El cura de Momán, un pequeño pueblo de Burgos, ha montado
este año un curioso Belén, que refleja en toda su extensión, sin abandonar el
tema bíblico, la crudeza de la crisis y otorga a cada una de las figuras
pertenecientes a esta historia, justo el papel que tendrían, si el nacimiento
de Jesús se produjera aquí y ahora.
Para empezar, el portal de Belén se encuentra vacío al haber
sido María y José desahuciados por falta de pago y ambos, con su hijo recién
nacido, se manifiestan en la puerta del palacio de Herodes, protagonizando un
escrache, en contra de la política que este personaje está practicando en
Judea.
También los Reyes Magos se han visto afectados por la
realidad en que vivimos, ya que al no tener Baltasar los papeles exigidos por
la ley, no se le ha permitido la entrada en el país y le encontramos intentando
saltar una valla fronteriza coronada de alambre espinoso, exactamente igual que
la que el gobierno Rajoy ha colocado en Melilla.
No se corta el párroco de Momán, al exponer lo que piensa del
papel que está jugando la Iglesia oficial española en este momento, ni en
manifestar su total oposición al camino que sigue la curia, en relación con los
problemas que ha traído la crisis.
Y dice, con toda la razón, que de vivir Jesús en estos
momentos, no le cabe la menor duda que estaría en la calle al lado de los
afectados y no en los palacios arzobispales, vistiendo ropa de Armani y
negociando concordatos, siempre en busca de fondos para sufragar una vida de
lujo que perpetúe la grandeza económica de la Iglesia.
No sabemos qué pensarán sus superiores de la postura adoptada
por este humilde cura de pueblo o si decidirán, como puede pensarse, sancionar
de alguna manera el atrevimiento de haber montado este Belén, que tantas correspondencias
tiene con la cotidianidad que vivimos.
Tampoco parece que al protagonista de esta historia le
importe en demasía, ni que le cause ninguna preocupación que disentir de las
directrices que propugna su Iglesia y
manifiesta abiertamente su intención de seguir al pie de la letra lo que
le marca su doctrina, aunque esto suponga un enfrentamiento permanente con sus
superiores, que incluso pudieran apartarle de su labor pastoral, simplemente
por estos hechos.
En realidad, los curas que comparten estos pensamientos, que
los hay, están bastante acostumbrados a que las jerarquías eclesiásticas
procuren acallar un mensaje, que bien podía haber salido de los labios de
Cristo y prefieren convivir entre aquellos que nada tienen, en lugar de en
lujosas mansiones que nada les aportan a nivel personal, al estar vacías de los
verdaderos valores que deben mover las relaciones entre los hombres.
La valentía de montar este Belén dice mucho de la categoría
personal y humana de este sacerdote y deja en nosotros el gusto dulce de saber
que en el mundo quedan aún personas dispuestas a prestar su ayuda
desinteresadamente y por vocación, precisamente a aquellos que más lo necesitan
y que están siendo las verdaderas víctimas de esta crisis interminable y
asesina.

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