jueves, 12 de diciembre de 2013

Una fecha lejana


La paranoia política de Artur Mas, que potencia un nacionalismo cada vez más cercano a la radicalidad, incitando tácitamente al odio con iniciativas como el Simposio “España contra Cataluña”, está empezando a cansar ostensiblemente a la gente de a pie del estado español que, en su inmensa mayoría, ni se considera anticatalanista, ni mucho menos, ha hecho jamás nada para reprimir la idiosincrasia que caracteriza este territorio y que por lo tanto, no entiende las esperpénticas teorías del líder de Convergencia y Unió, que demoniza continuamente la condición de ser español, como si se tratara de una plaga de la que hay que deshacerse, a la mayor brevedad.
Recordando con cada una de sus intervenciones  a ese nacionalismo exacerbado  que hizo caer a Alemania en el periodo más negro de toda su historia y aún en el caso hipotético de que su lucha vaya dirigida exclusivamente contra las teorías expresadas por el PP, cae Mas en el error de colocar a todos los españoles en una misma línea de pensamiento contrario por naturaleza a los intereses de Cataluña, olvidando que afortunadamente, hace ya muchos años que vivimos en Democracia y que cada uno de los habitantes de esta nación tiene la libertad de poder elegir su ideología, que en la mayoría de los casos, nada tiene que ver con la de Rajoy y su Partido.
Propiciar continuos enfrentamientos sin hacer distinciones entre nosotros, sólo puede reportar a Artur Mas problemas no deseados de los que con toda probabilidad le será difícil escapar, si finalmente su enardecimiento consigue crear una oposición a sus doctrinas, que en principio es inexistente, pero que podría surgir si continúa acercando la mecha a un material que se está transformando en inflamable.
Los españoles no deseamos una guerra abierta contra los catalanes y de hecho, con los problemas que nos acucian en la actualidad, nos importa un carajo cómo organicen sus vidas o si hablan o no el idioma de sus ancestros.
La preocupación que ahora mismo absorbe toda nuestra energía es, para tranquilidad de Artur Mas, salir a la mayor brevedad de las abultadísimimas listas del INEM y recuperar cuanto antes las prestaciones sociales que nos ha robado el Gobierno Rajoy, con sus políticas de recortes , aprobadas a golpe de Decreto.
En realidad, los españoles pensamos que en esto coincidimos plenamente con el sentir de los catalanes, que al igual que nosotros se han visto afectados también por las mismas carencias, en su caso traídas por la manera de gobernar de un Artur Mas, demasiado parecido en su línea, al Presidente español  del que tanto abomina.
Nosotros esperamos con impaciencia la oportunidad electoral de “agradecer” a Rajoy sus años de mandato e imaginamos que los catalanes ansían del mismo modo que llegue el momento de retirar a Mas la confianza que le otorgaron, independientemente o no, de si desean la independencia.
Por tanto y considerando que la inteligencia de los catalanes está necesariamente, muy por encima de las soflamas políticas de quiénes les gobiernan, en esta parte de la península se piensa que difícilmente permitirán que la oleada independentista inflada por Mas, nuble la mente de los ciudadanos haciéndoles olvidar la manera que ha tenido su Presidente de afrontar problemas cotidianos como la Sanidad o la Educación, allá dónde viven.
Teniendo en cuenta que Mas ha incurrido en los mismos errores que el gobierno central, en todo aquello que al estar transferido es sólo de su competencia, es lícito pensar que la Consulta Soberanista no paliará en nada los resultados de su pésima gestión y habrá de ser, por tanto, considerada como algo que en nada incide sobre la vida diaria de los catalanes.
Habría que plantearse seriamente qué pasaría al día siguiente de conseguir la tan reclamada independencia y si el estado de malestar en que también Cataluña se encuentra sumida y no precisamente por culpa de los ciudadanos españoles, cambiaría para mejor, bajo la batuta de la derecha burguesa a la que representa Mas, una vez que pudiera reinar en solitario, sobre su tan amado País.
Anunciar a bombo y platillo la fecha de convocatoria puede valer como intento de presionar a Rajoy para conseguir a cambio una serie de beneficios. Lograr que se lleve a cabo legalmente, queda lejos de la realidad y Mas lo sabe, como lo sabía un Ibarretxe al que ya ni siquiera nadie recuerda.






No hay comentarios:

Publicar un comentario