lunes, 20 de junio de 2011

Colonización encubierta




En vista de que no pudieron, en su momento, trasladar el Partenón a Francia o Alemania, para exhibirlo en uno de sus Museos repletos de obras de arte, fruto de la rapiña de sus antiguas pretensiones expansionistas, parece ahora llegada la oportunidad de acabar comprando Grecia completa a precio de saldo, viéndose así colmadas las expectativas de los que manejan las riendas de Europa desde una posición económica que acogota a diario a los sufridos pobladores de Naciones menos afortunadas, en esto de las finanzas.
El pueblo griego afronta una nueva oleada de recortes en los salarios y otras medidas sancionadoras impuestas por el “maravilloso” eje franco-alemán, sin poder prever qué nuevas humillaciones le deparará un incierto futuro que depende, en su totalidad, de la interesada intervención de la banca y cuyo precio probablemente acarreará una pérdida absoluta de identidad, sin que el grito desesperado de las masas en la calle consiga paralizar los nefastos efectos de una reestructuración, que amenaza con una espada de Damocles la libertad de decisión de este país milenario, ahora arrastrado a los pies del sistema capitalista, sin posibilidad de resurrección a corto plazo.
Siempre tuvieron franceses y alemanes un gusto exagerado por el colonialismo, un afán desmedido por la ampliación de horizontes, ignorando olímpicamente los derechos de los pueblos conquistados, como si la felicidad de los demás hubiera de estar directamente relacionada con vivir bajo su mandato y obedecer sin pestañear sus órdenes, renunciando a la libertad que otorga el hecho de gobernar la tierra propia.
Ahora que están crecidos con la rápida recuperación de la crisis y que pueden presumir abiertamente de su sospechosa amistad con los administradores de bienes y fortunas, a los que adoran como al becerro de oro, parece que disfruten con ver, uno a uno, arrodillarse a sus pies a los hermanos pobres del Continente y andan, como perros de presa, tras la pista de los errores de los pueblos, para intentar más pronto que tarde, una intervención solapada en las maltrechas economías ajenas, proclamándose sus salvadores in extremis, a la vez que van obteniendo beneficios para las suyas, mientras instalan sus empresas en los territorios de los más desfavorecidos y trasladan a los cerebros que allí hubiere, a un lugar convenientemente preparado para explotar su potencial, al mínimo costo posible.
Y lo hacen, como si su socorro fuera gratis y les moviera una caridad altruista que nada espera de aquel a quien acorralan hasta dejarlo contra las cuerdas sin oportunidad de remonte, como si sus malévolas intenciones pudieran quedar ocultas a los ojos de los ciudadanos y sin el más mínimo atisbo de recato en sus exigencias de imposible cumplimiento y todo esto, mientras el desempleo va adquiriendo cifras realmente alarmantes y los trabajadores ven mermados sus derechos sin compasión, hasta retroceder un par de siglos en sus condiciones laborales.
Creo que incluso se habrán propuesto instalar un Olimpo desde el que gobernar la vida de las personas, despojándolas de su libre albedrío para situarlas exactamente en la tesitura que para ellas se pretende. Seguramente, porque tienen claro que los pobres y los ignorantes son susceptibles de ser manejados con mayor facilidad y su precio acaba siendo más bajo a base de irles arrebatando la dignidad mientras se los sitúa en el umbral de la desesperación y la angustia.
Esto hace tiempo que dejó de ser Europa. Ahora es un feudo de rígidas normas con dos gobernadores implacables, ávidos de poder y riqueza, capaces de cualquier atrocidad por asentar las bases de su dominio.
Los demás, los siervos, aún no hemos despertado de la mayúscula sorpresa de ser ninguneados, alienados y pisoteados hasta la saciedad por la alargada sombra que proyectan estos nuevos dictadores, asesinos de identidades nacionales y conciencias de clases.
Cuando hayan terminado con Grecia, empezarán con Portugal o Irlanda y así, sucesivamente, hasta haber creado un Imperio.


No hay comentarios:

Publicar un comentario