domingo, 10 de noviembre de 2013

Virus propios y ajenos


Forzosamente paralizada por el ataque de un virus incapacitante, manifestado en forma de vértigos, no me ha quedado otro remedio que desconectar de cualquier actividad, incluida la escritura y mantenerme en posición horizontal, que era la única que paliaba medianamente los síntomas, perdiéndome  la oportunidad de contar todas las cosas interesantes que han ido pasando durante esta última semana.
Como si los dioses se hubieran conjurado, la actualidad ha estado bullendo a mi alrededor estrepitosamente, causándome la natural inquietud por no poder ocupar mi sitio ante el papel, a pesar de la dolorosa indignación que me provocaban ciertos acontecimientos.
Querría destacar como suceso primordial, el cierre de la televisión valenciana, por orden del gobierno autonómico, tras conocerse la sentencia que obligaba a readmitir a la totalidad de los trabajadores despedidos por un ERE y que ha precipitado el consiguiente disgusto morrocotudo en los dirigentes del PP que gobiernan Valencia y que no han visto otra solución mejor que acabar con el Ente público autonómico, con argumentos cercanos al chantaje emocional, que ni han convencido a los trabajadores, ni a una ciudadanía realmente a favor de la continuidad de las emisiones, quizá por considerarlas como una seña de identidad, al emitirse en su propio idioma y formar parte de su lugar de residencia.
El Presidente de la Generalitat se ha atrevido a decir que prefiere cerrar una televisión con deudas millonarias, que tener que prescindir de colegios u hospitales, en un burdo intento de hacer pensar a los valencianos sobre cuáles son realmente unas prioridades que, en la realidad, ni tienen por qué mezclarse, ni forman parte de las mismas partidas de unos gastos que, por cierto, nadie asume haber hecho en el caso de la televisión y que, a la par, siguen recortándose como en todo el territorio nacional, también en Sanidad y en Educación.
A raíz de la decisión gubernamental, sin embargo, los trabajadores han seguido emitiendo y aprovechando la ausencia de vigilancia, han empleado estos pocos días en denunciar la terrible censura a que han sido sometidos durante veinte años, por parte de los dirigentes autonómicos del PP, contando que les obligaban a ocultar cualquier contenido que resultara desfavorable para los intereses de un partido, continuamente tocado por graves casos de corrupción en esa parte de España.
Inmediatamente contestados por toda la prensa declaradamente oficialista,  que les ha acusado directamente de una inexplicable cobardía, al no haber hecho nunca referencia a esta censura encubierta durante el tiempo en que han trabajado en el Ente, muchos de ellos han manifestado que a quienes se atrevían siquiera a sugerir la manipulación de contenidos, se  les relegaba inmediatamente a puestos de menos responsabilidad, impidiéndoles en cualquier caso ascender en la empresa, de lo que han dado fe varios afectados por tales medidas, como prueba evidente de la veracidad de estos hechos.
Al escándalo del cierre televisivo, se ha sumado además, la detención de una decena de dirigentes de la Caja del Mediterráneo, que habían estado preparando minuciosamente una huida colectiva al Caribe, tras una millonaria fuga de capitales, en gran parte provenientes de los ahorros invertidos en preferentes, que les aseguraba un brillante porvenir a todos ellos, lejos de las penurias de la crisis y forrados hasta los dientes, en aquellos destinos idílicos.
El juez Bermúdez se ha encargado de frustrar  tan “magníficos” planes y los ha puesto a todos exactamente donde tenían que estar, es decir, entre rejas, al menos mientras investiga el auténtico alcance de los hechos, con la idea de exigir responsabilidades a quienes corresponda, independientemente esperamos,  de su rango, su apellido o su oficio, como debiera ser siempre, cuando se trata de autores de delitos.
También siguen apareciendo pruebas de la implicación de la Infanta Cristina en las empresas de Urdangarín, por lo que la ciudadanía mantiene la ilusión de que el juez Castro pueda conseguir finalmente su imputación, a pesar de las terribles presiones que está sufriendo para que no sea así, incluyendo amenazas personales y otras muchas “lindezas”.
Entretanto, una serie de etarras implicados en multitud de crímenes, salen por las puertas de las prisiones españolas, en cumplimiento de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, o al menos eso se nos quiere hacer pensar, aunque algunos creamos que lo que está ocurriendo es que existe una negociación encubierta entre el gobierno y ETA, para conseguir el abandono final de las armas.
Así que como ven, los virus no solo han afectado esta semana a gente corriente como yo, sino que parecen haberse instalado a todo lo largo y ancho del País, enfermando indiscriminadamente a todos los ámbitos de la Sociedad con su nocividad, sin que de momento, se haya dado con un tratamiento eficaz que los destruya, ni con una vacuna prodigiosa que procure su erradicación para siempre, como a todos nos gustaría.
Y lo que es peor, con los recortes practicados en investigación, mucho nos tememos que al final, acaben convirtiéndose en pandemia, a la vista de lo que acontece a diario frente a nuestros atónitos ojos.


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