miércoles, 23 de abril de 2014

Promesas que borra el viento


Aunque se le esté prestando poca atención, la campaña electoral para las europeas ha empezado y vuelven los discursos políticos cargados de nuevas promesas, de ésas que luego borra el viento.
Como si la dureza de los años vividos pudiera ser olvidada por los españoles y no se guardara en la memoria quiénes han sido los causantes de todas las desdichas, los candidatos de  los Partidos mayoritarios que nos han gobernado alternativamente desde hace tantos años, se colocan delante de la opinión pública con el mismo discurso que desempolvan reiterativamente cada cuatro años, presumiendo de lo que sólo ellos consideran triunfos y asegurando que harán por nosotros, esta vez en el Parlamento europeo, todo aquello que sin embargo no hicieron mientras estuvieron en el poder y que tanto necesitában para sobrevivir, los mismos que les auparon con sus votos.
Hace tiempo que se viene necesitando una Ley que castigue con firmeza el incumplimiento de promesas electorales y no hay más que mirar la trayectoria de este PP que nos gobierna, para comprender qué color tiene la mentira y cómo se llega a dirigir un país, apoyándose en meras falacias.
Los programas que los partidos presentan en las campañas electorales, si no se hubiera perdido todo atisbo de honor, habrían de ser un adelanto de todas las acciones que cada uno acometerá, si los ciudadanos le  premia con la confianza de sus votos.
Porque prometer es fácil, sobre todo si no ocurre nada cuando después se incumplen esas promesas y escribir bellas palabras sobre un papel no tiene secretos para los asesores de campaña, si hay dinero por medio.
Pero cuando las promesas van dirigidas a la totalidad de los ciudadanos, que con sus aportaciones fiscales sostienen el aparato de gobierno, es mucho lo que, teóricamente, empeña quién las hace y por tanto, se convierten en algo que debía poder ser demandado por la sociedad, en caso de no cumplirse.
Si el incumplimiento se castigara por Ley, Rajoy ya no estaría en el gobierno, ni se hubiera atrevido a hacer y deshacer contradiciendo el programa que presentó hace más de dos años.
Los ciudadanos hubiéramos apelado a la justicia, agraviados como hemos sido por todas y cada una de las medidas tomadas y al día de hoy no existirían, ni la Reforma Laboral, ni la Ley Wert, ni otras tantas decisiones tomadas a golpe de Decreto, con el argumento de haber obtenido una mayoría, más que absoluta, absolutista.
Volver ahora a colocarse ante los medios con la misma estrategia y hablar de que la crisis ha finalizado gracias a una gestión que nada ha resuelto realmente, atreviéndose además a seguir prometiendo cosas que nunca se cumplirán, no solo hiere en lo más profundo los principios fundamentales de la Ética, sino que constituye un acto de desvergüenza inconmensurable, que sin embargo, no afecta a sus “ilustres” protagonistas.
Aunque claro, sin medios para combatir estas acciones, los ciudadanos nada podemos hacer para evitar que se nos mienta descaradamente, con la única  intención de volver a conseguir nuestros votos.
Porque, curiosamente, ninguna de las Formaciones que se presentan a las Elecciones, anuncia en el programa que nos ofrece, la necesidad de atajar este problema tan común, que a todos tanto nos afecta.
Ya comprendemos que con la penalización del incumplimiento de promesas electorales, más de uno quedaría en una situación lamentable y no tendría más remedio que pensar muy mucho lo que incluiría en su programa, antes de exponerlo a la consideración de la Sociedad, si después no pudiera llegar a cumplirlo.
Pero ya se sabe, quién hace la Ley, nunca la escribe en propio perjuicio.




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