jueves, 3 de abril de 2014

El libro del escándalo


Pide el hijo de Suárez la retirada del libro de Pilar Urbano, que se está convirtiendo, antes de aparecer, en un debate presente en todos los foros, por considerar que injuria gravemente la figura de su recién desaparecido padre y por tanto, negando la teoría de que el Rey conocía y apoyaba la conspiración del 23F, cuestión que también se ha apresurado a desmentir otro de los protagonistas de aquella historia, Felipe González.
Uno no sabe cómo se pueden lanzar determinadas teorías, si son mentira y tampoco comprende si son verdad, por qué quien las propone no aporta a la vez todas las pruebas de que presuntamente dispone, o no se atrevería a proponer afirmaciones tan graves contra nada menos que la cabeza del Estado, arriesgando el prestigio y la carrera, simplemente por publicar un libro.
El momento tampoco es precisamente oportuno, primero porque el ex Presidente acaba de ser enterrado y después, porque al sufrir los españoles  problemas muy graves a consecuencia de la crisis, lo que ocurrió hace treinta tres años, poco o nada importa realmente ahora, por mucho interés que se tenga en llegar al fondo de una verdad, que probablemente nunca terminaremos de conocer del todo.
Una gran mayoría de ciudadanos ni siquiera tiene recursos para comprar el libro de Urbano, ni ningún otro, acuciados como están por la falta de empleo y, por tanto, conceden a este asunto una importancia bastante relativa, de no ser porque viene a echar leña al fuego en el que hoy  arde la imagen de una Monarquía, bastante tocada por asuntos como el del caso Urdangarín y las aventuras viajeras por las que el monarca se ha visto obligado a pedir un perdón que nadie le concedió, a la vista de cómo están las cosas para todos, menos para los de su clase, a quienes la crisis no afecta.
De hecho, solo Izquierda Unida se ha atrevido a pedir explicaciones al Rey y ya ha sido severamente reprendida por los demás Partidos, por considerar que el libro de Urbano no prueba lo que dice y Suárez, desafortunadamente, ya no está, para corroborarlo o desmentirlo.
 Entretanto, el juez Ruz da por sentada la existencia de una contabilidad B en el Partido Popular, en tanto en cuanto presume que Bárcenas sacó de ella trescientos mil euros que después depositó en un Banco suizo y además relaciona directamente el dinero que llegaba a esa caja, con donaciones de empresarios premiados después, con la concesión de importantes obras públicas.
Establecida esta premisa, no cabe sino preguntarse si no se va a exigir en el Parlamento la inmediata dimisión de Rajoy, siendo como es quien dirige los destinos de este Partido y quien para mayor inri, se encuentra en estos momentos ocupando la Presidencia del país, ahora que la justicia le implica directamente en la comisión de un delito como éste, del que lleva intentando zafarse desde el mismo momento en que se conocieron los papeles de su ex tesorero y su inclusión en la lista de los que cobraban sobresueldos.
Si un asunto de tal gravedad se deja pasar, como si la extorsión a empresarios fuera una práctica normal en todos los Partidos, poco o nada se puede esperar de estos políticos, pertenezcan al grupo que pertenezcan.
Sobre todo porque el dinero que se maneja en cualquier proyecto de carácter público procede, no lo olvidemos, de los bolsillos de todos los españoles, a quienes últimamente está costando sangre sudor y lágrimas responder al pago de los innumerables impuestos, que precisamente el PP, se ha encargado de subir de manera escandalosa, en los últimos tiempos.
Lo que recoge Hacienda ha de revertir, necesariamente en bien de los ciudadanos y no servir para subrepticiamente engordar las cuentas en dinero negro de determinados representantes políticos, como presuntamente parece ser la pauta establecida ahora por Ruz, en relación con lo que pasaba en la sede de Génova.
Si cobraron, que lo devuelvan a su lugar de origen, en lugar de exigir a la ciudadanía una contribución forzada para paliar los efectos de la crisis y si delinquieron, que lo paguen, en igual medida que lo pagaría cualquiera que perteneciendo al pueblo llano, se atreviera a defraudar a las arcas públicas, en algún momento de su vida.
¿Cómo va a importar pues el contenido del libro de Urbano, estando como estamos rodeados de la corrupción más feroz de cuántas se han conocido a lo largo de toda nuestra historia?
¿Y cómo confiar en lo que dicen los políticos, si sus acciones contradicen de manera permanente sus palabras y sus discursos no tienen otro apoyo que el de la mentira continua, ignorando la voz de un pueblo que clama por su dignidad, mientras ellos pierden la suya en actos como éstos?.
Solo la contundencia de una Ley sin piedad, podría poner freno a esta inmoralidad presente en todos los ámbitos del poder y solo el que esa ley forzara a abandonar el cargo a los autores de delito, podría conseguir que se volviera a la honestidad que debiera, como principio inalterable, caracterizar a quienes  nosotros pagamos, para que nos representen.


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