Forzosamente paralizada por el ataque de un virus
incapacitante, manifestado en forma de vértigos, no me ha quedado otro remedio
que desconectar de cualquier actividad, incluida la escritura y mantenerme en
posición horizontal, que era la única que paliaba medianamente los síntomas,
perdiéndome la oportunidad de contar
todas las cosas interesantes que han ido pasando durante esta última semana.
Como si los dioses se hubieran conjurado, la actualidad ha
estado bullendo a mi alrededor estrepitosamente, causándome la natural
inquietud por no poder ocupar mi sitio ante el papel, a pesar de la dolorosa
indignación que me provocaban ciertos acontecimientos.
Querría destacar como suceso primordial, el cierre de la
televisión valenciana, por orden del gobierno autonómico, tras conocerse la
sentencia que obligaba a readmitir a la totalidad de los trabajadores
despedidos por un ERE y que ha precipitado el consiguiente disgusto morrocotudo
en los dirigentes del PP que gobiernan Valencia y que no han visto otra
solución mejor que acabar con el Ente público autonómico, con argumentos
cercanos al chantaje emocional, que ni han convencido a los trabajadores, ni a
una ciudadanía realmente a favor de la continuidad de las emisiones, quizá por
considerarlas como una seña de identidad, al emitirse en su propio idioma y
formar parte de su lugar de residencia.
El Presidente de la Generalitat se ha atrevido a decir que
prefiere cerrar una televisión con deudas millonarias, que tener que prescindir
de colegios u hospitales, en un burdo intento de hacer pensar a los valencianos
sobre cuáles son realmente unas prioridades que, en la realidad, ni tienen por
qué mezclarse, ni forman parte de las mismas partidas de unos gastos que, por
cierto, nadie asume haber hecho en el caso de la televisión y que, a la par,
siguen recortándose como en todo el territorio nacional, también en Sanidad y
en Educación.
A raíz de la decisión gubernamental, sin embargo, los
trabajadores han seguido emitiendo y aprovechando la ausencia de vigilancia,
han empleado estos pocos días en denunciar la terrible censura a que han sido
sometidos durante veinte años, por parte de los dirigentes autonómicos del PP,
contando que les obligaban a ocultar cualquier contenido que resultara
desfavorable para los intereses de un partido, continuamente tocado por graves
casos de corrupción en esa parte de España.
Inmediatamente contestados por toda la prensa declaradamente
oficialista, que les ha acusado
directamente de una inexplicable cobardía, al no haber hecho nunca referencia a
esta censura encubierta durante el tiempo en que han trabajado en el Ente,
muchos de ellos han manifestado que a quienes se atrevían siquiera a sugerir la
manipulación de contenidos, se les
relegaba inmediatamente a puestos de menos responsabilidad, impidiéndoles en
cualquier caso ascender en la empresa, de lo que han dado fe varios afectados
por tales medidas, como prueba evidente de la veracidad de estos hechos.
Al escándalo del cierre televisivo, se ha sumado además, la
detención de una decena de dirigentes de la Caja del Mediterráneo, que habían
estado preparando minuciosamente una huida colectiva al Caribe, tras una
millonaria fuga de capitales, en gran parte provenientes de los ahorros
invertidos en preferentes, que les aseguraba un brillante porvenir a todos
ellos, lejos de las penurias de la crisis y forrados hasta los dientes, en
aquellos destinos idílicos.
El juez Bermúdez se ha encargado de frustrar tan “magníficos” planes y los ha puesto a
todos exactamente donde tenían que estar, es decir, entre rejas, al menos
mientras investiga el auténtico alcance de los hechos, con la idea de exigir
responsabilidades a quienes corresponda, independientemente esperamos, de su rango, su apellido o su oficio, como
debiera ser siempre, cuando se trata de autores de delitos.
También siguen apareciendo pruebas de la implicación de la
Infanta Cristina en las empresas de Urdangarín, por lo que la ciudadanía
mantiene la ilusión de que el juez Castro pueda conseguir finalmente su
imputación, a pesar de las terribles presiones que está sufriendo para que no
sea así, incluyendo amenazas personales y otras muchas “lindezas”.
Entretanto, una serie de etarras implicados en multitud de
crímenes, salen por las puertas de las prisiones españolas, en cumplimiento de
la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, o al menos eso se nos quiere hacer
pensar, aunque algunos creamos que lo que está ocurriendo es que existe una
negociación encubierta entre el gobierno y ETA, para conseguir el abandono
final de las armas.
Así que como ven, los virus no solo han afectado esta semana
a gente corriente como yo, sino que parecen haberse instalado a todo lo largo y
ancho del País, enfermando indiscriminadamente a todos los ámbitos de la
Sociedad con su nocividad, sin que de momento, se haya dado con un tratamiento
eficaz que los destruya, ni con una vacuna prodigiosa que procure su
erradicación para siempre, como a todos nos gustaría.
Y lo que es peor, con los recortes practicados en
investigación, mucho nos tememos que al final, acaben convirtiéndose en
pandemia, a la vista de lo que acontece a diario frente a nuestros atónitos
ojos.

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