La desconexión de Canal Nou, llevada a cabo con nocturnidad y
alevosía, deja en la calle a mil
seiscientos trabajadores, a las puertas mismas de la Navidad y provoca por
primera vez en mucho tiempo, un plante de todos los medios de comunicación a un
gobierno valenciano agobiado por unas
deudas que en gran parte, se deben a los incontables casos de corrupción
económica e intelectual y que no ha conseguido convencer a los ciudadanos con
su táctica de chantaje emocional, hasta el punto de que una gran mayoría pide a
gritos la dimisión de su Presidente, considerando que el cierre de la TV
pública es la gota que colma el vaso de su infinita paciencia.
Teniendo en cuenta el tipo de información que ofrecía Canal
Nou, su cierre no representa para los ciudadanos una gran pérdida, en el
sentido de poder dar credibilidad a los contenidos que a través de las ondas
emitía, pero sí que los deja huérfanos de una parte de su identidad personal,
privándoles de la oportunidad de acceder a una cadena, estrechamente ligada a
las raíces de su Comunidad, por muy manipulada que estuviese.
Pero, ¿quién ha generado las deudas que han llevado al
gobierno valenciano a la decisión de echar el cierre, a pesar de saber que con
él está perdiendo un gran apoyo de su gestión y el más importante sostén de la
popularidad de sus líderes?
Teniendo en cuenta que la Comunidad Valenciana ha sido
considerada tradicionalmente como el mayor granero de votos populares, no cabe
otra posibilidad que la de asignar toda la responsabilidad de lo sucedido,
únicamente al Partido conservador que hoy nos gobierna y aunque las exigencias
de los ciudadanos de conocer la verdad de los hechos, probablemente no se vean
nunca satisfechas, no se podrá negar que si la televisión valenciana fracasó,
no se puede achacar la culpa a otros que no sean, quienes la gestionaron desde
un principio.
No caben pues excusas que traten de suavizar la rotundidad de
la evidencia, ni usar el parapeto de poner por delante otras necesidades más
urgentes para justificar el cierre de la cadena, pues los mismos que se escudan
en hacer creer que sanidad o educación son más importantes ahora, que el medio
informativo que hacen desaparecer, son los que no pueden ofrecer más que el
balance ruinoso que acredita sus propios errores al gestionar la marcha del
Ente y su empeño en dar cabida en él a muchísimo más personal del que era en
realidad necesario, en muchos casos provenientes de cargos políticos que
hubieron de abandonar, por razones de toda índole que ahora no vienen al caso,
pero que se podrían investigar, llegando a conclusiones inauditas.
Mucho le va a costar a Fabra convencer a sus conciudadanos de
la inocencia de su partido en este caso y mucho más, a todos aquellos que no
perteneciendo a su comunidad, hemos podido ver desde fuera el despilfarro
continuado que ha llevado a tan desastroso final a la televisión valenciana y
todo hace presagiar que el asunto de Canal Nou podría conseguir que la
supremacía del PP se vea seriamente amenazada en próximos comicios, si como se
supone, la situación actual no se remedia.
Y no es que los valencianos no tengan otras muchas razones
para dejar de votar al PP, que las tienen, sino que el cierre de la cadena ha
supuesto para ellos la visión real y en directo, de cómo funcionan las
instituciones de su comunidad y la certeza de cuántas sospechas pudieran tener
de la dureza de su política.
Que la emisión haya sido retirada mientras los ciudadanos
dormían, deja claro que cualquier otra cosa de vital importancia para ellos,
podría igualmente suceder de la misma manera, llegando a sorprenderles sin
previo aviso, cualquier mañana, de cualquier futuro día.
A ver si en Valencia ya no se va a poder dormir tranquilo,
por temor a lo que pueda ocurrir en la oscuridad de la noche.

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