Apremiado por la insistencia de Esquerra Republicana y por
los afanes independentistas que el mismo provocó en una gran parte de la
ciudadanía, Artur Mas se ve obligado a convocar elecciones anticipadas en
Cataluña, sin certeza de volver a ganarlas, ni de poder garantizar un mayor entendimiento
con el Gobierno de Madrid, en la única cuestión que parece preocupar al Líder
de Convergencia.
Temiendo llegar quizá a perder una buena parte de su
electorado, si la comparecencia de los Pujol ante los jueces consigue de algún
modo implicarle en su negra trama de corrupción, a Mas no le quedaba otra
salida que este adelanto electoral, si pretende conservar entre los catalanes
una imagen medianamente buena y antes de darles tiempo a pensar que la mayor
parte de sus desgracias provienen, exclusivamente, de las políticas de recortes
aplicadas desde su Presidencia y que curiosamente coinciden milimétricamente
con las aplicadas por Rajoy.
No ha podido alcanzar un consenso con sus compañeros en la
aventura independentista y los acuerdos logrados a tal fin corren serio peligro
de fracturarse, al no coincidir, ni en el fondo ni en las formas, con los
planteados desde ER, cuyos líderes siempre se han proclamado partidarios de
conseguir la Independencia, de la forma que sea, aunque para ello se hubiera de
recurrir a una desobediencia Parlamentaria que no acaba de convencer al
Presidente catalán, mucho más apegado al respeto de las Leyes que rigen en el
conjunto del Estado español.
Tampoco puede perder
de vista a los partidos unionistas, ni a la nueva Formación liderada por Ada
Colau, que se perfila como una de las favoritas en las elecciones Municipales,
pero que quizá podría aliarse con Podemos para las generales, consiguiendo
captar una gran parte de los votos, como demuestra el interés que despiertan
las intervenciones de ambos dirigentes, en cada una de las convocatorias que
hacen.
Mas se encuentra pues, en una encrucijada de difícil
resolución para sí mismo y para los suyos, quizá porque las circunstancias que
han caracterizado este periodo de su mandato han derivado de un modo imprevisto
hacia otros caminos que divergen de los que en principio se había marcado y que
probablemente se le han escapado de las manos, centrándose únicamente en la
cuestión de una Independencia, que en el caso de Convergencia y Unió siempre
había sido utilizada como moneda de cambio para conseguir más financiación,
pero que nunca había sido planteada como una exigencia de obligado
cumplimiento.
Claro que durante el tiempo que Mas ha dedicado a
enfervorizar los ánimos de los catalanes y a defender la celebración del Referendum, ha conseguido apartar la vista de
los graves problemas que afligen a la ciudadanía, como el paro o los recortes
en Sanidad y Educación y que son de su competencia exclusiva, al estar
transferidas estas competencias de manera total, sin que Madrid tenga nada que
ver en ellas.
Con la Consulta convocada, a Mas le ha llegado la hora de que
sus votantes reflexionen sobre cómo les ha ido la vida bajo su mandato y con
toda seguridad, más de uno comprobará que lo único bueno que le ha pasado
durante este tiempo ha sido poder ilusionarse con desvincularse del Estado
español y haber hecho alarde de poder, al desobedecer los mandatos de Rajoy,
acudiendo a votar en un Referendum, que ni siquiera fue considerado como tal,
fuera de su propio territorio.
Naturalmente, la desilusión será mayúscula y si no se es un
independentista convencido, difícilmente se repetirá el voto de las pasadas
elecciones, por lo que cualquier cosa puede pasar, hasta que Mas sea desbancado
por el auge de formaciones que nada tengan que ver con una política que se ha
quedado obsoleta, como Podemos y Ciudatants, que seguramente va a arrancar
también muchos votos disconformes con la política de Convergencia.

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