Se apresuran sus Señorías a mostrar su rotundo rechazo al modo en que están siendo recibidos a la entrada de los distintos Parlamentos autonómicos, por grupos de indignados que según ellos, se han atrevido a agredirlos, traspasando la línea del civismo, en las reivindicaciones que gritan a su paso.
Aducen que son los agentes legales que los españoles han designado para que los representen y que no es demócrata quien trata de impedir su acceso a los escaños ganados en sendas convocatorias electorales, a base de estrellar un par de botes de pintura sobre su magnífica ropa de diseño, comprada por cierto, con el sueldo que ellos mismos se asignan, pero que pagamos todos los españoles.
Vuelven a hablar de anarquía y enseguida hacen referencia a los movimientos del 15M- yo creo que por primera vez- amenazando con enviar a las fuerzas del orden a reprimir estos tremendos desmanes que incomodan el dulce devenir de su pacífica vida profesional y tratan, además, de hacer patente su desacuerdo con cualquier manifestación ciudadana que discrepe de sus “sólidos” principios políticos.
Pero la realidad es que de existir un baremo que midiera la importancia real de las agresiones sufridas, las infringidas a los ciudadanos por la clase política en los últimos tiempos, sin duda obtendrían la calificación más alta permitida, aún sin especificar todos los puntos que han convertido nuestra vida en una cadena perpetua, sin derecho a revisión de condena.
Nos hemos quedado sin trabajo, sin vivienda y con deudas vitalicias que superan con creces los límites de la imaginación, sin ayudas sociales que hagan menos gravosas las cargas impuestas por la crueldad de una crisis, que no para de amenazarnos con despojarnos de lo poco que habíamos conseguido con años de esfuerzo y dedicación. Tenemos a nuestros hijos de cuarenta años viviendo en casa, cansados de recorrer las calles buscando cualquier ocupación que no sea hacer cola ante las oficinas de un INEM que jamás envía una oferta laboral a la que acudir, ni soluciona en absoluto el triste panorama de sus más de cuatro millones de “clientes”.
Nos han rebajado Ustedes el salario, congelado las pensiones de los abuelos, facilitado el despido libre y reducido las indemnizaciones por esta causa.
En el caso improbable de que volvamos a formar parte de la rara especie que tiene la suerte de encontrar emploeo, habremos de aceptar regalar al Estado dos años más de nuestro esfuerzo para poder vivir con dignidad nuestro bien merecido retiro, cuestión prácticamente imposible, dada la edad con la que se encuentra el primer trabajo y las pésimas condiciones de los contratos que nos ponen por delante ciertos empresarios, cuyo único afán es obtener sólidos y abundantes beneficios.
Nos han subido los impuestos, haciendo que la cesta de la compra se haya convertido en un lujo sólo al alcance de bolsillos de alto standing, en vista del gran número de miembros que permanece en la casa paterna, muchas veces al amparo de un solo salario.
Han escamoteado el dinero de las becas de nuestros hijos y han recortado el gasto sanitario, empezando ya hablar de ciertas privatizaciones en este sector, y en cualquier otro que hasta ahora supusiera un beneficio para las clases humildes, formadas cada vez por un mayor número de personas, gracias a su política aduladora de los grandes de una Europa demasiado exigente y malévola.
Han protagonizado ustedes miles de episodios de corrupción, con la correspondiente pérdida de fondos públicos, en Ayuntamientos, Parlamentos y lugares que se nutren de las aportaciones sacrificadas del pueblo, protagonizando además bochornosos espectáculos al presentarse bajo imputación a las elecciones convocadas, sin el menor recato.
Han torcido ustedes el camino de la Justicia, construyendo la ley a su imagen, semejanza y propio beneficio, sacrificado a Jueces que luchaban por aclarar negros episodios de nuestra historia, sentado jurisprudencia según el viento político que soplara y forzado sentencias impensables en cualquier país democrático, perdonado delitos a grandes delincuentes económicos, e incluso echando en el olvido importantísimos casos que no convenían a la imagen que en ese momento querían dar ante su galería de votantes.
Han manejado la información privándonos del derecho a recibirla con objetividad, manipulado sus contenidos hurtándonos los que no les beneficiaban y ensuciado los principios de un periodismo digno falseando las noticias con el propósito de obtener poder.
