lunes, 21 de abril de 2014

Un pulso a la Justicia


El final de la instrucción del caso Noos parece que está cerca y los españoles confían en que el Juez Castro mantenga la imputación de la hija del Rey, aunque sobre este asunto pulula la negra sombra de una fiscalía que ya se pronunció en contra de dicha imputación, a pesar de la multitud de indicios que existen para sostenerla.
El dificilísimo pulso que Castro está manteniendo contra una multitud de opositores, no ha hecho hasta ahora mella en su resolución por llegar al fondo de esta cuestión y por ello, parece improbable de todo punto que a estas alturas dé marcha atrás salvando a la Infanta del farragoso asunto en que se metió aceptando, junto a su marido, la titularidad de una serie de Empresas que después han servido, presuntamente, para un desvío constante de fondos públicos.
Pero desde el mismo inicio del caso, personas que por su profesión habrían tenido que dedicarse con firmeza a demostrar la culpabilidad de los implicados, como es el caso del Fiscal Horrach, no han hecho otra cosa que poner trabas al trabajo de la judicatura, sin que se haya aclarado hasta ahora, el motivo de esta contumacia en defender a Cristina de Borbón, de no ser el peso de su apellido o haber sufrido presiones de toda índole, habiendo cedido a ellas, sin ninguna resistencia.
Que no es común que la hija de un Rey tenga que sentarse en un banquillo, todos lo sabemos, pero la trayectoria de este idílico matrimonio en cuestiones laborales y el posterior descubrimiento de que sus actividades habían estado siendo aparentemente delictivas durante varios años, han hecho imprescindible una exhaustiva investigación y se ha contado con la inmensa suerte de que el caso cayera en manos de un Juez honrado, al que ha sido imposible apartar de su intención de que se haga justicia, independientemente de quienes sean los imputados, o de su parentesco con una familia real, últimamente en declive.
Pero una vez que la instrucción sea concluida, que esta línea impecable de trabajo judicial continúe, dependerá enteramente de la Audiencia de Palma, sin que se sepa si finalmente se podrá conseguir que se juzgue a todos los imputados, o si siguiendo las recomendaciones de Horrach, se librará por fin a la Infanta de las sospechas que sobre ella se tienen, arrancándola prácticamente, de las garras de la justicia.
Sobran argumentos para pensar que casi con toda probabilidad la decisión de la Audiencia de Palma irá por estos derroteros, pero de ser así, todo se hará sin haber sopesado las graves consecuencias que este inconmensurable error podría traer, al contradecir severamente los deseos que la opinión pública tiene de que la Justicia en este País, se aplique de manera igualitaria a todos y cada uno de sus ciudadanos.
Zafar a Cristina de Borbón del yugo que la ata al destino de su marido, habiendo como hay, más de cuatrocientas facturas que avalan que se gastó alegremente el dinero procedente de sus empresas, resultaría ser la decisión más arbitraria de cuántas se han tomado en los juzgados españoles en los últimos tiempos, superando los incontables disparates que hemos tenido que soportar en relación a los múltiples casos de corrupción que se han venido barajando, a nivel de todo el territorio patrio.
Nada se pierde sin embargo, si en base a las pruebas existentes se sienta a la Borbón en el banquillo, sin restar una sola brizna de posibilidad de que se defienda, en igual medida en que de seguro lo harán su marido y su socio, como bien mandan las Leyes españolas.
Para eso ya cuenta con el privilegio de poder permitirse ser  asistida por uno de los mejores Bufetes de abogados del País y seguro que no se ahorrarán medios en hacer lo que sea necesario para ahorrarle sufrimientos.
Bastantes prebendas tiene ya la Monarquía, como para encima causar la impresión de que sus miembros pueden comportarse de la manera que quieran, incluso cruzando la línea del delito, sin que todo el aparato del Estado se atreva a poner freno a su desmesura, aboliendo de raíz determinados comportamientos, si los hubiere, exactamente como si quien los protagonizara, fuéramos  cualquiera de nosotros y todo hace pensar que en un caso como éste, nada ni nadie podría salvarnos del peso de la Ley. ¿O no?


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