La designación de Arias Cañete como candidato del PP a las
elecciones europeas, abre una brecha en la inestable vida del gobierno de
Mariano Rajoy y posiblemente traerá consigo una remodelación que el Presidente
podría aprovechar para quitarse de encima a determinados cargos que le han
traído con su gestión, más dolores de cabeza que satisfacciones, a lo largo de
los dos años que han durado en la cúpula.
Nombres como el de Wert, Soria y Mato, que con su mal hacer
han acarreado a Rajoy demasiadas muestras de disconformidad por parte de los
ciudadanos, podrían desaparecer en breve de nuestras vidas, ofreciéndonos la
esperanza de que solo tal vez, sus propuestas políticas pudieran derogarse.
Sin que las elecciones europeas supongan para nosotros algo
que consideremos importante, sí que son un barómetro con el que poder valorar
por primera vez desde su llegada al poder, al PP y un modo de expresar la total
disconformidad que este pueblo viene manifestando permanentemente hacia su política
de recortes económicos, sociales y de derechos.
No conviene pues, practicar la abstención en los próximos
comicios, si verdaderamente nos parece urgente que Rajoy sepa por nuestra
actitud que no toleramos su manera de gestionar los asuntos de Estado y también
para que el principal Partido de la oposición entienda de una vez, que el
tiempo de liderazgo de Rubalcaba ha pasado y que debe abandonar la cabeza del
PSOE, lo más pronto que sea posible.
Por muy desencantados que estemos con los políticos, a causa
de una corrupción que ya no permite creer en ninguno de los habituales
discursos emitidos desde las tribunas mediáticas, no acudir a las urnas en esta
ocasión, podría propiciar que un Rajoy absolutamente sordo ante las peticiones
del pueblo, interprete que la abstención significa que no estamos tan en
desacuerdo con sus políticas, como desde la calle se pretende.
Por eso es esencial que el mensaje le llegue alto y claro a
través de las urnas, ahora que se nos da la posibilidad de que nuestra voz
suene en sus oídos, para que comprenda que de ningún modo puede ni debe
continuar por el camino que eligió y que su mayoría absoluta le permite
recorrer sin sobresaltos, gracias a la legislación vigente.
Sería sin embargo esencial, que por primera vez en muchos años
se rompiera el bipartidismo y que otras formaciones con menos poder, a las que
ni siquiera se escucha con interés en el Parlamento, llegaran a obtener los
votos suficientes para poder dejar claro a las dos grandes formaciones, que su
alternancia en el poder, no es eterna.
Y da igual si es Izquierda Unida o Rosa Díez quien cree una
cierta alarma entre las filas de socialistas y conservadores, si el resultado
de las elecciones establece que ambos pueden perder una hegemonía que ha durado
ya demasiados años.
Con suerte y si la remodelación gubernamental coloca en
determinados puestos a personas un poco menos recalcitrantes que las que ahora
sufrimos, los comicios podrían ayudar a que lo que queda de legislatura
resultara para los españoles, un poco menos gravoso.
Nada vamos a hablar de momento, del debate sobre el
Referendum catalán ocurrido ayer en el Parlamento. El afán independentista de
Mas no es, ni de lejos, una prioridad ni para los catalanes, ni para los
españoles, mucho más interesados en conseguir trabajar, sin que importe
realmente bajo qué bandera.

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