jueves, 15 de enero de 2015

Mas, en la encrucijada


Apremiado por la insistencia de Esquerra Republicana y por los afanes independentistas que el mismo provocó en una gran parte de la ciudadanía, Artur Mas se ve obligado a convocar elecciones anticipadas en Cataluña, sin certeza de volver a ganarlas, ni de poder garantizar un mayor entendimiento con el Gobierno de Madrid, en la única cuestión que parece preocupar al Líder de Convergencia.
Temiendo llegar quizá a perder una buena parte de su electorado, si la comparecencia de los Pujol ante los jueces consigue de algún modo implicarle en su negra trama de corrupción, a Mas no le quedaba otra salida que este adelanto electoral, si pretende conservar entre los catalanes una imagen medianamente buena y antes de darles tiempo a pensar que la mayor parte de sus desgracias provienen, exclusivamente, de las políticas de recortes aplicadas desde su Presidencia y que curiosamente coinciden milimétricamente con las aplicadas por Rajoy.
No ha podido alcanzar un consenso con sus compañeros en la aventura independentista y los acuerdos logrados a tal fin corren serio peligro de fracturarse, al no coincidir, ni en el fondo ni en las formas, con los planteados desde ER, cuyos líderes siempre se han proclamado partidarios de conseguir la Independencia, de la forma que sea, aunque para ello se hubiera de recurrir a una desobediencia Parlamentaria que no acaba de convencer al Presidente catalán, mucho más apegado al respeto de las Leyes que rigen en el conjunto del Estado español.
 Tampoco puede perder de vista a los partidos unionistas, ni a la nueva Formación liderada por Ada Colau, que se perfila como una de las favoritas en las elecciones Municipales, pero que quizá podría aliarse con Podemos para las generales, consiguiendo captar una gran parte de los votos, como demuestra el interés que despiertan las intervenciones de ambos dirigentes, en cada una de las convocatorias que hacen.
Mas se encuentra pues, en una encrucijada de difícil resolución para sí mismo y para los suyos, quizá porque las circunstancias que han caracterizado este periodo de su mandato han derivado de un modo imprevisto hacia otros caminos que divergen de los que en principio se había marcado y que probablemente se le han escapado de las manos, centrándose únicamente en la cuestión de una Independencia, que en el caso de Convergencia y Unió siempre había sido utilizada como moneda de cambio para conseguir más financiación, pero que nunca había sido planteada como una exigencia de obligado cumplimiento.
Claro que durante el tiempo que Mas ha dedicado a enfervorizar los ánimos de los catalanes y a defender la celebración del  Referendum, ha conseguido apartar la vista de los graves problemas que afligen a la ciudadanía, como el paro o los recortes en Sanidad y Educación y que son de su competencia exclusiva, al estar transferidas estas competencias de manera total, sin que Madrid tenga nada que ver en ellas.
Con la Consulta convocada, a Mas le ha llegado la hora de que sus votantes reflexionen sobre cómo les ha ido la vida bajo su mandato y con toda seguridad, más de uno comprobará que lo único bueno que le ha pasado durante este tiempo ha sido poder ilusionarse con desvincularse del Estado español y haber hecho alarde de poder, al desobedecer los mandatos de Rajoy, acudiendo a votar en un Referendum, que ni siquiera fue considerado como tal, fuera de su propio territorio.
Naturalmente, la desilusión será mayúscula y si no se es un independentista convencido, difícilmente se repetirá el voto de las pasadas elecciones, por lo que cualquier cosa puede pasar, hasta que Mas sea desbancado por el auge de formaciones que nada tengan que ver con una política que se ha quedado obsoleta, como Podemos y Ciudatants, que seguramente va a arrancar también muchos votos disconformes con la política de Convergencia.




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