Las vacaciones de Semana Santa y sobre todo el buen tiempo
reinante, han servido a los españoles para encontrar un alivio a sus penurias
en forma de puestos de trabajo temporal, en el sector de la Hostelería y para
que los negocios relacionados con el turismo avancen lentamente hacia una
recuperación pasajera, que puede verse incrementada de cara al verano.
Muchos padres de familia, que se encontraban en situación
crítica, han visto la oportunidad de poder incorporarse por unos días al mundo
laboral ejerciendo de camareros, contando además con las propinas que ha dejado
la buena voluntad de la gente y que para ellos puede significar un consuelo, al
menos por un corto espacio de tiempo.
El Gobierno enseguida ha aprovechado para echar las campanas
al vuelo y adjudicarse, de cara a las elecciones europeas, unos cuantos tantos
a su favor, como si no supiéramos que el empleo generado en estas
circunstancias dura exactamente, lo que los turistas tardan en abandonar sus
lugares de vacaciones y no supone descenso alguno en las escandalosas listas de
paro que padecemos y que son las más altas de Europa.
A este estado de enfático optimismo ha venido a sumarse el
descubrimiento de un fraude en Andalucía con los dineros destinados a cursos de
formación de desempleados, que otorga al PP una nueva oportunidad de atacar a
su principal enemigo, es decir, a un PSOE cada vez más envuelto en malas
historias de las que le será difícil salir, si no ocurre un milagro de esos que
son, prácticamente inexistentes.
Así que la al trabajo
y por ende, a la campaña electoral, se presupone movidita, por lo que auguramos
ataques de cierta contundencia entre los dos partidos mayoritarios en días
sucesivos y un fuego cruzado de reproches que bien pudiera beneficiar a otras
formaciones que hasta ahora no han saboreado nunca las mieles del poder y que
por lo tanto, ofrecen a la ciudadanía una imagen menos perjudicada de la que el
PP y el PSOE gozan últimamente.
Abundando en el refranero, este río revuelto podría
proporcionar ganancias a otros pescadores, que ven en estas elecciones europeas
una manera de ganar puntos con los que acercarse fortalecidos a los comicios
generales que se celebrarán, si no ocurre nada que lo impida, dentro de unos
dos años.
Rosa Díez y Cayo Lara, si consiguen una mejora sustancial en
la intención de voto de los españoles, tendrían entonces tiempo de ensayar cómo
sería su juego político, en el caso de que su ascensión se materializara en
estos meses, esforzándose por convencer a la ciudadanía de que su manera de
gobernar sería distinta y haciendo lo posible por acercarse a la opinión
reinante en la calle, para dar el empujón final cuando las generales se
encuentren más cerca y con la intención de romper un bipartidismo demasiado
tocado por los casos de corrupción que vienen sacudiendo a las dos fuerzas
mayoritarias.
A nosotros, estos días de asueto nos han servido para
reforzar la paciencia y para hacer acopio de fuerzas que nos permitan después
enfrentarnos a todo lo que nos pueda venir y que ya predecimos que no parece
que vaya a ser nada bueno. Entre los comentarios cada vez más frecuentes de que
habrá una nueva subida del IVA, en cuanto pasen las elecciones, y el fracaso
reiterativo de todas las políticas laborales de don Mariano, ya tenemos para
pensar, mientras nos vamos reincorporando a nuestras obligaciones, por unos
días, absolutamente olvidadas.
Eso sí, tenemos claro que, en principio, no pensamos creer
ninguno de los discursos que sobrevendrán en la recién abierta campaña
electoral, pues nadie nos ofrece la menor confianza, ahora que ya nos
conocemos.
Y aunque a alguien tendremos que votar, prometemos que no
será a los grandes, porque ninguno de ellos se lo merece.

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