miércoles, 4 de diciembre de 2013

El belén de la crisis


El cura de Momán, un pequeño pueblo de Burgos, ha montado este año un curioso Belén, que refleja en toda su extensión, sin abandonar el tema bíblico, la crudeza de la crisis y otorga a cada una de las figuras pertenecientes a esta historia, justo el papel que tendrían, si el nacimiento de Jesús se produjera aquí y ahora.
Para empezar, el portal de Belén se encuentra vacío al haber sido María y José desahuciados por falta de pago y ambos, con su hijo recién nacido, se manifiestan en la puerta del palacio de Herodes, protagonizando un escrache, en contra de la política que este personaje está practicando en Judea.
También los Reyes Magos se han visto afectados por la realidad en que vivimos, ya que al no tener Baltasar los papeles exigidos por la ley, no se le ha permitido la entrada en el país y le encontramos intentando saltar una valla fronteriza coronada de alambre espinoso, exactamente igual que la que el gobierno Rajoy ha colocado en Melilla.
No se corta el párroco de Momán, al exponer lo que piensa del papel que está jugando la Iglesia oficial española en este momento, ni en manifestar su total oposición al camino que sigue la curia, en relación con los problemas que ha traído la crisis.
Y dice, con toda la razón, que de vivir Jesús en estos momentos, no le cabe la menor duda que estaría en la calle al lado de los afectados y no en los palacios arzobispales, vistiendo ropa de Armani y negociando concordatos, siempre en busca de fondos para sufragar una vida de lujo que perpetúe la grandeza económica de la Iglesia.
No sabemos qué pensarán sus superiores de la postura adoptada por este humilde cura de pueblo o si decidirán, como puede pensarse, sancionar de alguna manera el atrevimiento de haber montado este Belén, que tantas correspondencias tiene con la cotidianidad que vivimos.
Tampoco parece que al protagonista de esta historia le importe en demasía, ni que le cause ninguna preocupación que disentir de las directrices que propugna su Iglesia y  manifiesta abiertamente su intención de seguir al pie de la letra lo que le marca su doctrina, aunque esto suponga un enfrentamiento permanente con sus superiores, que incluso pudieran apartarle de su labor pastoral, simplemente por estos hechos.
En realidad, los curas que comparten estos pensamientos, que los hay, están bastante acostumbrados a que las jerarquías eclesiásticas procuren acallar un mensaje, que bien podía haber salido de los labios de Cristo y prefieren convivir entre aquellos que nada tienen, en lugar de en lujosas mansiones que nada les aportan a nivel personal, al estar vacías de los verdaderos valores que deben mover las relaciones entre los hombres.

La valentía de montar este Belén dice mucho de la categoría personal y humana de este sacerdote y deja en nosotros el gusto dulce de saber que en el mundo quedan aún personas dispuestas a prestar su ayuda desinteresadamente y por vocación, precisamente a aquellos que más lo necesitan y que están siendo las verdaderas víctimas de esta crisis interminable y asesina.

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