Habrá que hacer el esfuerzo de no mirar atrás y aunque sin
olvidar todo lo que nos ha sucedido, intentar que esa mínima ilusión que está
creciendo dentro, a medida que se aproxima el fin político de quienes
propiciaron la tragedia, pueda crecer, devolviéndonos parte de nuestra dignidad
robada y propiciando una mínima paz interior, con la que afrontar un futuro que
probablemente dependa únicamente de nosotros.
Habrá que hacer recuento de lo que tanto nos dolió y ajustar
cuentas con los que nos arrastraron al desastre con vagas promesas que nunca se
cumplieron, abandonándonos a una suerte de niebla de la que creímos no poder
salir, pero que gracias a nuestra tenacidad en no abandonar, se va disipando
poco a poco.
Habrá que dar una oportunidad a los que llegan, limpios de
toda culpa pasada, revolucionando un concepto de sociedad viciada, corrupta e
irrespirable, en la que se nos ha hecho imposible continuar sin desprendernos
de toda podredumbre y empezar desde cero, solos o con quienes decidan
acompañarnos, a forjar otra realidad que nunca puede ser peor que la que
padecemos ahora y que es el único camino que nos lleva lejos de la desolación
de sabernos indefensos, abriendo las ventanas que dejen penetrar un aire
fresco, tan necesario para la supervivencia en igualdad, de todos los
ciudadanos españoles.
Habrá que desterrar de raíz todo aquello en lo que una vez
creímos y que ha resultado ser el mayor fraude colectivo que se ha producido
jamás, en esta tierra que tanto queremos y a la que tan mala vida han dado los
que supuestamente representaban nuestros intereses.
Habremos de reinventar la definición de política e implicarnos
en la elaboración de una nueva carta de derechos
y deberes, restando poder a los absolutistas que han hecho de su profesión un
modo de enriquecimiento, para devolverlo a quién realmente siempre perteneció y
que no es otro que un pueblo soberano, al que se ha ido desplazando de su
lugar, para usurpar por medio de la fuerza, todo aquello que se consiguió durante siglos de
lucha denodada y que ahora se ha perdido sin asunción de responsabilidades, a
golpe de decreto.
Habrá que despertar y no volver a permitir la estafa, la
mentira, la manipulación deliberada de un discurso con el único objetivo de
conseguir un fin y batallar a muerte para el esclarecimiento de la verdad y
para que la justicia necesaria sea un hecho y no una pantomima togada inexplicablemente
influida por el peso de apellidos y cargos, inaceptable y desigual, en esta
sociedad en que vivimos.
Habrá que hacer, lo que haya que hacer para conseguirlo,
aprendiendo que la única situación que existe es aquella que contemplamos cada
cual a su alrededor y no la que pretenden dibujar los gastados líderes de
turno, siempre cargados de un triunfalismo exagerado, que en nada se
corresponde con lo que vivimos.
Y habrá que dar al
voto, cuando llegue la hora, la importancia que verdaderamente tiene, siendo
conscientes de que con nuestra libre elección, somos nosotros quienes colocamos
en los órganos del poder a los que finalmente lo alcancen y, principalmente,
que quienes finalmente sean los elegidos, están obligados a escuchar y poner en
práctica nuestras preferencias, estén o no, de acuerdo con las suyas propias,
pues el servicio público, se trata, precisamente, de eso.

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