¿Y se quejan de haber sido agredidos?
En realidad, sólo han sido ustedes manchados con un poco de pintura, los agredidos somos nosotros.
Aducen que son los agentes legales que los españoles han designado para que los representen y que no es demócrata quien trata de impedir su acceso a los escaños ganados en sendas convocatorias electorales, a base de estrellar un par de botes de pintura sobre su magnífica ropa de diseño, comprada por cierto, con el sueldo que ellos mismos se asignan, pero que pagamos todos los españoles.
Vuelven a hablar de anarquía y enseguida hacen referencia a los movimientos del 15M- yo creo que por primera vez- amenazando con enviar a las fuerzas del orden a reprimir estos tremendos desmanes que incomodan el dulce devenir de su pacífica vida profesional y tratan, además, de hacer patente su desacuerdo con cualquier manifestación ciudadana que discrepe de sus “sólidos” principios políticos.
Pero la realidad es que de existir un baremo que midiera la importancia real de las agresiones sufridas, las infringidas a los ciudadanos por la clase política en los últimos tiempos, sin duda obtendrían la calificación más alta permitida, aún sin especificar todos los puntos que han convertido nuestra vida en una cadena perpetua, sin derecho a revisión de condena.
Nos hemos quedado sin trabajo, sin vivienda y con deudas vitalicias que superan con creces los límites de la imaginación, sin ayudas sociales que hagan menos gravosas las cargas impuestas por la crueldad de una crisis, que no para de amenazarnos con despojarnos de lo poco que habíamos conseguido con años de esfuerzo y dedicación. Tenemos a nuestros hijos de cuarenta años viviendo en casa, cansados de recorrer las calles buscando cualquier ocupación que no sea hacer cola ante las oficinas de un INEM que jamás envía una oferta laboral a la que acudir, ni soluciona en absoluto el triste panorama de sus más de cuatro millones de “clientes”.
Nos han rebajado Ustedes el salario, congelado las pensiones de los abuelos, facilitado el despido libre y reducido las indemnizaciones por esta causa.
En el caso improbable de que volvamos a formar parte de la rara especie que tiene la suerte de encontrar emploeo, habremos de aceptar regalar al Estado dos años más de nuestro esfuerzo para poder vivir con dignidad nuestro bien merecido retiro, cuestión prácticamente imposible, dada la edad con la que se encuentra el primer trabajo y las pésimas condiciones de los contratos que nos ponen por delante ciertos empresarios, cuyo único afán es obtener sólidos y abundantes beneficios.
Nos han subido los impuestos, haciendo que la cesta de la compra se haya convertido en un lujo sólo al alcance de bolsillos de alto standing, en vista del gran número de miembros que permanece en la casa paterna, muchas veces al amparo de un solo salario.
Han escamoteado el dinero de las becas de nuestros hijos y han recortado el gasto sanitario, empezando ya hablar de ciertas privatizaciones en este sector, y en cualquier otro que hasta ahora supusiera un beneficio para las clases humildes, formadas cada vez por un mayor número de personas, gracias a su política aduladora de los grandes de una Europa demasiado exigente y malévola.
Han protagonizado ustedes miles de episodios de corrupción, con la correspondiente pérdida de fondos públicos, en Ayuntamientos, Parlamentos y lugares que se nutren de las aportaciones sacrificadas del pueblo, protagonizando además bochornosos espectáculos al presentarse bajo imputación a las elecciones convocadas, sin el menor recato.
Han torcido ustedes el camino de la Justicia, construyendo la ley a su imagen, semejanza y propio beneficio, sacrificado a Jueces que luchaban por aclarar negros episodios de nuestra historia, sentado jurisprudencia según el viento político que soplara y forzado sentencias impensables en cualquier país democrático, perdonado delitos a grandes delincuentes económicos, e incluso echando en el olvido importantísimos casos que no convenían a la imagen que en ese momento querían dar ante su galería de votantes.
Han manejado la información privándonos del derecho a recibirla con objetividad, manipulado sus contenidos hurtándonos los que no les beneficiaban y ensuciado los principios de un periodismo digno falseando las noticias con el propósito de obtener poder.
¿Y se quejan de haber sido agredidos?
En realidad, sólo han sido ustedes manchados con un poco de pintura, los agredidos somos nosotros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario