Para el estreno del próximo año, el PP nos regala una nueva
subida de las tarifas eléctricas, que sumada a las que ya hemos sufrido en los
últimos doce meses, encarece el precio de la electricidad y el gas en más de un
setenta por ciento.
Esto supondrá para miles de familias con escasez de recursos,
tener que soportar la crudeza del invierno, sin poder permitirse utilizar la
calefacción, teniendo que racionar, además, el agua caliente, por no poder
hacer frente a las enormes facturas que se nos avecinan.
Lo habían negado por activa y por pasiva, pero finalmente el
Ministro Soria ha tenido que admitir que no han funcionado las negociaciones
que se estaban llevando a cabo y que los bolsillos de los españoles estarán, a
partir de Enero, un poco más vacios, si cabe, de lo que ya estaban a causa de
los efectos de esta crisis.
A propuesta de Izquierda Unida y con el apoyo de otras
fuerzas políticas, se intentó ayer en el Parlamento que al menos se respetara
que las personas con menos recursos pudieran dejar de abonar la factura de la
luz durante el invierno, sin que se les cortara el suministro, pero la mayoría
absoluta del PP volvió a impedir que esta medida de carácter social se
aprobara, con la negativa de sus votos.
Lo peor es que justificaron esta incomprensible iniciativa,
queriendo vender el argumento de que la formación conservadora está más
preocupada que ninguna otra por las medidas sociales y se atrevieron a
mencionar la Reforma Laboral como ejemplo del tipo de soluciones que Rajoy ha
tomado para remediar las carencias que todos estamos sufriendo, volviendo a
poner en tela de juicio la inteligencia de los ciudadanos y más aún, la de
todos aquellos a quienes precisamente esta medida ha colocado en las filas del
desempleo, que no podemos olvidar afecta ya a cerca de seis millones de
españoles.
Sin querer hacer declaraciones, el Presidente
Rajoy pasó después entre los numerosos periodistas que le aguardaban en la
salida, como siempre, sin querer hacer declaraciones, a pesar de la insistencia
de los profesionales en conocer el motivo por el que su partido negaba una
ayuda tan necesaria a los más humildes del país.
Pero los españoles ya estamos acostumbrados a que Rajoy
gobierne en contra de nuestras opiniones y no puede extrañarnos su silencio y
aunque todos pensemos que como ciudadanos mereceríamos de vez en cuando que se
nos diera alguna explicación, nos vemos ante la imposibilidad de forzar a quien
taxativamente se niega a hacerlo, aunque nuestro deseo, cada vez que esto pasa,
sería poder acogernos a recursos legales que le apearan inmediatamente del
poder, en lugar de tener que soportar otros dos años de su nefasto mandato.
Sin embargo, nos resulta difícil comprender que un partido
que proviene directamente de las filas del catolicismo ignore las desgracias de
los más pobres y se niegue a prestarles ayuda en algo tan básico como puede ser
la necesidad de alguna fuente de calor en la intimidad de sus hogares,
abandonando a estas personas a su suerte, como si hubieran necesariamente de quedar
socialmente excluidos por razones meramente económicas y sin que a nadie muevan
motivos de conciencia para romper una disciplina de voto, que choca
frontalmente con los principios de humanidad por los que todos debiéramos
regirnos.
Las consecuencias que traerá esta negativa, no tardarán en
aparecer y aún tendremos que soportar los españoles la aparición de alguna
noticia que nos cuente que alguien ha muerto de frio, en esta España del siglo XXI,
que cada vez se parece más a la del periodo de la posguerra.

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