Sólo dos años de gobierno de Rajoy, han bastado para dejar
muy claro a los ciudadanos lo nefastas
que resultan las mayorías absolutas, al convertir en una especie de reyezuelo a
quién las obtuvo en las urnas, concediéndole patente de corso para hacer y
deshacer a voluntad, sin que haya forma legal de remediarlo.
Esto queda perfectamente reflejado en la intención de voto
que anuncian las últimas encuestas y que auguran la imagen de un Parlamento
fragmentado, en el que la posibilidad de formar gobierno no dependa sólo de un
Partido, sino de tener que formar coaliciones de varias siglas, para beneficio
de lo que pueda ocurrir a la sociedad, en la próxima legislatura.
Cansados de ser vapuleados a golpe de decreto, sin que las
enormes pérdidas sufridas en el terreno laboral y social les dé derecho a poder prescindir de los servicios de
Rajoy, a pesar del descontento general que provoca su gestión, los españoles
parecen haber decidido que harán lo posible porque nunca más se presente en el
panorama político español una situación como la que están sufriendo, sin
siquiera poder ganar una moción de Censura que permitiera una nueva
convocatoria de elecciones, a causa de una sórdida mayoría, que gana a la suma
de todos los demás, por una simple cuestión numérica.
El ejemplo de la aprobación de la Lay Wert, que desde el
principio ha contado con la oposición de todos las demás formaciones políticas,
viene a ilustrar perfectamente el despotismo que ha supuesto este periodo negro
de gobierno de la derecha y los malos resultados que está dando en el país un
bipartidismo, ahora que ninguno de los dos partidos mayoritarios consigue
convencer a la opinión pública de la clase de política que se ha practicado, en
estos últimos años de crisis profunda.
Es bueno que un aire fresco consiga colarse, al fin, por las
ventanas del cerrado recinto parlamentario y que sea necesario un consenso
entre varios Partidos para que determinadas decisiones salgan adelante o no,
según se tercie en cada momento.
Y es bueno que quienes no se sienten representados por
ninguna de las fuerzas políticas fuertes comprendan que su esfuerzo al acudir a
las urnas, otorgando su confianza a Partidos más pequeños, sean recompensados
con la posibilidad de que alguno de ellos comparta responsabilidad de gobierno,
ejerciendo un labor de frenado, ante alguna de las muchas tropelías que
últimamente se vienen practicando contra este sufrido pueblo.
El periodo en que reinar era cosa de dos, parece que
afortunadamente, está a punto de terminar y que PP y PSOE tendrán
necesariamente que reflexionar sobre los gravísimos errores que han cometido y
aprender que la opinión de los demás también es importante, al representar a
una serie de ciudadanos que asímismo, forman parte de este país, sin que nunca
se haya tenido en cuenta su opinión, ni en los gobiernos, ni en el Parlamento.
La voz de la calle, la perseverancia de los colectivos que
han mantenido una lucha sin tregua, desde que el movimiento del 15M sacó a las
calles a los hombres y mujeres de todo el territorio nacional, en demanda de un
cambio radical en el campo de la política, parece que podría encontrar un sitio
de honor en el arco parlamentario y lo que es aún mejor, que su colaboración
sería imprescindible, para la aprobación de medidas que afectan al conjunto de
los españoles.
Gane pues quien gane los próximos comicios, su fuerza se verá
mermada de manera considerable si como se espera, no quede otro remedio que
recurrir a negociaciones con otros, para formar gobierno.
Puede que de este modo, los ciudadanos podamos recuperar el
sosiego necesario para continuar con nuestras vidas, sin el miedo de ser
sorprendidos cada mañana con la aprobación de un decreto que nos empuje un poco
más hacia el abismo y sin que nuestra oposición sea ni siquiera oída por
nuestros gobernantes, tan eficaces en ejercer el poder tiránicamente, apoyados
por una legalidad que moralmente, resulta absolutamente inaceptable.

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