Están llegando unos mensajes a los móviles de los españoles,
avisando de que Andalucía se ha convertido en uno de los objetivos prioritarios
de los yihadistas, sin que nadie pueda tener certeza de dónde salieron o quién
los envió por primera vez, pero que están causando gran inquietud entre los
ciudadanos que habitan esta parte del territorio nacional.
Se aconseja en estos mensajes huir de los Centros
comerciales, estaciones y aeropuertos, alegando que el gobierno, aunque no la
haya confesado, espera que se produzca
algún atentado en los próximos días y por ello está reforzando la vigilancia en
estos lugares, en los que se empieza a notar un descenso de visitantes, a pesar
de que estamos en época de las rebajas que los ciudadanos suelen aprovechar
para adquirir todo tipo de enseres, a precios más reducidos, para contrarrestar
los efectos de la crisis.
De nuevo, la estrategia del miedo hace mella en el sentir de
la gente y aunque todos sabemos que el tipo de atentados que suelen llevar a
cabo los yihadistas suelen ser indiscriminados e inesperados y de ahí que
continúen produciéndose, el terror a perder la vida de manera violenta nos
hace, necesariamente, evitar los lugares que en estos mensajes se nos indican y
optar por permanecer más en casa, a salvo de toda probabilidad, por pequeña que
sea, de vernos implicados en una masacre programada por algún fanático que aún
cree que parte de nuestro país, le pertenece por derecho.
Y qué curioso es que estas alarmas surgidas de no se sabe
dónde, suelen difundirse siempre en épocas que coinciden con algún
acontecimiento político que puede cambiar el curso de la historia de nuestro
continente y en este caso, casualmente, con la proximidad de unas elecciones en
Grecia que resultan ser verdaderamente preocupantes para los líderes de los
países occidentales, por lo que auguran de revulsión, si acaban por cumplirse
los pronósticos de todas las encuestas.
Es un hecho que estos
terribles atentados consiguen apartar inmediatamente la atención del foco griego y que han necesariamente
de influir en la intención de voto de
los que están a punto de acudir a las urnas, invitándoles a pensar que de
triunfar el partido que parece ser destinado a hacerlo, los ciudadanos podrían
quedar mucho más indefensos ante la barbarie, al no coincidir las ideas del
ganador, con el grueso de las políticas de los grandes líderes europeos.
No es fácil desligar el horror de los atentados de otros
acontecimientos y menos aún, si continuamente alguien se encarga de recordarnos
la amenaza que sobre nosotros se cierne y mucho más, si como en el caso de
Paris o de los trenes madrileños en 2004, las víctimas forman parte de la
ciudadanía y no de responsables políticos dispuestos siempre a intervenir en
asuntos ajenos, por lo que la sociedad siente sobre sí una intimidación que a
todas luces considera injusta, pero que termina por identificar a todo el
grueso de la población, con las decisiones que en los conflictos toman los
gobiernos, las más de las veces, con la oposición contundente de la ciudadanía.
Pasó con nuestra entrada en la guerra de Irak, cuando Aznar
intimó con Bush y con Blair desoyendo el clamor de un país que reclamaba que no
interviniera y ha pasado otras veces, la última ésta de Paris, dejando claro
que los inocentes son quienes pagan los errores de sus políticos.
Sin embargo, hay que mirar adelante y no rendirse a los
efectos nocivos y contagiosos del miedo
y por supuesto, hacer caso omiso de quienes encuentran en alarmarnos un pasatiempo
a través de la red, bien por una mera cuestión de aburrimiento, bien por alguna
otra causa que escapa del todo al entendimiento de la gente normal que no
encuentra en aterrorizar a los demás, una forma de entretenimiento.

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