martes, 27 de enero de 2015

Las ojeras del Presidente


Con un ojo puesto en Atenas y otro en el avance imparable de Podemos, el PP convive estos días con la incertidumbre de no saber en qué momento Bárcenas podría dar un paso adelante en su enfrentamiento personal con la cúpula de Génova, atreviéndose a presentar nuevas pruebas de mayor contundencia que constaten fehacientemente la recepción de sobresueldos en negro y que pudieran finalmente forzar a Rajoy a dimitir y  tener que abandonar la política por la puerta de atrás, con la presunción de ser un delincuente.
Ha salido Bárcenas, como se esperaba, locuaz, agresivo y descaradamente tranquilo en sus múltiples apariciones ante los medios de comunicación, como si estuviera seguro de que el desenlace de esta truculenta historia se escribirá de manera bien distinta a como esperan los líderes del Partido conservador y los acontecimientos venideros fueran a deparar, para otros, alguna que otra desagradable sorpresa.
Afirmando que  Mariano Rajoy no sólo conocía la existencia de la caja B, sino que él mismo recibía cada mes una compensación económica en negro procedente del montante que en ella se ocultaba, demuestra  el ex tesorero que no está dispuesto a asumir en solitario las responsabilidades que se le imputan y que puede guardar bajo la manga algún as mucho más valioso, incluso, de lo que todos imaginábamos.
Si ha llegado a un acuerdo con la justicia para ir dosificando las pruebas que puedan estar en su poder, constituye sin duda uno de los temores más evidentes que debe afrontar el PP y no hay más que observar el nerviosismo con que se mueven sus líderes estos días, sin ser capaces siquiera de responder a las acusaciones de Bárcenas, aún cuando pretendan ofrecer, de cara a la galería, una imagen de falsa unidad que ya no engaña ni al más incauto de los españoles.
Por primera vez, el Presidente tiene ojeras. Ni los recortes, ni la mala gestión que ha venido haciendo en el país, ni las protestas de los múltiples colectivos que han manifestado su oposición en las calles, ni el manifiesto incumplimiento de su programa electoral, lo habían conseguido y ha bastado que su ex tesorero abandonara la prisión y se enfrentara a las cámaras en dos o tres ocasiones, para que su rostro evidencie síntomas de honda preocupación, por mucho que su discurso continúe en la línea de triunfalismo, a que últimamente nos tiene acostumbrados.
Qué le preocupa tanto a Rajoy y por qué vuelve a la estrategia de no nombrar al recién excarcelado, son las preguntas que a día de hoy nos gustaría contestar a todos los que ofrecemos a diario nuestra visión de lo que ocurre en el país, pero cualquier respuesta que pudiéramos aventurar, sería una mera especulación que no cuenta con la solidez de una base real que pudiera confirmar las sospechas.
Pero si es verdad que Bárcenas guarda un arsenal de pruebas incriminatorias y existen, como se dice, grabaciones que confirman lo que ha declarado sin tapujos ante la justicia, el solo pensamiento de que pudieran ver la luz, ya sería motivo suficiente para producir un desasosiego generalizado en la cúpula del Partido Popular y muy particularmente en su Presidente.
Tales pruebas, constituirían en sí mismas, la diferencia entre poder llegar con relativa tranquilidad al final de esta legislatura o tener que abandonar precipitadamente el poder, admitiendo o sin admitir, que se ha incurrido en un grave delito de corrupción, teniendo que soportar, además, que las dolorosas imágenes de la evidencia, sean vistas por la totalidad de los españoles.
Pero solo Bárcenas sabe, desde luego, con qué material cuenta y da la impresión de que en estos momentos parece disfrutar con el dulce sabor de una venganza premeditada durante los diecinueve meses de encarcelación, procurando mantener, al menos por un poco más de tiempo, la angustia en el corazón de los que fueran sus amados compañeros, a los que ahora odia cervalmente, sin pararse a disimularlo.
De momento, se ha convertido en la persona más perseguida por los medios y mientras decide o no qué hacer con la información que posee, se limita a sonreír, como pensando, que verdaderamente es el amo de este sucio y pequeño universo.





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