domingo, 1 de diciembre de 2013

Adiós a las mayorías


Sólo dos años de gobierno de Rajoy, han bastado para dejar muy claro a los ciudadanos  lo nefastas que resultan las mayorías absolutas, al convertir en una especie de reyezuelo a quién las obtuvo en las urnas, concediéndole patente de corso para hacer y deshacer a voluntad, sin que haya forma legal de remediarlo.
Esto queda perfectamente reflejado en la intención de voto que anuncian las últimas encuestas y que auguran la imagen de un Parlamento fragmentado, en el que la posibilidad de formar gobierno no dependa sólo de un Partido, sino de tener que formar coaliciones de varias siglas, para beneficio de lo que pueda ocurrir a la sociedad, en la próxima legislatura.
Cansados de ser vapuleados a golpe de decreto, sin que las enormes pérdidas sufridas en el terreno laboral y social les dé  derecho a poder prescindir de los servicios de Rajoy, a pesar del descontento general que provoca su gestión, los españoles parecen haber decidido que harán lo posible porque nunca más se presente en el panorama político español una situación como la que están sufriendo, sin siquiera poder ganar una moción de Censura que permitiera una nueva convocatoria de elecciones, a causa de una sórdida mayoría, que gana a la suma de todos los demás, por una simple cuestión numérica.
El ejemplo de la aprobación de la Lay Wert, que desde el principio ha contado con la oposición de todos las demás formaciones políticas, viene a ilustrar perfectamente el despotismo que ha supuesto este periodo negro de gobierno de la derecha y los malos resultados que está dando en el país un bipartidismo, ahora que ninguno de los dos partidos mayoritarios consigue convencer a la opinión pública de la clase de política que se ha practicado, en estos últimos años de crisis profunda.
Es bueno que un aire fresco consiga colarse, al fin, por las ventanas del cerrado recinto parlamentario y que sea necesario un consenso entre varios Partidos para que determinadas decisiones salgan adelante o no, según se tercie en cada momento.
Y es bueno que quienes no se sienten representados por ninguna de las fuerzas políticas fuertes comprendan que su esfuerzo al acudir a las urnas, otorgando su confianza a Partidos más pequeños, sean recompensados con la posibilidad de que alguno de ellos comparta responsabilidad de gobierno, ejerciendo un labor de frenado, ante alguna de las muchas tropelías que últimamente se vienen practicando contra este sufrido pueblo.
El periodo en que reinar era cosa de dos, parece que afortunadamente, está a punto de terminar y que PP y PSOE tendrán necesariamente que reflexionar sobre los gravísimos errores que han cometido y aprender que la opinión de los demás también es importante, al representar a una serie de ciudadanos que asímismo, forman parte de este país, sin que nunca se haya tenido en cuenta su opinión, ni en los gobiernos, ni en el Parlamento.
La voz de la calle, la perseverancia de los colectivos que han mantenido una lucha sin tregua, desde que el movimiento del 15M sacó a las calles a los hombres y mujeres de todo el territorio nacional, en demanda de un cambio radical en el campo de la política, parece que podría encontrar un sitio de honor en el arco parlamentario y lo que es aún mejor, que su colaboración sería imprescindible, para la aprobación de medidas que afectan al conjunto de los españoles.
Gane pues quien gane los próximos comicios, su fuerza se verá mermada de manera considerable si como se espera, no quede otro remedio que recurrir a negociaciones con otros, para formar gobierno.
Puede que de este modo, los ciudadanos podamos recuperar el sosiego necesario para continuar con nuestras vidas, sin el miedo de ser sorprendidos cada mañana con la aprobación de un decreto que nos empuje un poco más hacia el abismo y sin que nuestra oposición sea ni siquiera oída por nuestros gobernantes, tan eficaces en ejercer el poder tiránicamente, apoyados por una legalidad que moralmente, resulta absolutamente inaceptable.





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