miércoles, 22 de junio de 2011

Requiem por la cuna de la Democracia

Mientras el pueblo griego se congregaba con clamor unánime a las puertas de su Parlamento, reclamando una salida digna para los múltiples problemas que acosan su estabilidad nacional, sus políticos, ausentes en su urna insonorizada y rechazando la cruda realidad que se vive en sus propias calles, aprobaban la moción de confianza que solicitaba Papandreu, otorgándole carta blanca, para seguir con sus drásticos recortes a los derechos de los trabajadores y su indigna posición de servilismo ante los mandatos venidos de Europa.
La lenta agonía de la cuna de la Democracia, se prolonga así por medios artificiales, que no hacen otra cosa que aumentar su considerable deuda y la ponen a los pies de los usureros y prestamistas, dejándola a merced de las exigencias de los Estados de primera magnitud y condenándola a una muerte segura que acabará con su identidad milenaria.
Evidentemente, la resolución adoptada por el Parlamento, satisface a la cancillera alemana, ya que ayuda considerablemente a su propósito de hacerse con las riendas del Continente y la aupa un poco más hacia el indiscutible liderazgo que le permitirá, no sólo gobernar su propio territorio, sino ir paulatinamente tomando posiciones de fuerza en otros que, como éste, se tambalean en la cuerda floja de la ruina, sin otra solución que acudir a la ayuda interesada ofrecida por los amigos íntimos de la banca y sus adeptos más cercanos.
Tiemblan Irlanda y Portugal contemplando horrorizados la desmembración helena, acogotados por la similitud entre sus casos y el de Grecia, pero aún en una grada inferior, luchando denodadamente contra la enfermedad, pero con pésima sintomatología y muchas posibilidades reales de caer también a la negrura del abismo.
Un poco más distanciado, no mucho, nuestro gobierno se apresura a cerrar nefastas reformas laborales, aprobando aceleradamente leyes que inciden muy negativamente contra la clase obrera e intentando por todos los medios ignorar la presencia cada vez más contundente, de los movimientos ciudadanos en la calle, aumentando la brecha ya existente entre su posición y la nuestra, sin bajar por un solo momento a la realidad para entender los auténticos problemas y carencias que padece la indefensa ciudadanía que les proporciona el sustento.
Calla América, intentando hacernos creer que estamos libres de su injerencia en nuestros asuntos, dejando a la alemana soñar con que algún día gobernará la tierra. Y su silencio chirriante, resulta escandalosamente significativo viniendo de quien viene, acostumbrados como estamos, a la permanente tutela de la primera potencia mundial sobre las naciones y los pueblos.
En Belfast, crecen los disturbios entre católicos y protestantes, en una especie de anacronismo que nos traslada casi a épocas medievales, cuando lo más importante eran las religiones y el hombre no era más que su instrumento para alcanzar poder, por encima de la vida y la muerte.
El triste panorama que se cierne sobre nosotros, abre las heridas de cuajo y nuestros corazones sangran profusamente por la caída en picado de doctrinas e ideologías que, antaño, fueron capaces de sustentar nuestras vidas.
No queda sol sobre los cielos de Europa. Los cubre un gigantesco panel salpicado de cifras que augura una interminable sequía para el futuro de sus habitantes.

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