Después de que la fiscalía haya llegado a la conclusión de
que el PP financió las obras de varias de sus sedes con dinero negro y
habiéndose desligado los líderes del Partido en el gobierno de esta acusación,
en todas y cada una de sus intervenciones, el nerviosismo de Bárcenas parece
haber aumentado notoriamente en los últimos días, sobre todo tras saber que se
piden cincuenta años de prisión para él y treinta para su esposa y que la Formación
a la que perteneció le abandona definitivamente a su suerte, alegando un
desconocimiento total de sus acciones.
En un intento a la desesperada por alargar la llegada del
proceso, para que al juez Ruz no le quede más remedio que abandonar sin poder
concluir su labor, el abogado de Bárcenas acaba de renunciar a su defensa, lo
que con toda seguridad, dilatará el transcurso natural de su caso, al menos
hasta que encuentre un nuevo representante legal, lo que podría tardar,
exactamente, el tiempo que Bárcenas quiera.
Quizá por ello, Ruz ha respondido inmediatamente después de conocer
la noticia, apremiando al ex tesorero a encontrar en los próximos tres días a
quién asuma su defensa y amenazando con que si no lo hace, designará un abogado
de oficio para tal fin, empeñado como está en terminar su trabajo, antes que
llegue el mes de Marzo.
Si Bárcenas guarda o no más ases en la manga y si está
negociando con el PP su silencio, a cambio de algún privilegio que de momento
se nos escapa a todos, nunca lo sabremos, pero el hecho de que finalmente su
esposa se vea imputada en este caso y que todos los esfuerzos que ha venido
haciendo para que esto no sucediera hayan resultado absolutamente infructuosos,
invita a pensar que quizá en los próximos días pidiera entrevistarse con el
Juez, para hacer una nueva entrega de material o para acusar directamente a
ciertos pesos pesados del PP de compartir las cuentas que existen en paraísos
fiscales y cuya entrada en escena pudiera constituir el truco final que
obligara al gobierno, a dimitir en pleno.
Esta hipótesis, que defienden determinados medios de prensa,
hasta hace poco adeptos a la ideología del partido conservador y ahora más en
la línea de opinión de Esperanza Aguirre, va tomando cuerpo entre los
mentideros políticos y sólo habrá que esperar un poco más para conocer el
desenlace de esta truculenta historia, de la que aún quedan muchos puntos por
aclarar y cuyo contenido completo parece conocer, sólo, el ex tesorero
encarcelado.
Por mucho que el PP trate descaradamente de desligarse de las
acciones de Bárcenas y de sus dos antecesores, la teoría del desconocimiento
sobre la contabilidad que se desarrollaba en su partido y fundamentalmente
sobre las idas y venidas de empresarios relevantes a su sede, no resulta
creíble ni para la totalidad de los ciudadanos, ni por supuesto, para las
fiscales encargadas de esclarecer esta trama de corrupción, que se encuentran
dispuestas a llegar hasta las últimas consecuencias, a pesar de los intentos que
se han conocido por apartarlas del caso, por parte del gobierno.
Nadie puede aceptar que Bárcenas empezara hace tantos años a
elaborar una especie de diario negro en el que aparecen casi todos los nombres
de importancia en el PP, incluido el del Presidente, como perceptores de sobres
con dinero negro, de no ser que tuviera dotes de clarividencia y resulta mucho
más lógico dar credibilidad a los papeles que todos hemos conocido a través de
la prensa.
Es sin embargo fundamental, que Ruz termine lo que empezó
antes de ser apartado del caso en marzo y por tanto, estos próximos días, han
de ser vividos por él de manera frenética, para evitar que esta enorme pirámide
de corrupción caiga estrepitosamente, sin que se consiga llegar a la verdad del
asunto, como parece ser la pretensión de quienes podrían estar, a todas luces, complicados
en ella.
No podemos hacer otra cosa que esperar y desear al Juez, esa
pizca de suerte que podría marcar la diferencia entre conseguir una condena
para todos los que resulten culpables de haber cometido delito y la
desaparición por el desagüe de todas las pruebas de un caso que hasta podría sobreseerse,
resultando ser Bárcenas el único que pague, una culpa que nadie cree que sea
únicamente suya.

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