Tras apenas unas pocas jornadas de haberse puesto en marcha la maquinaria política, ETA salta a los informativos anunciando una nueva tregua con una parafernalia tristemente recordada por todos los que ya fuimos espectadores de anteriores intentos fallidos propuestos para alcanzar la paz.
Se rompió el cántaro hace tiempo de tanto ir a la fuente y la veracidad de los comunicados etarras quedó para siempre en entredicho después del atentado de Barajas haciendo que la susceptibilidad de cualquier ministro de interior se volviera infinitamente más sensible a la hora de confiar en según qué propuestas.
La inagotable paciencia del pueblo de euskadi puesta a prueba hasta la saciedad por una violencia gratuita que ha manchado su bellísima tierra de sangre durante cincuenta años, tal vez mire de nuevo con cierta ilusión la tétrica imagen de los encapuchados con la esperanza de que los pronósticos de poder acomodarse a la normalidad de la vida, sea ahora una realidad que termine con la inquietud permanente con que miran al futuro.
Pero el hecho de que el montaje del anuncio no haya cambiado en nada y conserve todos los símbolos inequívocos que han acompañado la estela de estas siglas durante toda su trayectoria, es ya en sí un mal augurio que deja entrever que la repetición de historias pasadas puede darse sin que ningún horizonte diferente se vislumbre sobre las verdes montañas de Euskalerría.
Es verdad que últimamente son muchos los presos que han manifestado claramente su disidencia con los métodos violentos y proclamado abiertamente su deseo de adoptar una posición meramente política para reclamar sus antiguas reivindicaciones de independencia, pero la edad de estos disidentes y por tanto los años que llevan en prisión, da la impresión a quién mira desde fuera, de tratarse más de un hartazgo de viejos dirigentes que de un atisbo de rendición pacífica de la savia joven que acaba de alcanzar el liderazgo de la organización.
Han sido muchos los que han defendido la línea de la negociación durante demasiado tiempo y muchos los fracasos acumulados en las vías negociadoras, tantos, que incluso para los seres de mejor voluntad, se ha hecho palpable la imposibilidad de llegar a acuerdo alguno que no pase por una rendición incondicional y una entrega de armas que haga al menos creíble un carácter de cambio en el asunto más espinoso que ha conocido este país.
Hubiera sido un gesto a considerar en el anuncio de la tregua, hacerlo a cara descubierta en cualquier otro escenario menos sórdido y que recordara un poco más a la vida, dar un paso adelante en una situación que perjudica dañosamente al pueblo que dicen defender y que presentara ciertos síntomas de que los días de la oscuridad están contados y que pronto podría llegar la luz.
Y puesto que no ha sido así, es lícito el derecho a pensar que una nueva estrategia pre electoral se ha fraguado en las entrañas de la organización para que sean retirados los vetos establecidos a la izquierda abertzale permitiéndoles elaborar listas para los próximos comicios sin que ello implique arrepentimiento ni deseo en el auténtico ideario que mueve a sus gentes.
Así que es de esperar que el Ministro Rubalcaba haga caso omiso de este anuncio repentino en el que casi no creemos y continúe con su política antiterrorista buscando desesperadamente una salida airosa al eterno conflicto que sacude los cimientos de nuestra historia reciente, aunque bien que le gustaría marcharse a casa con la satisfacción de haber cerrado este capítulo negro aunque fuera lo último que hiciera en su vida política.

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