Abre Podemos su campaña electoral en Sevilla, con un mitin
multitudinario que desborda todas las previsiones de asistencia y cuyo
transcurrir transmite, por encima de todo lo demás, un aire de cálida
esperanza.
El hastío que vienen provocando en los últimos tiempos las
intervenciones de los políticos tradicionales y la frustración a la que,
forzosamente, hemos tenido que acostumbrarnos los españoles, ante la
imposibilidad de poder frenar las medidas de recortes y la pérdida de derechos
que nos han acarreado, contra nuestra voluntad, los señores del Bipartidismo,
parece chocar frontalmente con el espíritu de cambio que consiguen transmitir
estos jóvenes que ya han sido capaces, en un solo año, de provocar una revolución
y que marcan, con toda contundencia, otro camino por el que transitar para
dejar atrás la desafortunada etapa que vivimos, dinamitando un Sistema caduco y
corrupto que ha de ser, necesariamente transformado desde los cimientos,
volviendo a dar a la ciudadanía el protagonismo que se le ha ido arrebatando
sin consideración ni respeto, desde las altas esferas de un poder negligente y
sobre todo lo demás, tiránico.
La cercanía de los líderes de Podemos y muy particularmente
de Iglesias, con los problemas de los españoles, el estar en todo momento junto
a los desfavorecidos por cualquiera de las injusticias que se cometen a diario
a lo largo y ancho del País, el empleo de un idioma capaz de llegar a
cualquiera y la decisión de construir un futuro mejor contando con la opinión
de todos, no puede por menos que posibilitar más pronto que tarde, un triunfo
en la carrera electoral para esta formación, por mucho que pese a los líderes
de los partidos tradicionales, que ven atónitos y sin poder hacer absolutamente
nada más que patalear, cómo se les escapa la cómoda posición en la que se
habían aposentado y los privilegios de casta que a fuerza de utilizar el poder
habían obtenido, creyendo que el ciclo sería eterno.
Más que a un dirigente político, la gente ve en Pablo
Iglesias una reencarnación del ciudadano medio español, pero con la valentía
necesaria para expresar de manera literal y sin cortapisas, todas y cada una de
las aflicciones que les causan estos gobiernos absolutistas que obedecen
sumisamente los dictados de la economía, despojando de su dignidad a las
personas, a las que consideran una especie de mercancía con la que negociar y
que sólo les sirve, mientras produzca jugosos beneficios para sus globalizados
negocios.
La pobreza, el desempleo, la pérdida casi absoluta de un modo
de vida, el desperdicio de toda una generación de jóvenes magníficamente
preparados, el abandono del sector sanitario y del educacional y el manifiesto
desprecio demostrado hacia la opinión de los ciudadanos, no podía por menos, que
terminar rompiendo estrepitosamente esta cuerda abusivamente tensada e Iglesias
es la voz, alta y clara, del pensamiento de todos los españoles.
Que los miembros del bipartidismo lo saben, es un hecho y no
hay más que observar el modo y la ferocidad con que le atacan, para
comprobarlo.
Y sin embargo, el clima que se respira en sus intervenciones
no es precisamente de crispación, sino más bien de una sana alegría por saber
que estamos a punto de conseguir, entre todos, cerrar una etapa que resultó
nefasta para las mayorías y de abrir una nueva, en la que por fin, quiénes nos
gobiernen, conozcan de primera mano, los problemas que nos acucian.
Así pues, no era inútil oponerse a lo establecido y luchar
denodadamente contra cada injusticia que se cometía contra nosotros, ni era radicalidad tratar de conservar nuestros
derechos, ni salir a las calles reclamando
que se nos devolviera la dignidad de ser personas que se nos robaba, a
golpe de decreto, condenándonos a una esclavitud, a la que por supuesto, nos
negábamos.
No éramos perroflautas cuando acudíamos a los encuentros del
15M, ni alborotadores profesionales pretendiendo desestabilizar al gobierno de
Mariano Rajoy, ni una minoría fundamentalista deseosa de instalar una acracia
que sustituyera a la Democracia, aunque ya hiciera mucho tiempo, que ésta
nuestra había dejado de serlo.
Somos, los ciudadanos de este País, si bien nuestros
políticos, por su lejanía, ni siquiera son ya capaces de reconocernos.
Ayer, en Sevilla, una parte de esos mismos ciudadanos, empezaron a cimentar, con
su unión, un nuevo proyecto de futuro que se irá construyendo, de manera legal,
en todos y cada uno de los próximos comicios, pues aunque muchos lo hayan
olvidado, nada hay más grande que el poder de los votos.

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