martes, 28 de junio de 2011

Manías y rarezas de una abuela en ciernes





A una estas cosas, casi siempre la pillan por sorpresa. Es un tema, en mi caso, del que llevas años hablando, no sabría decir si porque en todos nosotros subyace el instinto natural de perpetuar la especie, o porque en el fondo nos parece que tener hijos puede llegar a ser una experiencia irrepetible y la deseamos con ahínco para todos los que queremos.
El caso es que enterarte que vas a ser abuela te transforma la vida. Al principio, con la lógica alegría de la noticia, te parece que sigues siendo la misma y hay unos días de plena euforia en que te pasas el tiempo queriendo encontrarte con los amigos para contárselo o colgada al teléfono, informando de la novedad, como si el tuyo fuera el último vástago que fuera a nacer en la tierra.
Después viene la etapa en que te entristece pensar lo rápida que ha pasado la vida y cuántas otras cosas podrías haber hecho, de haber aprovechado el tiempo en algo útil, en lugar de perderlo, por ejemplo, emborronando papeles con versos y prosas, que nunca te han reportado ningún beneficio.
Y una vez superada la melancolía desastrosa que te hace mirarte constantemente en el espejo, buscando una imagen semejante a la que recordabas en la abuela que un día tuviste, y a la que no te pareces para nada ni en físico, ni en edad, ni en estilo, asumes la situación y decides ejercer plenamente el papel que te ha regalado la suerte, revolucionando tu anárquico modo de vida, sobre todo pensando en que lo que está por venir, no tenga que avergonzarse de las locuras de una señora que ya peina alguna que otra cana.
Empiezas por alucinar con el increíble progreso tecnológico que te permite ver al bebé a las pocas semanas de ser concebido y te sorprendes a ti misma perdiendo la vergüenza al enseñar a todo bicho viviente la primera ecografía, asegurando que ves con toda claridad la fisonomía del pequeño, en un trozo de papel emborronado con líneas en blanco y negro, donde apenas se adivina un amago minúsculo de lo que será una persona completamente distinta.
Para entonces, ya has entrado a formar parte del club de futuras abuelas y tropiezas por casualidad con más embarazadas que las que has visto el resto de tu vida y todas tus conversaciones empiezan misteriosamente a girar sobre el monotema de la paternidad, sin que las circunstancias te permitan salir de la vorágine que te envuelve haciéndote retornar al mismo sitio.
Se te despiertan curiosas aficiones que almacenabas desde tiempos inmemoriales en el baúl de los recuerdos y empiezas a tejer ropita de bebé, comiéndote la cabeza para poner en pie puntos que te enseñaron cuando eras apenas una niña y tu madre trataba de entretenerte con un trozo de lana y unas agujas, para que dejaras de darle la lata con tu insistencia.
Te pones a comprar revistas de confección para niños y te emociona mirar a los rollizos modelos que la lucen, imaginando ya cómo le sentará lo que traes entre manos a tu nieto y hasta te enorgullece elegir lanas, lazos y botones con que rematar la faena del momento.
Ya no miras escaparates de ropa, sino cunas, carritos y bañeras, sillitas para el coche, vestidores, álbumes de fotos decorados con elefantes y jirafas, minúsculos deportivos de colores chillones, móviles para colgar del techo y hasta biberones y chupetes de variadas formas y colores, a juego con la palillera y la cucharita, siempre en materiales que no puedan dañar la delicada naturaleza del recién nacido.
Cambias tus lecturas por textos que glosen tu anticuada idea de la maternidad, buscas en Internet consejos sobre la educación de los niños de hoy y no pierdes de vista, ni un momento, la evolución del vientre de tu hija, al que incluso hablas de vez en cuando con la ilusión de que su habitante empiece a reconocer tu voz.
Te comen los nervios por averiguar el sexo de lo que viene y sugieres mil y un nombres a quienes probablemente, ya tienen decidido cuál le pondrán cuando se enteren de si es niño o niña, extremas las precauciones con la madre, como si el embarazo la hubiera despojado de su inteligencia y te agotas dándole vueltas a la posibilidad de que alguna complicación pudiera frustrar todo este alboroto que te está encantando vivir.
No sabes qué pasará cuando por fin aparezca el auténtico protagonista de la historia, aunque intuyes que serás suya para toda la vida en cuanto le veas por `primera vez y que algún día podrás contarle, cuando los dos seáis mucho mayores, el hechizo que supuso en tu vida la buena nueva de su llegada. Para entonces, te habrás acostumbrado al color de su risa y a su imprescindible presencia en cada momento del futuro y con toda probabilidad, habrás vuelto a ser tú, sin poder creer siquiera que hiciste todas estas cosas que ahora te parecen normales sin serlo.

1 comentario:

  1. Hola Paqui, soy Cuca la hija de Conchi. Como no tengo tu correo te mando por aquí unos enlaces que te pueden interesar. Son de la asamblea de Mairena del 15M :
    http://15mmairenadelaljarafe.blogspot.com/
    http://15mmairena.foroactivo.com/
    Éste es un grupo de facebook:
    http://www.facebook.com/home.php?sk=group_185313101525938&ap=1
    Y éste es el correo:
    15mmairenadelaljarafe@gmail.com
    A ver si te veo por las asambleas, un saludo

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