras que activen virulentos mecanismos que amenacen su gloria pasajera. Pero que no se crean que nos hemos marchado a casa, porque pensamos volver.



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