Sólo un día le ha costado a la familia de Bárcenas recaudar
los doscientos mil euros de la finanza, a pesar de que su propio hijo ha
reconocido ante los medios que no han contado con la colaboración de ningún
amigo y que el dinero ha salido, exclusivamente, de su entorno más íntimo.
Parece por tanto, que esta misma tarde podremos ver al ex
tesorero del PP en la calle y que a partir de ahora, cualquier cosa podría
pasar, aunque el hijo ha reconocido también que hace tiempo que no mantienen
relaciones con nadie del que fue su entorno político, utilizando un tono en el
que se adivinaba cierta animadversión hacia los líderes conservadores.
Saber qué hará Bárcenas a partir de ahora y cuáles serán los
pasos que dará mientras espera que se celebre su juicio, constituye un reto
para todos los profesionales de los medios de comunicación que han venido
siguiendo este caso y aunque ya se elucubra con que tiene milimétricamente
estudiadas las líneas de su propia defensa, de momento, el juez Ruz le ha
concedido otros tres días para encontrar un nuevo abogado, en un repentino acto
de comprensión que resulta, al menos, un poco sospechoso.
No cuadra su benevolencia con la teoría de que el gobierno ha
podido mover ciertos hilos para acelerar su liberación, a cambio de silencio,
una vez que el Magistrado ha demostrado que no está dispuesto a obedecer los
mandatos de nadie y tras la declaración del ex tesorero ayer, en la que le
oímos reconocer abiertamente la existencia de una caja B en el PP, más parece
que puede encontrarse dispuesto a colaborar más estrechamente con la justicia,
quizá, revelando nueva información relevante, que pudiera ayudar a esclarecer
hasta qué punto la trama formaba parte de la normalidad entre la cúpula del PP
y quiénes se beneficiaron, al igual que él, de ella.
Acorralado por la soledad en que le han dejado sus ex
compañeros, a Bárcenas no le queda otra salida más que la de confesar lo que
sabe, teniendo, eso sí, extremo cuidado en no complicarse a sí mismo en nuevos
delitos que pudieran añadirse a los que se le imputan y de ahí, haber negado
ayer que el dinero negro recibido, lo fuera, a cambio de posteriores
concesiones de grandes obras públicas, aunque todos sabemos que existieron.
El pulso que tendrá que librar ahora con los líderes del PP,
no va a resultar nada fácil, ya que Rajoy parece dispuesto a terminar esta
legislatura de la manera que sea y sólo la fuerza de unas pruebas determinantes
de su propia implicación en la trama corrupta, podría precipitar una dimisión
que la oposición está pidiendo a gritos y más ahora, que ni siquiera se digna a
comentar el hecho de que la fiscalía acuse al PP, de financiarse ilegalmente,
con el dinero de las millonarias donaciones.
Sin embargo, a Bárcenas, en estos momentos, no debe
preocuparle en absoluto lo que pase con los que fueron sus compañeros y sin
duda ha de estar, necesariamente, más empeñado en encontrar una vía que suavice
lo más posible el negro futuro que se le viene encima, que en considerar si
arrastra en su caída a otros muchos a los que él considera cómplices y que
desde hace tiempo decidieron darle la espalda, abandonándole a su suerte, en
este escabroso asunto.
Mucho dependerá lo que decida de los consejos familiares que
pueda recibir a partir de ahora y por tanto, parece crucial la opinión que
sobre el caso pueda tener su esposa Rosalía, a la que siempre procuró mantener
al margen de sus actividades, sin conseguirlo.
Los lazos que durante mucho tiempo pudieron atar a esta
familia con el Partido Popular, parecen haberse roto para siempre y la
experiencia enseña que las reacciones de un hombre desesperado pueden resultar
absolutamente imprevisibles.
Al hijo de Bárcenas, la verdad, se le adivinaba esta mañana
cierta sed de venganza, mientras se
refería a los ex correligionarios de su padre como “esta gente”.
El tono despectivo con que respondía ante los medios, podría
dar una idea de lo que querría que hiciera su padre.
Los españoles también queremos lo mismo.

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