La paranoia política de Artur Mas, que potencia un
nacionalismo cada vez más cercano a la radicalidad, incitando tácitamente al
odio con iniciativas como el Simposio “España contra Cataluña”, está empezando
a cansar ostensiblemente a la gente de a pie del estado español que, en su inmensa
mayoría, ni se considera anticatalanista, ni mucho menos, ha hecho jamás nada
para reprimir la idiosincrasia que caracteriza este territorio y que por lo
tanto, no entiende las esperpénticas teorías del líder de Convergencia y Unió,
que demoniza continuamente la condición de ser español, como si se tratara de
una plaga de la que hay que deshacerse, a la mayor brevedad.
Recordando con cada una de sus intervenciones a ese nacionalismo exacerbado que hizo caer a Alemania en el periodo más
negro de toda su historia y aún en el caso hipotético de que su lucha vaya
dirigida exclusivamente contra las teorías expresadas por el PP, cae Mas en el
error de colocar a todos los españoles en una misma línea de pensamiento
contrario por naturaleza a los intereses de Cataluña, olvidando que
afortunadamente, hace ya muchos años que vivimos en Democracia y que cada uno
de los habitantes de esta nación tiene la libertad de poder elegir su
ideología, que en la mayoría de los casos, nada tiene que ver con la de Rajoy y
su Partido.
Propiciar continuos enfrentamientos sin hacer distinciones
entre nosotros, sólo puede reportar a Artur Mas problemas no deseados de los
que con toda probabilidad le será difícil escapar, si finalmente su
enardecimiento consigue crear una oposición a sus doctrinas, que en principio
es inexistente, pero que podría surgir si continúa acercando la mecha a un
material que se está transformando en inflamable.
Los españoles no deseamos una guerra abierta contra los
catalanes y de hecho, con los problemas que nos acucian en la actualidad, nos
importa un carajo cómo organicen sus vidas o si hablan o no el idioma de sus
ancestros.
La preocupación que ahora mismo absorbe toda nuestra energía
es, para tranquilidad de Artur Mas, salir a la mayor brevedad de las
abultadísimimas listas del INEM y recuperar cuanto antes las prestaciones
sociales que nos ha robado el Gobierno Rajoy, con sus políticas de recortes ,
aprobadas a golpe de Decreto.
En realidad, los españoles pensamos que en esto coincidimos
plenamente con el sentir de los catalanes, que al igual que nosotros se han
visto afectados también por las mismas carencias, en su caso traídas por la
manera de gobernar de un Artur Mas, demasiado parecido en su línea, al
Presidente español del que tanto
abomina.
Nosotros esperamos con impaciencia la oportunidad electoral
de “agradecer” a Rajoy sus años de mandato e imaginamos que los catalanes
ansían del mismo modo que llegue el momento de retirar a Mas la confianza que
le otorgaron, independientemente o no, de si desean la independencia.
Por tanto y considerando que la inteligencia de los catalanes
está necesariamente, muy por encima de las soflamas políticas de quiénes les
gobiernan, en esta parte de la península se piensa que difícilmente permitirán
que la oleada independentista inflada por Mas, nuble la mente de los ciudadanos
haciéndoles olvidar la manera que ha tenido su Presidente de afrontar problemas
cotidianos como la Sanidad o la Educación, allá dónde viven.
Teniendo en cuenta que Mas ha incurrido en los mismos errores
que el gobierno central, en todo aquello que al estar transferido es sólo de su
competencia, es lícito pensar que la Consulta Soberanista no paliará en nada
los resultados de su pésima gestión y habrá de ser, por tanto, considerada como
algo que en nada incide sobre la vida diaria de los catalanes.
Habría que plantearse seriamente qué pasaría al día siguiente
de conseguir la tan reclamada independencia y si el estado de malestar en que
también Cataluña se encuentra sumida y no precisamente por culpa de los
ciudadanos españoles, cambiaría para mejor, bajo la batuta de la derecha
burguesa a la que representa Mas, una vez que pudiera reinar en solitario,
sobre su tan amado País.
Anunciar a bombo y platillo la fecha de convocatoria puede valer como intento de presionar a Rajoy para conseguir a cambio una serie de beneficios. Lograr que se lleve a cabo legalmente, queda lejos de la realidad y Mas lo sabe, como lo sabía un Ibarretxe al que ya ni siquiera nadie recuerda.

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