jueves, 8 de enero de 2015

El año de la ilusión


Habrá que hacer el esfuerzo de no mirar atrás y aunque sin olvidar todo lo que nos ha sucedido, intentar que esa mínima ilusión que está creciendo dentro, a medida que se aproxima el fin político de quienes propiciaron la tragedia, pueda crecer, devolviéndonos parte de nuestra dignidad robada y propiciando una mínima paz interior, con la que afrontar un futuro que probablemente dependa únicamente de nosotros.
Habrá que hacer recuento de lo que tanto nos dolió y ajustar cuentas con los que nos arrastraron al desastre con vagas promesas que nunca se cumplieron, abandonándonos a una suerte de niebla de la que creímos no poder salir, pero que gracias a nuestra tenacidad en no abandonar, se va disipando poco a poco.
Habrá que dar una oportunidad a los que llegan, limpios de toda culpa pasada, revolucionando un concepto de sociedad viciada, corrupta e irrespirable, en la que se nos ha hecho imposible continuar sin desprendernos de toda podredumbre y empezar desde cero, solos o con quienes decidan acompañarnos, a forjar otra realidad que nunca puede ser peor que la que padecemos ahora y que es el único camino que nos lleva lejos de la desolación de sabernos indefensos, abriendo las ventanas que dejen penetrar un aire fresco, tan necesario para la supervivencia en igualdad, de todos los ciudadanos españoles.
Habrá que desterrar de raíz todo aquello en lo que una vez creímos y que ha resultado ser el mayor fraude colectivo que se ha producido jamás, en esta tierra que tanto queremos y a la que tan mala vida han dado los que supuestamente representaban nuestros intereses.
Habremos de reinventar la definición de política e implicarnos en la elaboración de una nueva carta de  derechos y deberes, restando poder a los absolutistas que han hecho de su profesión un modo de enriquecimiento, para devolverlo a quién realmente siempre perteneció y que no es otro que un pueblo soberano, al que se ha ido desplazando de su lugar, para usurpar por medio de la fuerza,  todo aquello que se consiguió durante siglos de lucha denodada y que ahora se ha perdido sin asunción de responsabilidades, a golpe de decreto.
Habrá que despertar y no volver a permitir la estafa, la mentira, la manipulación deliberada de un discurso con el único objetivo de conseguir un fin y batallar a muerte para el esclarecimiento de la verdad y para que la justicia necesaria sea un hecho y no una pantomima togada inexplicablemente influida por el peso de apellidos y cargos, inaceptable y desigual, en esta sociedad en que vivimos.
Habrá que hacer, lo que haya que hacer para conseguirlo, aprendiendo que la única situación que existe es aquella que contemplamos cada cual a su alrededor y no la que pretenden dibujar los gastados líderes de turno, siempre cargados de un triunfalismo exagerado, que en nada se corresponde con lo que vivimos.
Y habrá que dar al  voto, cuando llegue la hora, la importancia que verdaderamente tiene, siendo conscientes de que con nuestra libre elección, somos nosotros quienes colocamos en los órganos del poder a los que finalmente lo alcancen y, principalmente, que quienes finalmente sean los elegidos, están obligados a escuchar y poner en práctica nuestras preferencias, estén o no, de acuerdo con las suyas propias, pues el servicio público, se trata, precisamente, de eso.


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